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Muxes más allá de la entrepierna

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Los muxes son hombres zapotecos homosexuales que viven en la región del Istmo, en Oaxaca, y su papel dentro de la sociedad zapoteca es reconocido y protegido como un género extra
Los muxes son hombres zapotecos homosexuales que viven en la región del Istmo, en Oaxaca, y su papel dentro de la sociedad zapoteca es reconocido y protegido como un género extra

En la región zapoteca del istmo de Tehuantepec, al contrario que en la mayor parte de las sociedades actuales, el conocido como ‘tercer género’ no solo no está sometido al debate público, sino que se configura como una forma de vida en sociedad más: estos son los muxes.

Las leyendas zapotecas narran que San Vicente, el patrón de la región mexicana de Juchitán, viajaba con tres sacos llenos de semillas, uno de ellos repleto de grano masculino, otro femenino y el tercero, mixto. Mientras pasaba por la ciudad de Juchitán de Zaragoza, el tercer costal se rompió y cayó al suelo. Así nacieron los muxes.

En encaje social de los muxes poco tiene que ver con el que la transexualidad tiene en el resto del país. Los muxes son hombres que, por determinados motivos deciden adoptar roles femeninos. La transexualidad no está ligada con la figura del muxe, que puede continuar siendo un hombre si así lo desea, aunque lejos de la heteronormatividad.

El origen de esta palabra es incierto, aunque se considera que proviene de la adaptación de la palabra española “mujer” a la lengua zapoteca que carece de diferenciación de género gramatical, una característica cultural básica para entender el encaje de los muxes en estas sociedades.

La figura del muxe proviene de la época precolombina y nació en el seno de los zapotecos, una de las civilizaciones más avanzadas de Mesoamérica. Durante siglos han sido considerados como ‘tercer género’, ni mejor ni peor que un hombre o una mujer, sino diferentes.

Aunque los muxes han adoptado roles femeninos, tradicionalmente han contado con privilegios negados a las mujeres, como su participación en las decisiones habitualmente masculinas. Además, algunos miembros de esta comunidad se encargaban de la iniciación sexual de los adolescentes, con el fin de preservar la virginidad de las jóvenes zapotecas hasta el matrimonio.

En la actualidad, los muxes continúan siendo elementos valorados en las comunidades zapotecas, tanto así que son considerados por las madres como el mejor de entre sus hijos, ya que no acostumbran a tener relaciones duraderas, sino que parte de su rol social se encuentra en el cuidado de sus padres durante su vejez.

Es precisamente esta característica la que les proporciona gran relevancia en las sociedades zapotecas, ya que se valora su dedicación al cuidado de niños, enfermos o ancianos, así como a las tareas del hogar. Debido a su apoyo a la familia, tras el fallecimiento de la matriarca, pueden adoptar su figura de autoridad.

La ‘muxeidad’, al ser un rol social aceptado y respaldado por sus actividades como ‘cuidadores’, puede ser propiciada por las familias. En ocasiones, madres sin hijas crían a alguno de sus hijos varones mediante un rol tradicionalmente femenino, con lo que también existen muxes menores de edad.

Además, en el ámbito social, también son los encargados de crear y bordar los trajes tradicionales de las mujeres de la región, así como vestidos de gala para bodas, cumpleaños y aniversarios.

Con respecto a las relaciones sentimentales de los muxes, estas acostumbran a ser cortas y con hombres; sus relaciones con mujeres se consideran un tabú. Por otra parte, se les presupone la promiscuidad, incluso con hombres casados, y las relaciones estables son una excepción.

El lenguaje juega un rol fundamental a la hora de hablar del encaje social de los muxes, ya que no hay una sola forma de denominar a los miembros de este grupo, sino que, por lo general, se sienten cómodos tanto con nominaciones masculinas como femeninas.

Aunque los muxes acostumbran a ser hombres que han decido adoptar roles femeninos, también existen casos de transexualidad. Naomy Méndez, una muxe que se identifica con el sexo femenino, ha explicado, según ha publicado ‘Verne’, que existen dos tipos de muxes.

“Hay una gran gama de muxes, pero existen dos categorías principales: las muxes gunaa y los muxes nguiiu”, los primeros identificados como mujeres y los segundos como hombres. También existen casos de muxes que no se identifican con ninguna de estas categorías, sino como ‘tercer género’.

El encaje que los muxes han tenido tradicionalmente y tiene aún hoy en la cultura zapoteca no se puede comprender desde otras cosmovisiones en las que históricamente solo han existido los roles: hombre o mujer. La función social que estos cumplen, así como su aceptación sin tapujos, es uno de los pocos oasis de tolerancia en un país característico por sus altos niveles de agresiones machistas y contra la comunidad LGTBI.

