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La letra, con cine entra

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Escena de Los 400 golpes", de Truffaut
Escena de Los 400 golpes”, de Truffaut

El escritor canadiense David Gilmour propone una nueva educación sentimental a través del cine en el libro “Cineclub”, que cuenta la historia real y conmovedora de un padre que intenta acercarse a su hijo adolescente.

Gilmour admite que “Cineclub” (Mondadori en castellano, Empuries en catalán) puede constituir “un manual o guía de cómo tratar a adolescentes”, pero en realidad el mensaje que pretende transmitir el libro es que “es importante que cualquier chico pase tiempo con su padre”.

La mayoría de problemas que hay en Norteamérica con los chicos adolescentes, añade el autor, suceden por ser “jóvenes que no tienen en sus vidas la figura del padre”.

El punto de partida de la experiencia fueron las malas notas de su hijo Jesse, incapaz de acabar la secundaria y que comenzó a ausentarse del instituto.

Fue entonces cuando Gilmour planteó la disyuntiva a su hijo. “Podrás abandonar el instituto, no tienes que trabajar, no tienes que pagar alquiler, puedes dormir hasta las cinco todos los días y nada de drogas”, y lo único que le exigió fue ver juntos tres películas a la semana, elegidas por el padre.

“Es la única educación que vas a recibir”, le dijo Gilmour, quien mantuvo esta estratagema durante tres años, entre los 16 y los 19 años de Jesse.

En esos tres años vieron juntos filmes esenciales como “Los 400 golpes”, “La dolce vita”, “Desayuno con diamantes”, “El padrino”, “Annie Hall”, “Psicosis” o “Un tranvía llamado deseo” y otros menos relevantes pero interesantes para la conversación como “Alerta máxima”, “Showgirls” o “Corrupción en Miami”.

Sobre la validez de esta ‘educación cinematográfica’, Gilmour cree que “no es seguro que la gente podamos aprender algo del arte, pues aprendemos sobre la vida desde la vida misma, pero en nuestro caso las películas, el cine, nos sirvió para estar juntos y a partir de ahí entablar una conversación”.

Al respecto, “Cineclub” es “una biografía de la relación entre un padre y su hijo y, en definitiva, una carta de amor de un padre a un hijo”, algo poco habitual, porque normalmente los hombres “suelen escribir sobre lo mucho que se enamoran y aman a las mujeres, sobre el deporte que les gusta practicar, pero rara vez escriben sobre lo que quieren a sus hijos”.

Gilmour aclara que durante los tres años que duró el ‘experimento’ “jamás se me había pasado por la cabeza escribir un libro y, de hecho, fue Jesse quien me dio la idea”.

Consciente de que “Cineclub” ofrece sólo una visión de aquellos tres años de convivencia mutua con el séptimo arte, Gilmour aclara que “si mi hijo hace algo, no será un libro, sino una película, pues ahora está estudiando en la Escuela de Arte Dramático y ya ha escrito un guión, del que saldrá en su caso una historia radicalmente distinta, porque la experiencia vital de nuestros hijos es diferente de lo que nosotros nos imaginamos que es”.

Cree el escritor canadiense que “criar a los hijos es concatenar una serie de adioses: adiós a los pañales, a la niñez y finalmente a la casa”, pero como le ha recordado el cineasta canadiense David Cronenberg, “los hijos suelen volver”.

Aunque es cierto que vuelven, como ahora le ha pasado con Jesse después de estar un tiempo en Vietnam, “ya no es un retorno como hijos, sino como invitados”, aclara.

Gilmour, que fue crítico de cine durante quince años y llegó a dirigir el Festival de Cine de Toronto, trató de “sacar a Jesse del aburrimiento y del fracaso escolar y proporcionarle una experiencia placentera a través del cine, que era lo único que le gustaba, porque detestaba los libros y el teatro, y si había alguna rendija para introducir algún elemento educativo siempre lo aprovechaba”.

A Jesse, que acompañó a su padre en la promoción de “Cineclub” por EEUU, no acabó de agradarle el libro: “Es como un álbum con 250 fotos de mi hijo y evidentemente no todas las fotos le gustan, y por eso sólo lo ha leído una vez y, en cambio, mis novelas las lee una y otra vez”.

Por un sentimiento de culpa, para complacerle, Gilmour cedió a su hijo el 25% de los derechos generados por “Cineclub” y “cuando ha visto que se ha convertido en superventas en todos los sitios está más contento”.

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El teatrillo de los recuerdos

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Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales
Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales

Investigadores británicos han realizado una de las encuestas más grandes sobre los primeros recuerdos de las personas, y han descubierto que casi el 40 por ciento de las personas tenía un primer recuerdo de su vida que es ficticio.

