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Colaboradores contra machos alfa en la batalla por el sexo

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La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza
La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza

La reproducción sexual, es decir, la que implica a dos individuos debería desaparecer, según los criterios de la biología evolutiva darwinista. Comparada con la reproducción asexual en la que todos los individuos producen descendientes, la reproducción por apareamiento, en la que se producen machos que no contribuyen a la producción de las crías, sino que emplean buena parte de su energía en competir por las hembras, presenta una eficacia del 50 por ciento.

Aplicando la Teoría de la Evolución y teniendo en cuenta que la reproducción sexual es la mitad de eficiente que la asexual ¿cómo puede haberse mantenido?, ¿por qué, descendiendo de organismos unicelulares, la mayoría de los organismos vivos abandonó la reproducción asexual, más eficiente y menos costosa?

Esas dos preguntas han ocupado a la comunidad científica durante décadas. Graham Bell, biólogo y profesor de la Universidad McGill de Canadá, bautizó en 1982 la cuestión como “El rey de los problemas de la biología evolutiva”.

La repuesta es ofrecida por Juan Carranza, investigador de la Universidad de Córdoba, y Vicente Polo, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Un biólogo y un físico, respectivamente, que han propuesto la introducción de un tercer elemento para encontrar una explicación y en la que sugieren que los machos que cooperan con las hembras en la crianza han podido ser cruciales para que no haya desaparecido el sexo al inicio de su evolución.

Como si se tratase del juego de piedra, papel o tijera, Carranza y Polo han “jugado” con las variables genéticas de tres tipos de individuos: los sexuales competitivos (tipo costoso, según la terminología de Carranza y Polo), los asexuales –es decir, los dos tipos comparados durante décadas– y los sexuales no competitivos (tipo no costoso), aquellos individuos macho que colaboran en la crianza –basta pensar en las aves macho que ayuda a alimentar a sus polluelos–.

La conclusión es que los individuos sexuales de tipo no costoso pueden ser más productivos que los asexuales, si bien los de tipo costoso, empleados en competir por las hembras acaban por predominar en la población sexual, lo que permite a los eficaces asexuales invadir y corregir su presencia, dejando hueco a los de tipo no costoso y estableciendo así una dinámica en el que la piedra (tipo costoso) gana a la tijera (no costoso), ésta al papel (asexuales) y el papel a la piedra.

Juan Carranza explica que los machos que no ayudan a las hembras son especialistas en competir con otros machos para ganar hembras, de modo que pueden extender rápidamente su ADN, pero hacen a la población menos eficiente ya que no contribuyen en producir descendientes.

En esas circunstancias, la investigación sugiere que las hembras asexuales (partenogenéticas) al inicio de la evolución podrían haberse extendido mucho más que las sexuales. La asexualidad, la producción de clones, presenta limitaciones en un plazo medio que pueden ser mejoradas por el sexo.

Si el sexo llega en modo de machos que colaboran en la crianza de modo que las hembras pueden producir casi el doble de crías de las que producirían sin la ayuda de los machos, entonces ese modo de sexo puede ser más ventajoso que la asexualidad.

Una vez que predomina el sexo con machos colaboradores es muy probable que los machos más competitivos invadan la situación ya que ganarían fácilmente a los colaboradores, menos competitivos que ellos, volviendo a comenzar el ciclo. Para Carranza, “lo interesante es que en esta dinámica de ciclos el sexo no se extingue y aporta el tiempo evolutivo y las oportunidades para la aparición de linajes con reproducción sexual obligada como tantos existentes hoy día en la Tierra”.

El planteamiento de Carranza y Polo ha resultado absolutamente innovador y es el resultado de 20 años de trabajo desarrollado por Carranza en la Universidad de Extremadura, primero, y la Universidad de Córdoba, después, y de la colaboración entre dos disciplinas como la biología y las matemáticas.

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Comidas que incitan a la pasión

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De las propiedades terapéuticas del ajo se sabe todo, o casi todo, desde tiempo inmemorial
De las propiedades terapéuticas del ajo se sabe todo, o casi todo, desde tiempo inmemorial

El amor, la fecundidad y la energía primaveral son las tres condiciones que hacen de la griega Afrodita, la diosa del amor, la lujuria, el sexo y la belleza. Afrodisíaca es aquella sustancia que estimula o potencia el apetito sexual.