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Danzad, danzad, malditos

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Durante el medievo, los bailes eran enigmáticos y con carga sensual
Durante el medievo, los bailes eran enigmáticos y con carga sensual

La manera en la que movemos nuestros cuerpos al ritmo de la música siempre ha tenido el potencial de desafiar a las convenciones del momento. Conozca los bailes que rebasaron los límites del pudor y escandalizaron a la sociedad a lo largo de la historia.

Antes de 1556

Danzar por placer en Europa y América ha tenido una larga historia de incomprensión y reprobación, que ocasionalmente llevó a la prohibición del baile, por ser considerado moralmente perjudicial.

Escritos clásicos y del cristianismo temprano hablan de la danza como peligrosa y pecaminosa, particularmente si permitía el contacto físico entre hombres y mujeres de las clases bajas.

En el período medieval, las danzas en rondas eran comunes y aquellas con parejas se fueron volviendo más populares con el tiempo. Factores como la guerra, la esclavitud, la migración por razones políticas y económicas hicieron que las danzas se dispersaran por el globo.

Al mezclarse con nuevas influencias, emergieron danzas sociales que retaron y transformaron las convenciones sociales de género, raza y clase.

La Volta
La Volta

1556: La volta

Las cortes reales de Francia e Inglaterra, con su rígido decoro, se escandalizaron con una danza que requería del contacto cercano de los cuerpos de ambos sexos.

La volta –italiano para “la vuelta”- era muy diferente a las lentas rutinas que se acostumbraba bailar en la corte.

En la danza, el hombre empujaba a la mujer hacia adelante con su muslo, una mano le agarraba la cintura y la otra iba debajo de su corset mientras ella brincaba.

Los oponentes pensaban que esta danza rápida y energética era poco modesta e incluso peligrosa para las mujeres.

1698: La Danza del cojín

Danza del cojín
Danza del cojín

La danza no sólo era criticada en la alta sociedad. Hombres y mujeres del común también fueron atacados en el siglo XVII.

Durante la danza del cojín, los hombres y mujeres podían seleccionar y besar a sus parejas en la pista de baile. En una época en la que rara vez tenían la oportunidad de mezclarse, tal intimidad física atrajo la atención de los puritanos.

Ese movimiento buscaba no sólo borrar de la Iglesia anglicana los que consideraba como rastros de la influencia del catolicismo romano, sino también mejorar la conducta moral de la gente en el país.

Un notable crítico puritano condenó “el baile indecente y lascivo” como el camino al infierno.

1816: Vals

El baile retornó en su mayor parte a las posiciones de uno al lado del otro en el siglo XVIII. Pero al principio del siglo XIX, una nueva danza escandalizó a Reino Unido: el vals.

Vals
Vals

Entre la gente educada de la época, las mujeres y los hombres rara vez se encontraban juntos solos hasta que se casaban.

El abrazo íntimo del vals, un hombre sosteniendo a una mujer en sus brazos en una pista de baile en público, con sus rostros a milímetros de distancia, era revolucionario.

También lo era la rápida y revoltosa naturaleza de la danza cuyos orígenes eran austríacos, y que eventualmente se convirtió en sinónimo de Viena y la música de Strauss.

Al final, hasta la públicamente recatada reina Victoria bailó el vals.

1868: el Cancán

Cancán
Cancán

A finales de la década de 1820, un grupo de parisinos de clase baja estaba bailando una cuadrilla. Al improvisar, levantaron las piernas… así nació el cancán.

Los parisinos de clase media consideraban que las danzas debían ser discretas y agraciadas. A sus ojos, las clases bajas parecían estar sufriendo de una enfermedad degenerativa debido a la manera en la que sacudían sus extremidades al bailar el cancán.

El baile fue adoptado por los teatros de música y practicado sólo por mujeres, que exponían su ropa interior y sus piernas.

Cuando la danza fue introducida a la audiencia londinense por la bailarina parisina Finette en 1868, algunos diarios reflejaron la alarma que causó.

1913: Tango

En la época eduardiana, las convenciones sociales, como el uso de chaperones, se relajaron un poco. El tango puso a prueba esa nueva actitud.

El tango llegó a Reino Unido vía Francia más o menos en 1913.

Sus raíces en los puertos de Buenos Aires, las sensacionalistas descripciones en la prensa -que la pintaban como una danza de vaqueros, proxenetas y prostitutas-, así como la música latina, intrigaron y atrajeron a muchos.