La investigación actual indica que los recuerdos más antiguos de las personas datan de alrededor de los tres o los tres años y medio de edad. Sin embargo, el estudio de investigadores de la City University de Londres, la Universidad de Bradford y la Universidad de Nottingham Trent, publicado en la revista ‘Psychological Science’, encontró que el 38,6 por ciento de una encuesta de 6.641 personas afirmó tener recuerdos de dos años o menos, con 893 personas que reclaman recuerdos de un año o incluso menores. Esto fue particularmente frecuente entre adultos de mediana edad y adultos mayores.

Para investigar los primeros recuerdos de las personas, los científicos pidieron a los participantes que detallaran su primer recuerdo junto con su edad en ese momento. En particular, se les dijo a los participantes que la memoria en sí tenía que ser una que estaban seguros de recordar. No debe basarse en, por ejemplo, una fotografía familiar, una historia familiar o cualquier fuente que no sea la experiencia directa.

A partir de estas descripciones, los investigadores examinaron el contenido, el lenguaje, la naturaleza y los detalles de las descripciones de memoria más antiguas de los encuestados, y de ellas se evaluaron las posibles razones por las cuales las personas reclaman recuerdos de una edad que la investigación indica que no se pueden formar.

Como muchos de estos recuerdos datan de antes de la edad de dos años o menos, los autores sugieren que estos recuerdos ficticios se basan en fragmentos recordados de experiencias tempranas, como un cochecito, relaciones familiares y sentimientos tristes, y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, o que puede haberse derivado de fotografías o conversaciones familiares.

Como resultado, lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales.

Con el tiempo, tales representaciones mentales se vuelven experienciales cuando vienen a la mente y, por lo tanto, para el individuo, simplemente son “recuerdos” con contenido fuertemente vinculado a un tiempo particular.

En particular, los recuerdos ficticios muy tempranos fueron vistos como más comunes en adultos de mediana edad y adultos mayores, y aproximadamente cuatro de cada diez de este grupo tienen recuerdos ficticios para la infancia.

La doctora Shazia Akhtar, primera autora y asociada principal de investigación de la Universidad de Bradford señala: “Sugerimos que lo que un recordador tiene en mente cuando recuerda recuerdos de ficción improbablemente tempranos es una representación mental similar a la memoria episódica que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia o niñez”.

En este sentido, añade que “se pueden inferir o agregar otros detalles de manera no consciente, por ejemplo, que uno llevaba pañal al estar de pie en la cuna. Tales representaciones mentales de memoria episódica llegan, con el tiempo, a ser recolectivamente experimentadas cuando vienen a la mente y así para el individuo, simplemente son ‘recuerdos’ que apuntan particularmente a la infancia”.

Por su parte, el profesor Martin Conway, director del Centro para la Memoria y el Derecho en City, University of London y coautor del trabajo, explica que en su estudio que pidieron a los participantes que rememorasen el primer recuerdo que realmente recordasen, cerciorándose de que no estaba relacionado con una historia familiar o una fotografía.

“Cuando miramos las respuestas de los participantes, encontramos que una gran cantidad de estos primeros ‘recuerdos’ se relacionaban frecuentemente con la infancia, y un ejemplo típico sería un recuerdo basado en un cochecito — explica–. Para esta persona, este tipo de memoria podría haber resultado de alguien que dijera algo como ‘mi madre tenía un gran cochecito verde’. Entonces la persona imagina cómo se vería. Con el tiempo, estos fragmentos se convierten en un ‘recuerdo'”.

No obstante, precisa que la persona que los recuerda no es consciente de que se trata de un ‘recuerdo’ falso o ficticio. “De hecho, cuando a las personas se les dice que sus recuerdos son falsos, a menudo no lo creen –añade–. Esto en parte debido al hecho de que los sistemas que nos permiten recordar cosas son muy complejos, y no es hasta que tenemos cinco o seis años que formamos recuerdos parecidos a los adultos debido a la forma en que se desarrolla el cerebro y debido a nuestra creciente comprensión del mundo “.

Deslizamientos psicológicos del placer

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Según distintos estudios, ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada, aunque ellos tienen fantasías con más frecuencia que ellas
Según distintos estudios, ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada, aunque ellos tienen fantasías con más frecuencia que ellas

“Disfruto de ver películas porno” o “Me gustan los encuentros sexuales salvajes y desinhibidos” son algunas de las cuestiones sobre las que los participantes de la última encuesta realizada por el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada tendrán que mostrar su conformidad y nivel de aceptación. Se trata de un cuestionario sobre la sexualidad en el ámbito de las relaciones de pareja compuesta por 55 preguntas que tratan aspectos tan variopintos como la capacidad de excitación en situaciones concretas, las sensaciones vividas durante las masturbaciones y las relaciones en pareja o la frecuencia con la que se asiste a actos religiosos.