Desde tiempos memorables existen incontables recetas acerca de productos “milagrosos” que facilitaron la tarea del sexo para convertirlo en placer. Alimentos que, por sus propiedades y efectos en el cuerpo humano, se comercializan con la premisa de abrir esa apetencia.

Como la Venus romana (o la prehistórica Venus de Willendorf), Afrodita era la divinidad que encarnaba el amor, los colores y energía de la primavera, y la fertilidad. De este modo, el mito que traspasó la lingüística logró que entendiéramos como afrodisíacos aquellos productos, alimentos o sustancias que estimulan nuestro apetito sexual.

Principalmente, las propiedades y sus efectos en el cuerpo humano sirvieron como un remedio psicológico sano en gastronomías más que como un desinhibidor o impulsor de la capacidad sexual. No hay dote culinario que logre lo que la naturaleza no consigue. Aunque sí que facilitan la tarea, los beneficios medicinales que poseen algunas de las sustancias denominadas ‘afrodisiacas’.

La mitología culinaria es tan amplia como la astrología o el horóscopo. De esta manera, se pueden distinguir -por un lado- los alimentos que por su composición favorecen la tensión y el deseo previos al amor. Y por otro, aquellos que por su aparente exotismo sugieren propuestas creativas sobre la mesa. Combinaciones divertidas que se asemejan sospechosamente con los elementos del deseo carnal.

El ajo es uno de los alimentos más minimizados en la gastronomía mundial aunque en las últimas décadas se prestó especial atención a sus cuantiosos beneficios sobre el cuerpo humano. En la Grecia y Roma clásicas se le atribuían poderosas cualidades vigorizantes y, por ende, sexuales.

Originario de Asia, el ajo tiene cualidades de expectorante, antibiótico y antiséptico, además de revelarse como uno de los mejores amigos del corazón.

Es uno de los afrodisíacos por excelencia porque su consumo provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y esto genera que la sangre fluya mejor. En la práctica sexual, la erección del pene y el clítoris dependen de la circulación sanguínea.

De similar modo, el apio es una de las hortalizas que más favorecen la labor del aparato circulatorio por lo que siempre se indicó como remedio en platos afrodisíacos. Si bien no se aconseja su consumo en exceso, sazonar ensaladas con su gusto y utilizarlo en sopas de verduras (apio, puerro, calabaza, batata) es lo más habitual.

Al estudio de las distintas verduras y plantas en función del deseo sexual se le denomina fitoterapia y contempla aquellas que, gracias a sus componentes, funcionan como estimulantes cardíacos o cerebrales. Aquí es donde nace la raíz del apetito.

En algunos casos, se dice que esas verduras aumentan la producción de estrógenos (la hormona sexual femenina) para paliar los efectos de la menopausia y así obtener una mejor práctica sexual. El perejil puede ser un potente aromático que contrarreste el mal aliento del ajo, un diurético para eliminar exceso de líquidos y uno de los mejores condimentos para hacer una buena digestión.

Sin embargo y más allá de la materia prima milenaria, existen una serie de productos y alimentos que por su imaginería y simbolismo se encuentran en los platos afrodisíacos más exquisitos.

Este es el caso de algunos mariscos como las ostras, almejas, mejillones y demás bivalvos que, por su parecido carnoso con los genitales femeninos, despiertan la imaginación del comensal. Algo así ocurría entre los chinos con respecto al aspecto sensual de los melocotones y sus jugos.

Del mismo modo, crustáceos del tipo del buey de mar, la centolla, el bogavante o la langosta no sólo se asociaron con el poderío económico sino que las actividades de morder, chupar y comerlos tuvieron una amplia significación erótica llevada hasta el fetichismo en nuestra sociedad contemporánea. Aunque el afrodisíaco rey sigue siendo el caviar.