Comparado con el vals, el tango ofrecía un abrazo más apretado, así como el potencial para la improvisación individual.

1925: Charlestón

Charleston
Charleston

A medida que el jazz se fue volviendo popular en los años 20, el charlestón surgió en Estados Unidos. Por primera vez, las mujeres podían bailar en sociedad sin pareja.

El charlestón se desarrolló a partir de la música y las danzas de los descendientes de esclavos cerca de Charlestón, Carolina del Sur.

Que los bailes cruzaran la división cultural –de la cultura afroamericana a la blanca estadounidense- pasó a ser algo normal en la danza popular por los siguientes 100 años.

Después de la Primera Guerra Mundial, las mujeres tenían la ambición de ganar su propio dinero y expresarse creativamente. Se vestían a la moda y bailaban charlestón.

Pero los movimientos de las piernas, la sacudida de los brazos y el meneo de las caderas era considerado inmoral y provocativo.

1934: Jitterbug

Jitterbug
Jitterbug

Primero se hizo popular en EE.UU. en los años 30 y luego los soldados estadounidenses la exportaron durante la Segunda Guerra Mundial.

El jitterbug, como el charlestón, se basaba en una danza afroamericana: el lindy-hop.

Nuevamente, se expresó la preocupación por el bienestar tanto físico como moral de quienes lo bailaban.

Bailando al ritmo de la música swing, las parejas hacían pasos y piruetas enérgicas e improvisadas que incluían hombres levantando a mujeres… lo que podía llevar a que se les viera su ropa interior.

El bailarín inglés Alex Moore calificó a la danza de “desagradable y denigrante”. Pero una versión menos ofensiva de este mismo baile –llamada jive- fue aceptada en el repertorio de los salones de baile.

1960: Twist

Twist
Twist

El twist despegó tras una actuación de cantante Chubby Checker en el programa de televisión estadounidense American Brandstand en 1960, y rápidamente se convirtió en un fenómeno global.

Inicialmente se le consideró vulgar y obsceno por razones similares a las del charlestón: la danza se podía bailar sin pareja y tenía sus raíces en el estilo afroamericano de rotación de caderas.
Como con el charlestón, se habló de riesgos a la salud. Un ortopedista reportó un aumento en lesiones de rodilla y la Sociedad de quiroprácticos de Nueva Jersey dijo que podía causar “tensión en las áreas lumbares y sacroiliacas”.

1989: Lambada

La lambada fue una danza sensual que salió un verano de Brasil y se tomó a Europa.

Así como el tango había escandalizado al acercar a las parejas más que el vals, la lambada los acercó aún más, con las caderas presionadas mientras giraban.

Supuestamente, el presidente brasileño Getulio Varga prohibió la danza cuando emergió en los años 30 pues le horrorizó su “inmoralidad”.

Ya era muy conocida en Sudamérica, pero un grupo francés la popularizó al lanzar el gran éxito de ventas “Lambada” en 1989.

2013: Twerking

Así como en charlestón y twist, el foco de twerking está en las caderas.

El movimiento rápido de la cadera y las nalgas puede considerarse sexualmente provocativo.

Su origen está en movimientos de danzas de África occidental y se cree que llegó a EE.UU. por los salones de danza jamaiquinos.

Se bailaba más que todo en la comunidad afroamericana, pero la actuación de la ex estrella de Disney Miley Cyrus en las premios de música de MTV Video en 2013 la trajo a primer plano.

Causó un estallido en los medios sociales.

Su acto dividió la opinión e hizo que se cuestionaran asuntos como la explotación sexual, la apropiación cultural de parte de artistas blancos, así como la libertad artística y feminismo.

Tantra para el placer infinito

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Excepto el abrazo tántrico, que consiste en que la mujer abrace al hombre con los brazos y las piernas sentada sobre las rodillas del hombre, no hay más posiciones. No se trata de imitar unas posturas establecidas sino de sentir, estimular y llegar a un equilibrio con la otra persona.
Excepto el abrazo tántrico, que consiste en que la mujer abrace al hombre con los brazos y las piernas sentada sobre las rodillas del hombre, no hay más posiciones. No se trata de imitar unas posturas establecidas sino de sentir, estimular y llegar a un equilibrio con la otra persona.

¿Qué es el sexo tántrico? Una pregunta que mucha gente se hace pero cuya respuesta, pocos conocen. Quizá porque suena demasiado lejano.

Lo cierto es que lejano sí es, ya que se trata de una práctica que se basa en el Tantra, una filosofía de vida de origen oriental con más de 4.000 años de antigüedad, que utiliza la energía sexual para conseguir una conexión con uno mismo. La meditación o disciplinas como el yoga, también con origen en la India, están muy relacionadas.