Cualquiera que lo desee puede rellenar las cuestiones presentadas en la investigación con tan solo entrar en el enlace propuesto por la universidad (ver un poco más abajo). La única petición que desde la institución educativa se hace es que se responda de forma honesta y sincera para conseguir unas conclusiones eficaces. Así, quien desee participar en el proyecto solo debe entrar en dicho enlace y responder a una simple pregunta sobre matemáticas. Tras esto, solo quedará que el encuestado medite sobre sus relaciones sexuales tanto en solitario como en pareja y se desprenda de los prejuicios que podrían falsear sus respuestas.

En un primer momento, el usuario debe rellenar cuestiones relacionadas con su edad, sexo, su estado sentimental y si en la actualidad tiene actividad sexual. Asimismo, se pide que el encuestado indique su orientación sexual, pudiendo elegir entre una amplia variedad de elecciones que incluyen, entre otros, exclusivamente heterosexual, exclusivamente homosexual, asexual, predominantemente heterosexual con contactos homosexuales esporádicos, predominantemente homosexual con contactos heterosexuales más que esporádicos, bisexual, etc.

Entre las cuestiones que debe rellenar los participantes se pide que recuerde “lo mejor posible” el orgasmos que más recientemente ha experimentado durante la masturbación en solitario y elija entre palabras como gozoso, desbordante o palpitante dicha experiencia. De igual modo, se presenta distintas situaciones sexuales y se pregunta si está de acuerdo con las mismas y las ha experimentado, como que “cuando un desconocido sexualmente atractivo me toca accidentalmente, me excito con facilidad” o “cuando veo a otros teniendo contactos sexuales, me dan ganas de tener sexo”.

“Le indico a mi pareja que me toque los genitales cuando así lo deseo”, “Me apetece explorar mi sexualidad” son otras de las afirmaciones que deben valorar los participantes y elegir su nivel de conformidad al respecto. Son 55 cuestiones que únicamente quitará al interlocutor unos 15 minutos de su tiempo pero que ayudarán a la Universidad de Granada a descubrir con mayor claridad las relaciones sexuales actuales.

Estudios previos

Poco antes, otro estudio de la Universidad de Granada ha demostrado que no existen diferencias significativas entre las fantasías sexuales que experimentan habitualmente los hombres y las mujeres, ya que ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada. Además, los hombres tienen más fantasías sexuales (positivas y negativas) que las mujeres, lo que confirmaría, a juicio de los investigadores, la vieja creencia de “ellos piensan más en el sexo que ellas”.

Para llevar a cabo esta investigación, sus autores trabajaron con una muestra formada por 2.250 españoles (49,6% hombres y 50,4% mujeres), con edades comprendidas entre 18 y 73 años y que mantenían una relación de pareja heterosexual de al menos 6 meses. Los científicos obtuvieron la información a través de una encuesta recogida de modo incidental, para lo que contaron con la participación de institutos provinciales de educación permanente de varias ciudades andaluzas, centros de educación de adultos, talleres de empleo, la Biblioteca Pública Municipal de Granada y varias facultades de la Universidad de Granada y la Complutense de Madrid.

Los resultados obtenidos indican que casi el 100% de hombres y mujeres ha experimentado alguna fantasía sexual de modo placentero y agradable a lo largo de su vida, y en torno el 80% de la muestra encuestada informa haber experimentado, al menos, una fantasía sexual de forma negativa o desagradable en algún momento.

Sin embargo, existen diferencias cuando se compara la frecuencia con que se tienen determinadas fantasías en ambos sexos. En concreto, los científicos observaron que las mujeres experimentan de modo agradable, con mayor frecuencia que los hombres, fantasías de tipo íntimo y romántico. Sin embargo, los hombres piensan con mayor frecuencia que ellas en actividades exploratorias, relacionadas con sexo en grupo o búsqueda de nuevas sensaciones, como “ser promiscuo”, “intercambio de parejas” o “participar en una orgía”. La frecuencia de esta fantasía va desde “alguna vez en la vida” a “alguna vez al año”.

Las fantasías sexuales que son experimentadas de un modo más desagradable o no placentero son las relacionadas con temas de sumisión sexual. En concreto, se encuentra que las mujeres piensan, de modo más frecuente que los hombres, en “ser presionada a mantener relaciones sexuales”. Los hombres, sin embargo, tienen el pensamiento de participar en actividades homosexuales con una connotación negativa de modo más frecuente que las mujeres.

Los autores de este trabajo son los investigadores Nieves Moyano Muñoz y Juan Carlos Sierra Freire, del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, quienes han realizado el primer trabajo que aborda la evaluación de las fantasías sexuales como pensamientos positivos y negativos en España. Los resultados se publicarán en otoño en la revista Anales de Psicología.

Los investigadores de la UGR advierten que tener fantasías sexuales “favorece aspectos como el deseo o la excitación sexual, por lo que son un indicador de salud sexual”. En el marco de la terapia, creen que es necesario tener en cuenta, además de la presencia o ausencia de las fantasías, la actitud que presenta el paciente hacia estas.