El chocolate, las fresas, la canela o las almendras tienen su propia iconografía en el ámbito del erotismo. Uno de los postres más románticos y celebrados es el de las fresas con nata. La mixtura de colores intensos conjuga la estética afrodisíaca aunque sean las fresas con chocolate las consideradas como estimulantes de primera clase.

El chocolate revitaliza el sistema nervioso central ya que contiene una sustancia denominada teobromina que actúa como estimulante (el chocolate negro lo contiene diez veces más que el chocolate de leche común) mejorando la respiración y mejorando la circulación sanguínea. La canela tiene una larga tradición repostera como afrodisíaco que combina esta corteza desecada –en rama o polvo- con postres lácteos o pastelería.

En cuanto a las almendras, sus referencias en la literatura árabe clásica son numerosas pero más sorprendente es el uso de su aceite que, mezclado con la afrodisíaca jalea, era utilizado por Cleopatra en sus baños.

Con esta solución rejuvenecía su aspecto y conseguía cautivar a Julio César y posteriormente, a Marco Antonio. Un tipo de uso, de aplicación directa sobre la piel, muy distinto a los citados.

El placer no tiene forma

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Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar
Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar

El cerebro es la zona erógena por excelencia, pero no la única. El cuerpo humano pone a nuestra disposición un conjunto de enclaves altamente receptivos al placer en los que, con frecuencia, no reparamos.

Un hecho que el barómetro “Los jóvenes españoles y el sexo” de Control pone de manifiesto. Según este estudio, en el que participaron jóvenes de entre 18 y 35 años, “el 64% reconoce no tener ni idea o tener mucho camino por descubrir” en lo que a zonas erógenas se refiere.

Para remediar estas lagunas en el terreno sexual, la empresa de preservativos y la psicóloga y sexóloga Nayara Malnero han diseñado este mapa que identifica las áreas más sensibles de hombres y mujeres.

A la hora de identificar estas áreas, el estudio apunta que el 80% de los encuestados se decanta por los genitales, seguidos del cuello (73%) y el pecho, especialmente en el cuerpo femenino.

Mientras que otros puntos altamente sensibles figuran como “desconocidos”, entre ellos, el cuero cabelludo, las piernas y las manos, que solo fueron consideradas como zona erógena por el 8% de los entrevistados.

La sexóloga sostiene que este desconocimiento se debe a la falta de educación sexual y al hecho de que la sociedad actual está centrada en el coito y la genitalidad. Asimismo, “la mayoría de los jóvenes no dedica tiempo a explorar su cuerpos de otra manera o a tener relaciones sexuales que no lleven al orgasmo inmediato”, afirma Malnero.

El elemento clave: la comunicación

Este estudio refleja la dificultad para identificar los puntos sensibles entre los más jóvenes pero “me atrevería a decir que en los no tan jóvenes” también se da, apunta. Según los resultados del barómetro, solo un 18% de los encuestados afirmó conocer “perfectamente” las zonas erógenas de su pareja, mientras que el 82% restante afirmó tener dudas.

La especialista sostiene que a menudo se comete “el error fatal” de pensar que si mi pareja me quiere, “sabe lo que me gusta y lo que tiene que hacer, sin nosotros pedir”. Malnero atribuye esta actitud a un extendido mito del amor romántico que nada tiene de real. Cuando se trata de dar placer hay que tener en cuenta que:

No existe una fórmula que funcione con todo el mundo. No obstante, “si nos acercamos a zonas de mayor sensibilidad como los genitales”, es menos habitual que a alguien no le guste, explica.

Del mismo modo, las formas de estimulación que nos hacen disfrutar varían, “cada persona es un mundo y eso es lo que hay que descubrir”.

Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar.

Malnero advierte que este mapa se presenta como una guía para estimular y conocer las zonas erógenas pero puede no coincida con las preferencias de algunas personas, matiza la sexóloga, quien hace hincapié en que “lo importante es la comunicación, el saber pedir y preguntar, y conocerse a uno mismo”.

La masturbación juega un papel importante en este sentido, “si tú no sabes cómo te gusta ser estimulado es muy fácil querer cumplir los cánones”, concluye.