Dado que el sexo tántrico es una práctica que muchos desconocen, diferentes escuelas tántricas ayudan a descubrir las técnicas y a vivir experiencias con esta actividad oriental. Sobre esto hay mucho escrito pero cada persona puede llevarlo a cabo de una forma distinta: desde la más ortodoxa hasta la más occidentalizada.

Una nueva experiencia: el sexo tántrico

Ropa cómoda, higiene mental y física y unos pies preparados para quedarse descalzos. Son los requisitos que tengo que cumplir antes de asistir al taller de crecimiento erótico y emocional.

Esta práctica se basa en aplicar dos corrientes filosóficas: por un lado el Tantra y por otro la Gestalt, una corriente psicológica que tiene su origen en Alemania y es un tipo de terapia cuyo objetivo es “darse cuenta” de lo que te ocurre en el encuentro con la otra persona. De esta forma, ésta última corriente aporta un toque occidental a la filosofía tántrica.

En el sexo tántrico es preciso comprender y sentir las cuatro llaves de esta corriente oriental que son necesarias para conseguir una vida feliz y son vitales para practicar el sexo tántrico, para que después podamos aplicarlas en nuestra intimidad:

» Vivir el momento presente: Si una persona no está presente con sus cinco sentidos en una relación sexual y está pensando en que mañana tiene mucho trabajo o que ayer discutió con su padre, no va a poder disfrutar por completo del acto.

» Aceptar como es uno mismo y a los demás: Si no te aceptas como eres y estás pensando en que no te has depilado o si se te nota la celulitis es difícil que se consiga una relación plena. Pero del mismo modo se tiene que aceptar el cuerpo de la otra persona. En el tantra se adora cada poro de la piel de la persona con la que estás: sea el amor de tu vida o una relación de una noche.

» Seguir un movimiento armónico y fluido: Llegar a una danza con tu pareja. En el sexo normalmente se prepara el lugar, la iluminación, el momento… En un ritual ortodoxo de sexo tántrico se prepara la atmósfera, la luz, los olores, incluso la comida…es lo que se llama el Maithuna.

» Expresar lo que sientes y piensas: Decir lo que te gusta o no y pedir algo si quieres recibirlo, ya que si no lo pides, puede que te lo hagan pero también puede que nunca lo sientas. Entendemos la relación sexual como un acto de comunicación íntimo. No hay mayor afrodisíaco que tu pareja muestre que algo te gusta y te produce placer. Se puede expresar con la palabra, gemidos, con el cuerpo…

Una vez que conocemos estas cuatro claves, comienza la sesión. Nos ponemos de pie y caminamos respirando por la nariz, y soltando el aire por la boca. ¿En qué consiste el sexo tántrico?

La atmósfera

Una habitación con poca luz, con un olor agradable y una música casi silenciosa. Dejamos los teléfonos móviles que tanto nos suelen acompañar, los bolsos, los maletines…y estamos en un espacio donde no hay nada que nos desvíe la atención del momento que vamos a vivir.

Respirar

En el sexo tántrico es muy importante controlar la respiración y sincronizarla con tu pareja para poder entrar en la misma energía.

Sentir

Andamos despacio por la habitación, nos paramos frente a la persona que nos cruzamos, decimos nuestro nombre y nos abrazamos. ¿Qué nos transmite el abrazo del otro? Paz, sensibilidad, fuerza, protección, alegría, sensatez…Todo esto son sensaciones que al relajarnos percibimos mucho mejor. Durante el sexo tántrico se siente cada movimiento, mirada, abrazo, beso, caricia… como si eso fuera lo único que existiese en ese momento. Tocarse las manos, sentir la mirada de quien tienes enfrente…

Confiar

Saber llegar a un equilibrio con tu pareja o con una persona que conozcas en ese momento: dejarse llevar con los ojos cerrados es muy importante para olvidar y confiar. No intentar tener siempre el control de lo que estamos haciendo: quizá si nos dejamos llevar nos guste lo que la otra persona nos hace.