Los investigadores pretenden estudiar si vivir las fantasías sexuales de un modo negativo o desagradable resulta disfuncional para el pleno desarrollo de determinadas conductas sexuales. Para ello, solicitan la colaboración de personas adultas mayores de 18 años que mantengan una relación de pareja de al menos 6 meses. Para participar, solo hay que contestar a una serie de preguntas en las que se garantiza anonimato y la máxima confidencialidad.

Dorothy Parker y el pozo de la irreverencia

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Parker se casó, se divorció y se volvió a casar con su esposo Alan Campbell en un toma y daca que duraría hasta su muerte
Parker se casó, se divorció y se volvió a casar con su esposo Alan Campbell en un toma y daca que duraría hasta su muerte

“Mi vida es como una galería de arte/con pasillos estrechos por los que los espectadores pueden caminar”. Este verso pertenece a uno de los poemas de Dorothy Parker, la maestra cáustica del relato, los reportajes o la crítica literaria, que han sido reunidos en un libro en español.

Unos poemas “perdidos” que la editorial Nórdica, que está recuperando la obra de esta escritora moderna, irónica, mordaz y libertaria que supo recoger como nadie el espíritu neoyorquino de los años veinte del pasado siglo en Nueva York, ha publicado en un libro con la introducción de Stuart Y. Silverstein y traducción de Guillermo López Gallego y Cecilia Ross.

En los primeros años de su carrera, Dorothy Parker (West End, New Jersey, 1893 – Nueva York, 1967) escribió más de trescientos poemas para periódicos y revistas como Vogue, Vanity Fair o The New Yorker, pero fue en 1996 cuando Stuart Y. Silverstein recopiló estos 122 poemas “perdidos” que pueden verse ahora en esta edición.

No obstante, este volumen en castellano está basado en la segunda edición del libro en Estados Unidos, de 2009, matiza Diego Moreno, director de Nórdicas.

En edición bilingüe, el libro es un paseo de la mano de Parker por la vida y las relaciones de la autora en todas sus dimensiones, y no está escrito desde de la metafísica, la revelación o la trascendencia, sino con la ironía, la exageración o la aparente frivolidad en la que se resguarda el dolor y la fragilidad.

Y todo ello en medio de la sociedad de los años veinte, en un Nueva York loco y divertido que precedió a la Gran Depresión.

Unos poemas cuya materia prima suele ser la propia Dorothy Parker, una poesía “flapper” (aleteante, ligera). “La poesía de Miss Parker no es poesía de sociedad en el sentido antiguo; es poesía flapper” y como tal es sana, atractiva, sin corsé y no desprovista de gracia”, decía The New York Times.

Una cita que recoge Stuart en la extensa introducción del libro, que constituye toda una biografía de la autora de “Una rubia imponente”, quien no creía que su obra poética estuviera preparada para ser encerrada en un volumen, sino para que fuera publicada en prensa como en The New Yorker, Vogue o Vanity Fair, lo que, en opinión de Diego Moreno, “da un aire periodístico a estos versos”.

Aunque ella sí aceptó editar un libro después y ya en 1926 se publico el primero, “Enough Rope” (Cuerda suficiente), con gran éxito y en los años siguientes varias colecciones de poemas, “Sunset Gun” (Cañonazos de retreta) en 1928 y “Death and Taxes” (La muerte y los impuestos) en 1931. Y posteriormente una selección que ella misma hizo en “Not so deep as well” (No tan profundo como un pozo).

Una poesía en la que se proyectaba como mujer. “Una mujer moderna marcada y cáustica, austera, sin adornos, que se abría paso en un mundo nuevo y crudamente moderno, experimentada en el sexo, pero cínica en el amor, desafiando al público en general con una ocurrencia y una expresión de desdén…o un suspiro privado.

Dorothy Parker no solía tener más confianza en sus habilidades artísticas que cuando escribía sobre Dorothy Parker”, escribe Stuart Y. Silverstein.

Sentido vital

Dorothy Parker, que en realidad se llamaba Dorothy Rothschild, pero tomó el apellido de su primer esposo, Edwin Pond Parker, con quien se casó en 1917, era hija de una familia de clase media, no perteneció a la rama rica de los Rothschild, y fue una mujer inteligente, lúcida y moderna, una avanzada de su tiempo, feminista y de izquierdas.

Como muchas personas con dotes cómicas, la crítica, poeta y escritora de cuentos “Dottie” Parker era una mujer de sombrías profundidades, y usaba su lengua afilada para mantener a la gente a distancia, incluso mientras hacía comedia a partir de sus desventuras. Ella también era aficionada a la autodramatización. Como su amigo Wyatt Cooper lo describió en un perfil de Esquire en 1968, titulado “Lo que creas que Dorothy Parker”, tenía una “afinidad por la angustia”. Aún así, parece justo decir que su infancia estuvo lejos de ser feliz.