Moscas, orgasmos y alcohol

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Moscas, en plena demostración de afecto
Moscas, en plena demostración de afecto

Los humanos y las moscas tenemos en común rasgos sorprendentes. Ya se sabía que la Drosophila o mosca de la fruta ‘ahoga sus penas’ en alcohol cuando se ve privada de sexo. Ahora, un estudio internacional ha demostrado que también compartimos con estos insectos el placer de la eyaculación.

La importancia del hallazgo, publicado en Current Biology, radica en que todavía no se conocía qué parte del apareamiento es gratificante para las moscas. Algunas opciones eran la etapa de cortejo, las feromonas de la hembra o la liberación de esperma.

“Hemos demostrado que las moscas macho disfrutan el último paso de la cópula –la liberación de esperma y líquido seminal– al que sigue el aumento del nivel del neuropéptido F (NPF). Este incremento sucede incluso ante la ausencia de una hembra y puede prevenir que el macho busque el placer en sustitutivos como el alcohol”, explica a Sinc la investigadora Shir Zer-Krispil, de la universidad de Bar-Illan (Israel).

Para explorar el sistema de recompensas en el cerebro asociadas con la eyaculación, los científicos utilizaron herramientas optogenéticas que permiten controlar la actividad de las neuronas utilizando luz con una longitud de onda adecuada.

Con luz roja, los investigadores pudieron activar las neuronas que manifiestan el neuropéptido llamado corazonin (CRZ). Según estudios anteriores, este pequeño péptido controla el ganglio abdominal en los machos, que es responsable de la liberación de esperma.

Aunque en el estudio también se utilizaron moscas hembra, las neuronas CRZ solo intervienen en la eyaculación del macho. Se necesitan nuevos estudios para conocer el sistema de recompensas femenino y las neuronas que intervienen en él.

Una de las pruebas de la investigación consistió en colocar moscas macho en un escenario con un extremo iluminado por luz roja y el otro extremo en oscuridad para observar sus preferencias. Los insectos se inclinaron por la luz roja, que activaba las neuronas CRZ relacionadas con la expulsión del esperma. Esto demuestra que la eyaculación por sí misma es una experiencia placentera.

En otra de las pruebas se entrenó a las moscas para asociar la luz roja con un aroma concreto. Cuando se presentaban a las moscas dos aromas distintos, elegían aquel que les recordaba a la luz roja y su experiencia pasada de eyaculación.

Tras varios días de activación repetida de las neuronas CRZ, los machos vírgenes tenían altos niveles del NPF, similar al nivel de los machos que se aparean. Cuando a estos machos se les daba a elegir entre líquidos con y sin alcohol, preferían los no alcohólicos. Por contraste, las moscas no expuestas a la luz roja preferían el líquido con alcohol.

Los principios mediante los que la mente procesa las recompensas se conservan hasta el extremo en todos los animales. Son la maquinaria básica que ayuda a los animales a sobrevivir”, afirma Galit Shohat-Ophir, investigadora líder del estudio en la universidad de Bar-Illan.

La adicción a las drogas

“La mente procesa las recompensas naturales del mismo modo que las inducidas por las drogas de abuso”, explica Shohat-Ophir. “Esto permite utilizar organismos simples para estudiar la relación entre las recompensas naturales y las proporcionadas por las drogas, así como los mecanismos que hay detrás de la drogadicción”, añade.

Los científicos investigan ahora cómo llega al cerebro la información sobre la eyaculación para saber más sobre los riesgos de desarrollar una adicción.

Cómo reinventar las ‘sexperiencias’

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Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama
Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama

“La inapetencia sexual se define como el bajo nivel de interés sexual, que se manifiesta en la dificultad para iniciar o responder al deseo de actividad sexual en la pareja”, explica la psicóloga de adultos Nira Pérez, del centro Isep Clínic, en España.

Según Pérez, “es común la idea de que no existe solución o que el deseo ya volverá, dejando pasar los días sin que la situación mejore, pero dejar pasar el tiempo u ocultar el problema puede dar lugar a costumbres que provoquen la desaparición total de las relaciones sexuales”.