Adorar el cuerpo

Tenemos que aceptar como somos cada uno y buscar todas esas cosas buenas: la mirada, los labios, las orejas, las manos, las piernas…todos contamos con algo digno de mencionar. Si nos aceptamos como somos, el momento del sexo será mucho mejor ya que solo estaremos preocupados de sentir y disfrutar. Pero también tenemos que adorar el cuerpo de la persona con la que estamos, siempre podemos sacar detalles que nos gusten y a él o ella también le agradará que se lo digamos: me gusta tu cuello, tu boca, tu mirada…

Olvidar el tiempo

En la sociedad y en el momento en que vivimos es muy difícil dejar de lado el reloj. Siempre estamos pensando en la lista de la compra, el trabajo de mañana, la cena de esta noche o en todas las cosas que tenemos que hacer. Pero para practicar el sexo tántrico el tiempo se ha de olvidar. Hay que tener la cabeza y todos los sentidos en ese momento sin preocuparnos de nada más, para poder vivir esa experiencia al cien por cien.

Danzar

El sexo tántrico es como un baile: hay que coordinarse, llegar a un equilibrio, dejarse llevar en momentos, mandar en otros, pero sobre todo escuchar una misma melodía y danzar al son de ella.

Preliminares eternos

Caricias, besos lentos, susurros, miradas…en el sexo “convencional” todo esto lo podríamos practicar en los llamados preliminares, que según el médico sexólogo Ángel Ruiz Ejarque “es aquel proceso que antecede al acto de la penetración, es decir, el juego amoroso antes del coito y que tiene como finalidad la excitación”.

Pero el sexo tántrico no se basa en unos preliminares y la eyaculación como fin, sino en sentir, pedir lo que deseas, adorar el cuerpo de tu pareja, escuchar y dejarte recibir placer…esa danza sin tiempo en la que se trata de que las mujeres tengan el mayor número de orgasmos posibles y el hombre aguante la eyaculación para así poder durar el tiempo que quiera.

¿Y qué tiene que hacer el hombre para no eyacular cuando tiene un orgasmo?

En el que llamamos sexo convencional, el hombre siente un orgasmo y simultáneamente eyacula, pero en el sexo tántrico no. Para ello, los hombres deben:

» Fortalecer la musculatura pubococcigea (la que rodea la zona de la pelvis) .

» Practicar y conocer cuál es su punto de no retorno, mediante la masturbación.

» Controlar la respiración.

De esta forma se consigue tener un orgasmo controlado por el propio hombre y se impide que se eyacule, por lo que puede continuar con el acto sexual. Sin embargo, el sexólogo Ruiz Ejarque advierte de que se ha de tener especial precaución con este método ya que “si no se es precavido y se hace sin ningún control puede llevar a una afectación de eyaculación retardada o incluso a pérdidas del apetito sexual. Es decir, que cuando quiera eyacular, ya no pueda. Hay que practicarlo de forma responsable”.

¿En la cama? Mejor en el suelo

La cama, ese lugar que tanto utilizamos para el sexo convencional: fácil, práctico y cómodo. Pero en el sexo tántrico no es el lugar ideal ya que impide muchos movimientos. Suele practicarse en el suelo encima de una manta, un pañuelo grande, un Kilim…

¿Y posturas? Excepto el abrazo tántrico, que consiste en que la mujer abrace al hombre con los brazos y las piernas sentada sobre las rodillas del hombre, no hay más posiciones. No se trata de imitar unas posturas establecidas sino de sentir, estimular y llegar a un equilibrio con la otra persona.

Con el abrazo tántrico, la postura de la mujer estimula el Limgam (el pene) del hombre y le mantiene al borde del orgasmo continuamente, y al mismo tiempo ella los siente.

Juguetes eróticos tampoco suelen utilizarse. Un vibrador no tendría sentido en el sexo tántrico ya que se trata de sentir un cuerpo con el otro.

El sexo tántrico es una manera diferente de sentir y de experimentar algo tan universal como es la sexualidad. Durante las horas del taller aprendimos que dentro del mundo ruidoso e imparable en el que vivimos siempre es necesario un momento de relajación, sentimiento y valoración de lo que tenemos, y si todo eso lo aplicásemos en nuestra vida sexual, seguramente lo disfrutaríamos más.

El sueño eterno de Kalachi

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El sueño ha embargado de uno u otro modo a los habitantes de Kalachi
El sueño ha embargado de uno u otro modo a los habitantes de Kalachi

Uno de cada diez habitantes de Kalachi ha sufrido narcolepsia, durmió varios días seguidos y tuvo alucinaciones. Expertos no consiguen hallar una explicación, aunque sospechan del uranio soviético.

No hay nadie ajeno al fenómeno. Todos en Kalachi, Kazajistán, reportan tener parientes o amigos a los que “el mal del sueño” ha atacado de una u otra forma. Y en ocasiones lo hace en forma grupal, como en septiembre de 2014, cuando ocho niños se quedaron dormidos en el primer día de clases.