Ella era dos meses prematura y perdería a su madre escocesa-americana antes de su quinto cumpleaños; poco después empezaría a convivir con una madrastra odiada. Su padre judío había sido un fabricante de ropa exitoso, pero a su muerte en 1913 el negocio estaba fallando, dejando sola a Parker para mantenerse, primero como pianista de escuela de baile y luego en el mundo frágil y sofisticado de la publicación de la revista New Yorker.

Una figura pequeña, casi frágil, su ingenio letal la marcó desde el principio. Su oportunidad llegó cuando envió un poema, Any Porch, al editor carismático de Vanity Fair, Frank Crowninshield. Pronto pasó de vivir como autora de viñetas de Vogue a ser la escritora de Vanity Fair, convirtiéndose finalmente en la crítica de drama de la revista. En 1920, ese mismo ingenio legendario la auto-despidió cuando no pudo resistirse a gastar una broma pesada a costa de la actriz Billie Burke, esposa de uno de los mayores anunciantes de la revista.

Sin embargo, la década de 1920 sería la década de Parker. Publicó unos 300 poemas y versículos gratuitos en varias revistas; en 1926, su primer volumen de poesía se convirtió en un éxito de ventas y obtuvo críticas positivas, a pesar de ser descartada como “verso flapper” por The New York Times. Al mismo tiempo, ella suministró cuentos a The New Yorker. Y, por supuesto, fue durante esos años cuando se convirtió en parte de ‘The In-Crowd’, el club de almuerzos de literatos que surgió en el hotel Algonquin y se hizo conocido como la ‘Mesa Redonda’.

Desafortunadamente, su trabajo encarnaba la vertiginosa mezcla de cinismo y sentimentalismo de la época. Una vez que la Depresión acalló los tapones de champán y las nubes de la guerra comenzaron a reunirse en Europa, Parker parecía anticuada, y más tarde se la dio por muerta. En sus últimos años, viviendo sola con su perro en una habitación de hotel en el Upper East Side de Manhattan, la respuesta más común a todo lo que logró escribir fue la sorpresa de que todavía estuviera viva (apenas ayudó a que gran parte de sus versos flirtearan tanto con la idea de deshacerse de ella misma).

Su vida personal, mientras tanto, era un desastre. Bajo su dura sátira, una corriente de anhelos íntimos, insatisfechos, a través de sus versos, cuyas tristes lecciones se aprendieron de la manera difícil, a través de enredos con una serie de hombres que en aquellos días podrían llamarse emocionalmente no disponibles, o a veces simplemente casados. “Tomame o dejame; o, como es el orden habitual de las cosas, ambos”, escribió.

La escritura fue una lucha, la buena escritura siempre lo es. "La brevedad es el alma de la lencería". "Si quieres saber qué piensa Dios del dinero, solo mira a la gente a la que se lo dio". "Puedes liderar una horticultura, pero no puedes hacerla pensar". Las líneas como estas que se desconectan de la lengua y se alojan en la mente con tanta prontitud pueden parecer ventosas y no producidas, pero como una vez dijo Parker, por cada cinco palabras que escribía, ella cambiaba siete
La escritura fue una lucha, la buena escritura siempre lo es. “La brevedad es el alma de la lencería”. “Si quieres saber qué piensa Dios del dinero, solo mira a la gente a la que se lo dio”. “Puedes liderar a una horticultora, pero no puedes hacerla pensar”. Las líneas como estas que se desconectan de la lengua y se alojan en la mente con tanta prontitud pueden parecer ventosas y no producidas, pero como una vez dijo Parker, por cada cinco palabras que escribía, ella cambiaba siete

Su primer marido, Edwin Pond Parker II, un corredor de bolsa de Wall Street cuyo nombre ella conservó, era un adicto a la morfina y al alcohol. Se casaron en 1917 y se divorciaron en 1928, pero el matrimonio terminó mucho antes. Su segundo marido, Alan Campbell, era un actor y escritor bisexual 11 años menor que ella, y, si bien no era infiel, era un coqueto terrible. Su matrimonio terminó en divorcio, pero luego se volvieron a casar, unidos en una danza de empuje y atracción que continuaría hasta su muerte (como su primer marido, Campbell murió a causa de una sobredosis de drogas). Se automedicó (no era una escritora con problemas de bebida, bromeaba, sino una bebedora con un problema de escritura) y mal manejo crónico de sus asuntos financieros. Intentó suicidarse dos veces (una vez después de un aborto), y quedó embarazada a los 42 años.

Ciertamente, la mayoría de las citas por las que la recuerdan provienen de su verso o de sus bromas en la ‘Mesa Redonda’, pero sus historias presentan personajes femeninos que intentan cuadrar nuevas y excitantes opciones con las limitaciones permanentes de las expectativas sociales. Algunas de sus heroínas son alcohólicas suicidas, pero otras son personajes innegablemente fuertes. Temporalmente libres del hedonismo de los años 20, sus vidas abarcan contradicciones y desafíos que son demasiado familiares para las mujeres del siglo XXI.