“El primer paso, una vez detectada esa falta de deseo, es descartar una causa orgánica; es conveniente consultar un médico, aunque la mayoría de las veces se trata de causas psicológicas, por lo que la terapia sexual o de pareja resulta ser lo más efectivo en estos casos”, añade.

A veces, más que haber poco interés sexual, simplemente puede existir una discrepancia en los niveles de interés sexual entre los dos miembros de la pareja: “Una de las partes puede creer que presenta un bajo deseo cuando, en realidad, puede suceder que su pareja tenga un deseo sexual aumentado”, sostiene la psicóloga española.

Aunque hay ocasiones en las que es necesario recibir psicoterapia para solventar problemas relacionados con la autoestima, alguna experiencia sexual traumática, problemas de la imagen corporal u otras dificultades que puedan estar influyendo. La psicóloga Pérez da 10 claves para “recuperar las ganas”.

1. Reserve tiempo para la intimidad no sexual

“El éxito de una relación requiere tiempo, energía, cuidados y atención, y una de las causas de fracaso en pareja es el poco tiempo que pasan juntos, lo que puede crear dificultad para el diálogo o la resolución de problemas”, señala Pérez.

Por ello “es conveniente tener alguna cita con la pareja fuera de casa y buscar media hora diaria para dialogar a solas de algún tema que preocupe, si lo hubiera, o para contarse lo del día”, señala, advirtiendo que “la falta de comunicación se puede convertir en falta de intimidad”.

2. Redirija su atención hacia lo sexual

Para Pérez, “el ritmo del día a día deja poco espacio para la sexualidad”, por lo que recomienda a cada uno de los miembros de la pareja que “traten de escuchar sus deseos y busquen cinco minutos al día para pensar y fantasear con posibles encuentros sexuales”.

3. Pensamientos eróticos

“Es probable que en algunos momentos del día asalten nuestra mente pensamientos eróticos fuera del contexto del encuentro sexual en la pareja”, explica Pérez. “En vez de evitarlos, trate de prestarles atención para rescatarlos luego, compartirlos con su pareja”, sugiere.

Un libro, una película o cualquier estímulo que se aleje de lo rutinario es útil como apoyo o de los pensamientos eróticos

4. Sensaciones de excitación

Según Pérez, nuestro cuerpo “responde a la excitación sexual desde antes de llegar al orgasmo, por lo que hay que ‘hacerle caso’ y disfrutar de esas sensaciones que preceden al clímax, tratando de buscarlas en diferentes situaciones, aunque no sea posible llevar a cabo una relación sexual completa”

5. Esté pendiente de caricias que estimulen los sentidos

“Es frecuente que las relaciones sexuales se vuelvan rutinarias, enfocadas a la penetración, olvidando las caricias y estimulos que pueden producirse fuera de este momento concreto”, explica la psicóloga. Para remediar esta situación, dedique tiempo a las caricias que precedan al acto sexual, “orientando a nuestra pareja sobre las que nos agradan”.

6. Potencie la fantasía

“Un libro, una película o cualquier estímulo que se aleje de lo rutinario es útil como apoyo o de los pensamientos eróticos que sirvan como base para practicarlos posteriormente”, señala Pérez, y recomienda hablar con nuestra pareja sobre estas fantasía y nuestro deseo de llevarlas a cabo en conjunto.

7. Juegos de seducción

“Jugar en pareja es una manera de reavivar la pasión”, y “tener una cita con la pareja como si no se conocieran de nada y hablar de sus gustos sexuales, simulando que es la primera vez que intercambian esta información” es una buena manera de ‘volver a conocerse’, sugiere.

“Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama”, dice la psicóloga.

8. Relajación para reducir estrés y ansiedad

Pérez aconseja crear un ambiente relajado con luz tenue, velas, temperatura agradable y música relajante de fondo, masajear el cuerpo de nuestra pareja y viceversa, de manera suave, con el fin de disfrutar de un estado agradable, sin que el único objetivo de estas prácticas sea la excitación sexual.