Un documental de la cadena rusa RT relata otros casos inexplicables: 20 personas que “se desmayaron y durmieron durante varios días” y unos “60 aldeanos que se durmieron a la vez en 2013”.

Las investigaciones sobre estos misteriosos casos involucran ya a diversos científicos y médicos, especialistas en toxicología, expertos en el estudio de virus extraños y eruditos en radiaciones. Nada. Ningún resultado.

La preocupación crece entre los habitantes, que temen que tarde o temprano les llegue su turno y que no se puedan despertar. Además, las consecuencias del sueño prolongado o repentino ya se han hecho sentir: reportan “alucinaciones, pérdida de memoria, mareos y náuseas”, señala el medio ruso.

“Primero se sienten débiles, se quejan de reacciones lentas y, por fin, se adormecen. Cuando se despiertan, es como si hubieran vivido en otro planeta”, dice el doctor Kabdrashit Almagambetov, que trató el caso de Alexander Pavlyuchenvo en el hospital de Esil, la capital del distrito. El hombre sufrió narcolepsia y luego aseguraba haberse ido de pesca, cuando en realidad estaba en un cementerio.

Posibles razones

Se han realizado más de 20 mil análisis, se han estudiado las fuentes de agua, la composición del suelo y la vegetación presente en toda la zona. Cero resultados.

Pero la cercana mina de uranio de Krasnogorsk, cerrada en 1991, es la principal sospecha que tienen los médicos. La hipótesis sostiene que los vientos que soplan desde ese sector coinciden con el sueño profundo y repentino que afecta a la población.

Los viejos mineros descreen de esa postura: “La gente trabajó en las minas durante muchos años y nadie se quedaba dormido”, objetan. Aunque los análisis en diversos sectores del pueblo dan resultados “normales” de radiación, afirma que en zonas “abandonadas” de los alrededores de la excavación en desuso se registran valores alarmantes.

La farsa de ser libre

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Loriga considera que la generación de los jóvenes de hoy es un poco más inquieta en la queja de lo que fue la suya aunque dice que quizá pueda ser solo aparentemente "hasta que les quitas" el móvil: "Hasta ahí llega su rebeldía"
Loriga considera que la generación de los jóvenes de hoy es un poco más inquieta en la queja de lo que fue la suya aunque dice que quizá pueda ser solo aparentemente “hasta que les quitas” el móvil: “Hasta ahí llega su rebeldía”

El escritor Ray Loriga considera que la mejor forma de controlar a la gente es bajo una apariencia de libertad y a ello dedica su último libro, una metáfora sobre la sociedad de “autodelación” en la que vivimos que “supera la peor pesadilla orwelliana” y donde nada se deja para la privacidad.

“Rendición”, la novela con la que obtuvo el Premio Alfaguara, cuenta una historia de la manipulación colectiva a través de una pareja con un niño que deberán abandonar su casa y sus tierras para huir de la guerra que llevan sufriendo años y dirigirse a una ciudad de cristal transparente, con promesas de un futuro seguro.

El matrimonio tiene a sus dos hijos combatiendo en la guerra y cuidan de un niño que un día apareció en su casa y no habla, al que llevarán en su exilio a través de un territorio devastado por la guerra hasta llegar a la ciudad transparente.

Allí no entran los traidores y los recién llegados son atendidos por amables profesionales en un lugar donde el olor no existe y la luz y la temperatura son constantes. No puede haber secretos porque todo es transparente y la gente es extrañamente feliz.

La falta de privacidad que tenemos hoy en día, asegura Loriga, no la sospecharon ni los regímenes comunistas “en su peor versión” ni George Orwell en su futurista “1984”: ahora “nos delatamos a nosotros mismos, estamos geográficamente localizados, no guardamos nada para nuestra intimidad y si lo haces parece que estás haciendo algo malo”.

Aunque en la novela que publicó en 1999, “Tokio ya no nos quiere”, Ray Loriga abordaba una temática similar, lo hacía en una sociedad vertiginosa con algo más de ciencia ficción mientras que en esta nueva obra utiliza una voz que no es propia del género distópico.

Es la voz del protagonista, el marido, que cuenta la historia en primera persona y que habla del desarraigo y la dificultad de adaptación, aunque lo intenta: “Quería que el personaje no tuviese ningún elemento heroico, es un hombre vulgar, no es valiente y acepta el poder de los poderosos”, explica Loriga.

Pero tiene “cierto moho de su propia identidad” anterior a la llegada a la ciudad transparente “que no le deja adaptarse del todo”.