Amantes -entre ellos F. Scott Fitzgerald-, amores frustrados, varios intentos de suicidio y mucho alcohol rodearon su vida, en la que también hubo mucho compromiso. Durante la guerra civil viajó a España y apoyó a la República. Escribió varios reportajes sobre el tema.

Estuvo en la lista negra de Hollywood durante la famosa caza de brujas y murió en 1967 de un ataque al corazón. Tenía 73 años, su muerte fue portada en The New York Times

Y, “dado que nadie reclamó sus cenizas, estuvieron más de veinte años en el archivo de su abogado”, recalca Silvertein. Hoy sus restos reposan en la Asociación Nacional para el Desarrollo de las Personas de Raza Negra (NAACP) entidad a quien Parker nombró heredera.

La sombra de Bartleby en la prisión familiar

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La única esperanza en este mundo actual, concluye la escritora francesa, es la "desnatalidad" y la última libertad "se encuentra en el hecho de decir: preferiría no hacerlo", igual que Bartleby, el héroe subversivo de Herman Melville
La única esperanza en este mundo actual, concluye la escritora francesa, es la “desnatalidad” y la última libertad “se encuentra en el hecho de decir: preferiría no hacerlo”, igual que Bartleby, el héroe subversivo de Herman Melville

La ensayista francesa Corinne Maier, mundialmente conocida por su obra “Buenos días, pereza”, en la que apostaba por el “escaqueo” laboral, inisite en el nihilismo sin tapujos con “No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos”, donde asegura, entre otras lindezas, que “criar un hijo es la guerra”.

Publicado en castellano por Península y en catalán por Edicions 62, en este ensayo con aires de panfleto Maier ataca uno de los tabúes más intocables de la sociedad actual: los niños, y no calla nada de lo que piensa sobre su crianza o sobre lo que suponen económicamente los pequeños para las familias.

La también psicoanalista explica que está convencida de que “criar un niño es la guerra” porque, por propia experiencia, ya que es madre de dos hijos, “sé que cada día -dice- es una lucha y a mi no me gusta nada dar órdenes, pero con los niños estás obligado, es espantoso”.

Precisamente, cuando se descubre que Maier escribe este libro siendo madre, lo que podría suponer una contradicción, la autora gala se defiende y sostiene que “está muy bien poder hablar a partir de experiencias personales, ya que las frustraciones nos permiten tener un discurso más rico”.

Además, agrega, si su ensayo cae en manos de otros padres y madres “éstos se sentirán mucho más identificados con todo lo que describo, porque yo también estoy pasando por esta experiencia”.

Nacida en 1963, esta economista que trabaja a tiempo parcial en la compañía eléctrica de Francia EDF y que el The New York Times definió hace unos años como “la heroína de la contracultura”, considera que con el embarazo llega “un largo invierno sexual” o que, “mientras haya niños, el mundo absurdo en el que vivimos tendrá futuro”.

Asimismo, cree que la profesión de padre “es un vía crucis de múltiples estaciones, con una cumbre de la abominación: La navidad”, o que “la familia moderna es una prisión que se repliega en sí misma y que tiene la base en el hijo”.

Cuando se le pide que desarrolle más esta última idea, indica Maier que entiende que “cuánto más avanzan las familias, más deben encerrarse sobre sí mismas, especialmente porque apuestan por vivir en sitios que no son los que los vieron nacer, a la búsqueda de una casa más grande, quedando sólo una especie de burbuja, que al final es una prisión”.

En otro punto del libro, escribe que la verdadera igualdad entre sexos es una quimera, puesto que las mujeres cuando traspasan la línea de la maternidad “dejan de ser menos fiables para sus empresas, a la vez que, a nivel personal, los hijos son un freno para realizar todo aquello que ellas querrían”.

La única esperanza en este mundo actual, concluye la escritora francesa, es la “desnatalidad” y la última libertad “se encuentra en el hecho de decir: preferiría no hacerlo”, igual que Bartleby, el héroe subversivo de Herman Melville, que propagaba el desorden en el trabajo mediante la desgana y que, manifiestamente, no tenía hijos.

Ante esta aseveración poco queda por decir, pero la última pregunta que surge de la entrevista es si existe alguna solución en estas sociedades occidentales de las que trata en la mayoría de sus libros.

Maier responde que “encontrar soluciones no es algo que me incumbe. Simplemente, doy un toque de atención a todos aquellos que diciendo que existen soluciones a lo que nos está pasando, lo que hacen, en realidad, es sacar ventajas personales”.