“Jueguen a relajar su cuerpo por grupos musculares, comentando las sensaciones de relajación que se van produciendo y siendo conscientes de la respiración, para conseguir un control de los estados de ansiedad”, recomienda Pérez.

9. Conozca los deseos

“Con el transcurso de la relación no dedicamos tiempo a pensar en nuestros nuevos deseos, y menos aún en observar los de la pareja”, asegura. “Los deseos sexuales cambian y evolucionan con el tiempo, por ello deberíamos ‘actualizar’ nuestros deseos con el otro miembro de la pareja cada cierto tiempo, para así seguir complaciéndonos mutuamente”.

10. Discrepancias sexuales

“Si hay discordancias en el nivel de deseo, es clave asegurarse de que el problema en el terreno sexual es un inconveniente aislado y no es la consecuencia de una mala relación de pareja”, señala Nira Pérez. “Para resolver diferencias, ambos deben adquirir un compromiso para mejorar su calidad de pareja de manera integral y no sexualmente en particular”.

“No siempre el que tiene menor deseo es el que tiene el problema, pues existen múltiples factores, como el estrés laboral, los problemas económicos, los trastornos de salud o una mala relación de pareja, que pueden justificar ese descenso de deseo sin que haya que convertirlo en algo ‘patológico’ ”, explica..

El chip del sexo

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Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual
Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual

El doctor en Nanotecnología, ingeniero en Electrónica y experto en Computación, Sergi Santos, que ha sido el primero en poner inteligencia artificial a una muñeca sexual realista que ha creado controversia, defiende que su innovación “no deshumaniza a las mujeres”.

A Santos le apasiona el humanismo, la psicología y la ciencia, y comenta que siempre le había interesado “hacer un cerebro”, pero para conseguirlo necesitaba un cuerpo y lo halló en las muñecas sexuales realistas fabricadas en China.

“El mercado del sexo mueve mucho dinero y encontré que estas muñecas tenían un cuerpo perfecto, en el que hay arte y tecnología”, explica.

Incorporó un aparato con algoritmos de inteligencia artificial en una de ellas, un prototipo al que ha bautizado como Samantha, una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual; y le instaló unos sensores para que “sea inteligente y sepa responder a cómo la estás tratando”.

La empresa creada por Santos sólo vende muñecas femeninas, pero Santos afirma que es debido a su peso: “tenemos que desarrollar la tecnología un poco más para que el peso sea tratable”, aunque “hacer hombres no es problema”.

El nanotecnólogo añade que está convencido de que a las mujeres les encantaría tener uno, “aunque quizás no lo admitan. Mi madre misma me preguntó por qué no le construía un Brad Pitt”.

Santos explica que no quiere que la gente “se avergüence de tener una muñeca sexual que hable, entienda y sienta”, que su creación “no es solo sexual” y que mientras se interactúa con ella en modo familiar “nunca dirá nada grosero”.

“Antes, la gente compraba muñecas pero se escondía porque eran solo para practicar sexo, y tú veías una persona con una muñeca y podrías pensar que era un desquiciado mental. Espero que a partir de ahora la gente vea que no es eso”, confía.

El científico recomienda que con Samantha, que se puede comprar por entre 1.500 y 8.000 euros, según cómo se personalice, “tienes que hacer lo que harías con una mujer normal: se va excitando y llega al punto sexual y orgásmico”.

Pero por mucho que Samantha, a la que se le puede incorporar calefacción, simule una mujer, no deja de ser una muñeca, y el sexo con muñecas o robots ha suscitado algunas críticas sociales, aunque el inventor prefiere hablar de que ha hecho “algo disruptivo”.

Una de las críticas es que el uso de un robot puede contribuir a aumentar la explotación a las personas, pero Santos defiende que “si tú eres agresivo y tratas mal a objetos y a la gente, a Samantha la tratarás igual, depende de cómo sea el individuo”.

“No creo que esté abusando de Samantha, yo creo que estamos interactuando”, subraya el científico.

Existe una ‘Campaña en Contra de los Robots Sexuales’ que afirma que las muñecas sexuales deshumanizan a las mujeres y las convierte en meros objetos porque se establece una relación que únicamente reconoce los deseos y necesidades de una persona.