La diáspora y los refugiados son comunes a todas las guerras y siempre conllevan destrucción y desarraigo, dice Loriga, que cree que hoy se vive una guerra de formato diferente “con muchos focos pero donde los bloques suelen ser los mismos de la Primera Guerra Mundial”.

En su novela no se sabe qué país es el agredido o el agresor ya que quería “huir del maniqueísmo” y hacer sospechar al lector de que quizá el protagonista era del bando “de los malos” y están intentando reciclarle.

Según el autor, ahora no hay tantos “malos con tanta caradura” como ocurrió con los nazis, si se exceptúa a los terroristas del Daesh “que se hacen vídeos de promoción de lo malos que son”, o el presidente norcoreano Kim Jong-un, al que denomina el “playmobil”: “no sé si es un invento porque es tan increíble…”, dice.

En la ciudad transparente hay seguridad, bienestar, salud, trabajo digno y hasta entretenimiento, no es un campo de concentración y nadie se rebela. “No existe un poder más allá que el que ejercen entre todos ellos”, explica el escritor.

Loriga considera que la generación de los jóvenes de hoy es un poco más inquieta en la queja de lo que fue la suya aunque dice que quizá pueda ser solo aparentemente “hasta que les quitas” el móvil: “Hasta ahí llega su rebeldía”.

Sexo sin seso en el sistema educativo

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Los centros parecen tener dificultades en aceptar que algunos de sus estudiantes sean sexualmente activos, lo que lleva a un contenido que está fuera de la realidad de muchos jóvenes, con la consiguiente falta de discusión sobre cuestiones que son relevantes para ellos
Los centros parecen tener dificultades en aceptar que algunos de sus estudiantes sean sexualmente activos, lo que lleva a un contenido que está fuera de la realidad de muchos jóvenes, con la consiguiente falta de discusión sobre cuestiones que son relevantes para ellos

Las clases de educación sexual en colegios e institutos son de escasa calidad y están impartidas por profesores poco capacitados a los que abochorna esta materia, según afirma un estudio que ha encuestado a chicos y chicas de entre 12 y 18 años en varios países.

La educación sexual en secundaria es a menudo negativa, alejada de la realidad y con un fuerte sesgo heterosexual. Además, está normalmente impartida por profesores poco capacitados y que se sienten avergonzados, según un estudio, que incluye una síntesis de opiniones y experiencias de jóvenes de diferentes países.

La investigación, llevada a cabo por tres investigadoras de la Escuela de Medicina Social y Comunitaria de la Universidad de Bristol (Reino Unido), señala que el fracaso de las escuelas para reconocer que la educación sexual es un tema especial con desafíos únicos está haciendo un gran daño a los jóvenes. También supone una oportunidad perdida en el objetivo de proteger y mejorar la salud sexual de los alumnos.

Estudios cualitativos

Las expertas han basado sus conclusiones en 55 estudios cualitativos que exploran las opiniones y experiencias de jóvenes que habían recibido clases de educación sexual y relaciones en centros de Reino Unido, Irlanda, EE UU, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Japón, Irán, Brasil y Suecia, entre 1990 y 2015. Las autoras sintetizaron las valoraciones y encontraron que, pese a la gran variedad geográfica de los estudios, las opiniones de los jóvenes eran muy consistentes.

El estudio pone de relieve que los centros educativos fallan a la hora de reconocer el carácter distintivo de la educación sexual. Por ello, la suelen tratar como hacen con el resto de las materias.

Sin embargo, las encuestas del estudio indican que se afrontan a retos diferentes al enseñar este tipo de tema. En las clases mixtas, los jóvenes sentían humillación si no eran sexualmente experimentados y decían que a menudo armaban jaleo para enmascarar sus ansiedades. Por su parte, las chicas se sentían con frecuencia acosadas y juzgadas por sus compañeros masculinos.

Los jóvenes también criticaron el enfoque excesivamente ‘científico’ de las relaciones sexuales, que ignoraba el placer y el deseo. Y señalaron que percibían que el sexo se presentaba muchas veces como un “problema” que ha de ser gestionado. Los estereotipos también son frecuentes: a las mujeres se las representa como pasivas y a los hombres, como depredadores. También critican que se trate poco o nada el tema de la homosexualidad, la bisexualidad o el sexo transgénero.

Otro tema importante es que los centros parecen tener dificultades en aceptar que algunos de sus estudiantes sean sexualmente activos, lo que lleva a un contenido que está fuera de la realidad de muchos jóvenes, con la consiguiente falta de discusión sobre cuestiones que son relevantes para ellos, dicen las investigadoras.