Extraños animales sexuales

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El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diversos como cualquier otra manfestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción
El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diverso como cualquier otra manifestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción

El ser humano es el animal con la vida sexual más estrafalaria. Tanto, que le ha ayudado en el desarrollo de nuestra cultura. Con esta tesis de partida, el antropólogo Jared Diamond contesta preguntas que ni nos habíamos planteado en el que es su libro más accesible.

Jared Diamond (EE UU, 1937) comenzó estudiando el funcionamiento de la vesícula biliar. Su curiosidad lo llevó a aventurarse en áreas como la ornitología, antropología, ecología, geografía y biología evolutiva. De este popurrí surge una de las mentes más brillantes e interesantes de nuestro tiempo, ganador del Premio Pulitzer por su libro Armas, gérmenes y acero, publicado en 1997.

Ese mismo año Diamond publicaba también ¿Por qué es divertido el sexo?, un libro que puede parecer menor en comparación con su hermano en ambición y extensión. No se dejen engañar. Diamond explica la evolución de la sexualidad humana con su pasión y humor característicos y desde un punto de partida que pocos lectores se habrán planteado antes: aunque a nosotros no nos lo parezca, somos el animal con la vida sexual más extravagante. Y, en parte, por eso hemos llegado hasta aquí.

¿Por qué los hombres no dan el pecho a sus bebés, cuando tienen pezones funcionales? Si no los usan, ¿por qué tienen pezones? Ya puestos, ¿para qué sirven los hombres? ¿Por qué el ser humano tiene un pene gigantesco en comparación con el de otros primates? ¿Por qué tenemos sexo en privado y no en público?

Son algunas de las preguntas a las que Diamond responde en su libro más ameno, que sirve como una estupenda introducción a la filosofía de un autor que, sin resultar denso, tiende a obras enciclopédicas y poco ‘veraniegas’. Los lectores que quieran introducirse en el fascinante trabajo de Diamond no encontrarán un mejor punto de partida, con la salvedad del también breve –aunque más complejo– Sociedades comparadas.

Diamond nunca da puntada sin hilo. ¿Por qué es divertido el sexo? es mucho más que el clásico compendio de curiosidades científicas. El investigador defiende que entender cómo ha evolucionado la sexualidad humana sirve también para comprender otros de nuestros rasgos característicos, como la cultura, la capacidad de hablar, la relación entre padre e hijo y hasta el dominio de herramientas.

“Los paleontólogos atribuyen normalmente la evolución de estos rasgos a nuestra adquisición de cerebros más grandes, así como a la de la postura erecta. Yo mantengo la teoría de que nuestra estrafalaria sexualidad fue asimismo esencial para su evolución”, sostiene Diamond en el prefacio del libro.

Durante el camino en el que Diamond nos convencerá –o no– de esa idea, descubriremos que los hombres son capaces de lactar, que el pene en erección de nuestros ancestros medía unos 4 centímetros y que las mujeres ‘ocultaron’ su ovulación a sus parejas para proteger a sus crías del infanticidio, y con ello abrieron las puertas al sexo recreativo, la monogamia y los cuidados familiares.

La vida sexual de los primates

La monogamia no se da en ningún primate social que viva en grupos, a excepción, según defiende el discurso convencional, del homo sapiens. Además compartimos otro rasgo común bastante significativo con chimpancés y bonobos, el bajo diformismo sexual entre macho y hembras, del que se deduce que la competencia sexual entre machos tuvo que ser bastante escasa, ya sea por el establecimiento del sistema monógamo o por un sistema de apareamiento multimacho-multihembra. Por otro lado, también es interesante apuntar que normalmente las especies más inteligentes de simios, son aquellas que tienen una alta sociabilidad.

En cuanto a la duración media de la cópula, el homo sapiens es el primate que más tiempo emplea, entre 4 y 7 minutos, le sigue el gorila con sesenta segundos, el bonobo sólo emplea quince segundos mientras el chimpancé lograr la eyaculación en tan sólo siete segundos.

Pero si la evolución es una constante competición ¿dónde se produce esta competencia entre las especies de múltiples apareamientos? Pues en el interior de la vagina de las hembras, ya que los machos que produzcan más y mejores espermatozoides tienen más posibilidades de dejar descendientes. Esto ha debido favorecer un aumento del tamaño relativo de los testículos y del tamaño del espermatozoide.

Y es que el pene sigue siendo un verdadero misterio, se han buscado muchas explicaciones del porqué de su tamaño y su forma. Una de las explicaciones más difundidas es que su forma y tamaño son perfectas para retirar el semen de otros machos tras eyacular. Se trataría de una adaptación anatómica para una época en la que las hembras copulaban con varios hombres con pocas horas o días de diferencia. Esto explicaría también el por qué de la existencia del glande: otra de las características anatómicas que nos distingue de los primates.