Sin embargo, el científico opina lo contrario, porque “una muñeca se puede fabricar a la carta y una vez puedas poseer el cuerpo que quieras, la gente prestará más atención a la personalidad de las mujeres porque el cuerpo va a ser algo accesible, y la mujer real ya no será un cuerpo sino una persona”.

Por ese motivo, Santos está convencido de que no ha hecho nada reprochable y señala que “desde hace años ha habido sexo, incluso con animales. Yo no soy un agresor sexual ni nada raro, soy una persona normal con una sexualidad normal, pero los humanos tenemos esta necesidad y satisfacerla con una muñeca está bien”.

El investigador está convencido que en el futuro Samantha va a evolucionar y se convertirá en un “asistente robot”, que puede recordarte cosas cotidianas o ayudarte si has perdido las llaves, aunque él se ha centrado en aplicar la inteligencia artificial en una muñeca sexual porque se puede hacer “por unos miles de euros”.

Tras su creación, Santos, que es ingeniero en Electrónica por la UPC y doctor en Nanotecnología por la Universidad de Leeds (Reino Unido), afirma que otras empresas “verán que hay interés por parte de la gente e implementarán más capacidades a la muñeca”.

“Espero haber contribuido a hacer un pequeño paso histórico para que el ser humano empiece a pensar que no es único en el mundo, que todos tenemos lugar en el universo y que no hay ningún problema en compartir tu sexualidad con un hombre, una mujer, tu mano o una muñeca”, concluye el ingeniero.

Arañas en el frenesí del coito caníbal

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Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito
Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito

Los machos de araña de espalda roja, una especie venenosa cuyas hembras devoran al macho durante el coito, han desarrollado una estrategia de reproducción en la que se aparean con hembras inmaduras para evitar su fatal destino. Un estudio demuestra ahora que este comportamiento también beneficia a las hembras

Las hembras de araña de espalda roja (Latrodectus hasselti), de mayor tamaño que los machos, practican canibalismo sexual y durante el apareamiento devoran al macho. Pero estos han desarrollado una estrategia para salvarse: buscan a hembras inmaduras y poco experimentadas.

Hasta ahora los científicos no sabían si esta táctica suponía un coste para las jóvenes hembras y si los machos –que se esfuerzan poco en el cortejo con esta acción– en realidad ejercían algún tipo de chantaje o coerción en ellas. Según las observaciones, estas parecían mostrar poco interés en el intercambio porque se lesionaban con más frecuencia e incluso intentaban atacar a los machos como si se resistieran.

Sin embargo, un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Toronto (Canadá), revela ahora que esta estrategia es también beneficiosa para las hembras. “No hay evidencias que sugieran que este comportamiento sea abusivo para las hembras en términos de supervivencia y rendimiento reproductivo”, señala Luciana Baruffaldi, investigadora en la universidad canadiense.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, muestra que las hembras jóvenes que se aparean de esta manera no tienen que buscar a otros compañeros en el futuro. “Esta reproducción temprana puede ser bueno para las hembras porque en la naturaleza corren el riesgo de no encontrar pareja”, subraya Baruffaldi.

La ‘aberrante’ estrategia que beneficia a la especie

El canibalismo se produce incluso mientras tiene lugar el apareamiento entre el macho y la hembra. De hecho, se ha constatado que los machos ayudan activamente a la hembra a ser devorados dando volteretas y colocando su abdomen sobre la boca de esta. Pero esta forma extrema de reproducción tiene sus ventajas.

“Cuando se estudia la ecología evolutiva, tendemos a atribuir las características o los juicios humanos al comportamiento animal que se observa”, dice Maydianne Andrade, coautora del trabajo y experta mundial sobre hábitos de apareamiento de las arañas caníbales.

Sin embargo, realmente lo que hay que pensar es cómo afecta al éxito reproductivo del animal que lo realiza. “Esa es la moneda de cambio evolutiva: lo que se está reproduciendo con el tiempo es la cantidad de copias de genes que quedan en la descendencia”, añade la científica. Esto permitirá que los hijos mantengan los rasgos de sus padres.