Los jóvenes se quejaron además del énfasis que esta educación hace de la ‘abstinencia moralizante’, y una falta de reconocimiento de toda una gama de actividades sexuales en las que hayan podido participar. La educación sexual llega demasiado tarde para algunos alumnos, indican.

Una educación vital

Este tipo de educación también adolece de fallos en el suministro de información útil y práctica, tal como la disponibilidad de servicios de salud de la comunidad, lo que se puede hacer en caso de embarazo, los pros y los contras de los diferentes métodos de anticoncepción, o las emociones que pueden acompañar a las relaciones sexuales.

A los estudiantes también les desagrada que sus profesores les den educación sexual, no solo porque perciben que están mal entrenados y sienten mucha vergüenza, sino también debido a la posibilidad de que se vea afectada la relación profesor-alumno y se quiebren los límites.

Las autoras señalan que a pesar del bajo nivel de esta enseñanza, la educación sexual es considerada como vital por los responsables políticos para proteger la salud de los jóvenes, así como de los embarazos no deseados, el abuso y la explotación sexual.

La evidencia sugiere que los propios alumnos quieren que la educación sexual que se enseñe en los colegios e institutos utilice un enfoque positivo del sexo, con el objetivo de que los jóvenes disfruten de su sexualidad de una manera que sea segura, consensual, y saludable.

El apego allana el camino a la estabilidad emocional

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La “crianza con apego” (attachment parenting), término acuñado por el pediatra William Sears, es una corriente basada en los principios de la teoría del apego, término acuñado por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby en la psicología del desarrollo. Según esto, un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia, también conocido como apego seguro, es precursor del desarrollo de una personalidad segura e independiente, un buen comportamiento, independencia, y relaciones buenas y sanas. Este tipo de crianza tendrá efectos positivos durante toda la niñez, adolescencia y adultez
La “crianza con apego” (attachment parenting), término acuñado por el pediatra William Sears, es una corriente basada en los principios de la teoría del apego, término acuñado por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby en la psicología del desarrollo. Según esto, un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia, también conocido como apego seguro, es precursor del desarrollo de una personalidad segura e independiente, un buen comportamiento, independencia, y relaciones buenas y sanas. Este tipo de crianza tendrá efectos positivos durante toda la niñez, adolescencia y adultez

La denominada teoría del apego establece que las primeras relaciones en la infancia determinan cómo nos relacionamos afectivamente con los demás, lo que en algunos extremos puede marcar el origen de conductas de maltrato o violencia de género.

La Doctora en Psicología y profesora del departamento de Comunicación y Psicología de la Universidad de Alicante, Ana Rosser, explica que si un niño se cría en un entorno de apego “inseguro o ansioso” tendrá muchas opciones de que “su vida en pareja o su manera de actuar ante una ruptura se vea afectada”.

Rosser concreta que esto se debe a que “las figuras importantes en su crianza no se han convertido en una referencia de apego segura”, lo que deriva en un “miedo a quedarse solo” y, por consecuencia, a conductas de ese tipo al “perder ese punto de apoyo en el que se había convertido la pareja”.

“En el apego infantil puedes encontrar la explicación de por qué hay personas que necesitan tener a alguien cerca, son dependientes o celosas”, relata.

Parecido ocurre, aunque en casos más extremos, con los maltratadores: “la persona, con la ruptura, ve que se le tambalea todo y llega a conductas de acoso” o violencia.

La teoría del apego no empezó a estudiarse en profundidad en España hasta hace poco más de 6 años, aunque tiene su origen en la década de los sesenta, según detalla la que también es directora del grupo de investigación IPSIFAM (Grupo de investigación en Intervención psicosocial con familias y menores).

Los estudios emprendidos en la UA han determinado que el apego está relacionado con la resiliencia, es decir, con la capacidad de la persona para sobreponerse a situaciones difíciles durante su ciclo vital.

Así, un niño que se críe en un entorno que le aporte seguridad y confianza será mucho más capaz de afrontar con éxito los problemas y, además, desarrollará una personalidad mucho más abierta y confiada en los demás.

“Cuando no es así, aprende que no puede fiarse de los demás, cree que no es merecedor de su cariño, o que se hacen muy fríos”, es decir, conductas propias de personas “más dependientes y celosas”, ha insistido.

Rosser entiende que estas conductas son resistentes al cambio, ya que estas personas crean “esquemas mentales” que son muy difíciles de modificar, aunque no imposibles.

Para ello la persona deberá encontrar otra figura de referencia, ya sea una pareja o un educador, “que le dé seguridad y le haga cambiar ese esquema mental”.

“Igual que se educa emocionalmente, se pueden trabajar las condiciones para cambiar los estilos de apego”, concede.