En cuanto a nuestros testículos, recordar que sólo las especies más promiscuas, es decir, humanos, chimpances y bonobos, tenemos escroto externo. El resto de especies de primates, con alguna excepción, tienen testículos interiores. Es evidente que tener los testículos exteriores es una solución evolutiva muy costosa, sobretodo por el mayor riesgo de vulnerabilidad que padecemos al tener los testículos al descubierto.¿pero qué ventaja nos aporta? Al mantener los testículos unos grados por debajo de la temperatura interior del cuerpo, permite que se acumulen espermatozoides fríos y que éstos se conserven durante más tiempo en buen estado.

Por otro lado, nuestros testículos son más pequeños que los de chimpancé y bonobos, pero mucho más grande respecto a gorilas y orangutanes. ¿Dónde nos deja esto? En una encrucijada donde detractores y partidarios de la monogamia y/o poligamia del homo sapiens encuentran argumentos a favor o en contra de sus teorías. Aunque, como desgraciadamente, los testículos son un tejido blando y no dejan registro fósil, no podemos saber, como han ido evolucionando nuestros testículos y si la tradicional monogamia ha traído un descenso del tamaño de éstos en pocos miles de años.

Para seguir repasando las características sexuales de los primates es importante trazar algunas apuntes sobre el orgasmo femenino. Recordar que el clítoris es el único órgano del cuerpo cuya única función es proporciona placer, a partir de este dato, podemos preguntarnos porqué la evolución ha dotado a muchas hembras de mamífero de este órgano tan peculiar, parece claro que su fin está enfocado a facilitar la receptividad de las hembras y a que éstas busquen repetir las relaciones sexuales, fomentando la competencia espermática.

Además no podemos obviar que el orgasmo femenino es un rasgo compartido por otras especies de primates, y además casualmente parece ser que las especies más orgásmicas resultan ser además las más promiscuas, como es el caso de macacos, bonobos y chimpacés.

Carrera por el intercambio de flujos

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La naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.
La naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.

La ciencia lo desmiente: los polos opuestos no se atraen, sostiene Daniel Gilbert, un profesor de Harvard que aduce estudios científicos para afirmar que nos sentimos atraídos por individuos que son similares a nosotros, pero «es la apariencia física la determinante para la atracción romántica». «La genética nos diseña para que seamos atractivos» afirma con rotundidad Gilbert en su conferencia sobre ‘La ciencia de la atracción romántica’.

La genética es el área que explica cómo se transmite la herencia de generación en generación a través de los seres humanos, a los que Gilbert denomina «vehículos temporales», inventados por el ADN «para transportarlo y hacer que -las instrucciones genéticas de la vida- permanezcan en el tiempo». Nuestra genética, redondea este profesor y psicólogo, se encarga de que cumplamos el requisito necesario para realizar este traspaso de ADN, que no es otro que las relaciones sexuales.

Sin embargo, somos «selectivos» a la hora de elegir con quién tendremos relaciones sexuales y más aún con quién tendríamos descendencia. Según algunos estudios, las mujeres son más selectivas que los hombres, algo que depende de costes de distinta índole; por un lado, físico, pues mientras la cantidad de esperma que puede producir un hombre es ilimitada, las mujeres solo cuentan con 300 óvulos a lo largo de toda su vida.

Gilbert también habla de riesgo de enfermedades sexuales, mayor en el caso de las mujeres y del «coste reputacional», ya que, tradicionalmente, la promiscuidad se juzga mucho más duramente en ellas que en los hombres.

En cuanto a la importancia de la apariencia, la cultura es clave a la hora de juzgarla, pues el ideal de belleza – esencialmente femenino – determinará lo que en cada sociedad tengamos asignado como bello. Si bien estos ideales de belleza han cambiado a lo largo del tiempo, algo que se ha mantenido siempre como una referencia de la belleza es la proporción.

Aun asín Gilbert sostiene que la naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.

Pero no todo se dirime en el terreno de la apariencia. Tenemos más sentidos que marcan si alguien nos resulta atractivo o no, como el olor o las sensaciones al besar, y también hay factores que dependen de las hormonas, como las voces graves. La geografía también es un factor que determina a nuestras parejas, pues según Gilbert aunque pensemos que las elegimos, realmente ya nos han sido asignadas por accidentes geográficos.

La proximidad física condiciona cual va a ser la «pequeña porción de población mundial» que vamos a conocer a lo largo de nuestras vidas y saber las posibilidades que tenemos de «juntarnos» con alguien por su cercanía puede hacer que nos guste más o menos.

El profesor de Harvard sostiene que no hay nada misterioso en la atracción, «entendemos perfectamente cómo funciona y de dónde viene; es la voz de nuestros genes». «Aunque estemos marcados por nuestros genes, no somos sus prisioneros, la naturaleza nos ha hecho inteligentes para que, aunque los genes nos pongan en una dirección, nosotros podamos elegir si cogemos otra», ha finalizado Gilbert.