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A un chasquido neuronal de la depresión

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Los problemas graves de comportamiento no necesitan "una catástrofe" en el cerebro previa
Los problemas graves de comportamiento no necesitan “una catástrofe” en el cerebro previa

Para que aparezcan problemas de comportamiento, como ansiedad, agresividad, esquizofrenia o depresión, no hace falta que se produzca “una catástrofe” en el cerebro, sino un ligero desequilibrio entre neurotransmisores, moléculas que permiten el intercambio de información entre neuronas.

Esta es una de las conclusiones de un trabajo realizado en ratones, en el que sus autores, liderados por científicos del Instituto de Neurociencias de Alicante, constatan que detrás de este “desbalance” en el circuito neuronal está el gen Grik4, en concreto un exceso de dosis del mismo.

Para mantener una función cerebral adecuada es necesaria una buena regulación del equilibrio entre la transmisión sináptica -comunicación entre las neuronas- excitatoria e inhibitoria, lo que sería el equivalente al “acelerador y el freno”, respectivamente, del sistema nervioso, recuerda el instituto alicantino en una nota.

Esto se logra con la liberación de las dosis adecuadas de sustancias químicas o neurotransmisores de uno u otro tipo -entre ellos, serotonina, dopamina, endorfinas, adrenalina, GABA o glutamato-.

Equilibrio roto

¿Qué pasa cuándo las dosis de alguno de estos neurotransmisores no son las adecuadas? Que el equilibrio en el circuito se rompe y aparecen patologías como la ansiedad, depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar o autismo, explica el investigador Juan Lerma, director del grupo de Fisiología Sináptica del Instituto de Neurociencias -centro del CSIC y la Universidad Miguel Hernández-.

En este trabajo se constata que la sobreexpresión del gen Grik4 afecta a la comunicación neuronal. “Hemos encontrado en la amígdala cerebral -vinculada a la agresividad, emociones, depresión o ansiedad- que la simple sobreexpresión de ese gen en las neuronas que componen el circuito produce un cambio en la eficacia de la comunicación entre esas neuronas”, explica Lerma, quien detalla que se trata de una modificación ligera, no dramática, pero suficiente para que aparezcan problemas de comportamiento, “lo que llama la atención”.

En concreto, el gen Grik4 es esencial para regular receptores del neurotransmisor excitatorio glutamato -relacionado con la información sensorial, motora y emocional, la memoria, etc-.

Esta investigación apunta que las alteraciones del comportamiento que caracterizan a las patologías como ansiedad, depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar o autismo, pueden tener un mecanismo común: un exceso en la tasa de liberación del principal neurotransmisor excitatorio del sistema nervioso central, el glutamato.

Amígdala cerebral

Y las manifestaciones que caracterizan a cada una de ellas dependerían del área del cerebro afectada por ese desequilibrio, en este caso la amígdala cerebral. “Hemos reproducido en modelos de ratón la duplicación de un fragmento del cromosoma 11, que contiene el gen Grik4, que se sabe ocurre en el autismo, y hemos visto que tiene un efecto en el comportamiento de los ratones semejante al que ocurre en humanos”, aclara Lerma.

Los roedores portadores de esta duplicación muestran signos de depresión, ansiedad y alteraciones de la conducta social características de las personas con trastornos del espectro autista.

Aunque se trata de una investigación básica y queda mucho trabajo por delante, “nuestros resultados destacan que la actividad aberrante persistente dentro de los circuitos cerebrales puede ser la base de los comportamientos disruptivos asociados a la enfermedad mental en humanos”.

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La sordera ya no es un obstáculo para aprender idiomas

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Estamos ante una nueva generación de niños con pérdida auditiva. El diagnóstico precoz, el apoyo de sus familias, educadores, logopedas y audiólogos, y sobretodo, una gran tecnología como los implantes cocleares, audifonos, y sistemas FM, permiten que nuestros hijos ya no tengan limites
Estamos ante una nueva generación de niños con pérdida auditiva. El diagnóstico precoz, el apoyo de sus familias, educadores, logopedas y audiólogos, y sobretodo, una gran tecnología como los implantes cocleares, audifonos, y sistemas FM, permiten que nuestros hijos ya no tengan limites

Gracias a la detección precoz de la sordera y la tecnología actual (implantes, audífonos y sistemas FM), muchos niños sordos ya no tienen porqué limitarse a un solo idioma oral, pues a su lengua materna pueden sumar el inglés o cualquier otro. La clave está en la motivación y la oportunidad de utilizar el segundo idioma en un contexto lúdico y familiar. Estas son las premisas en las que se basa un programa puesto en marcha por Dale Sindell, una profesional que padece una pérdida auditiva profunda y es madre de un niño con hipoacusia.

«Tengo una doble vida: me quito los audífonos y soy completamente sorda, pero con ellos funciono como una persona absolutamente normal, tanto en inglés, mi idioma materno, como en español y francés», señalaa Efe esta norteamericana afincada en España. Se declara, además, «totalmente oralista», pues nunca ha utilizado el lenguaje de signos. En España, el 90% de los chavales menores de 18 años con pérdida auditiva utilizan el lenguaje oral como forma de comunicación, un porcentaje que se va reduciendo conforme aumenta la edad. Así, sólo un 60% de las personas mayores de 20 años se comunica de esa forma.

Dale Sindell se empezó a plantear el tema del bilingüismo en los niños sordos a raíz de que al tercero de sus hijos le detectaron sordera y los profesionales en ese momento le aconsejaran un solo idioma para él. Para ella era difícil elegir pues en su casa se hablaba inglés y español. «Empecé a buscar, a informarme y mi intuición me dijo que debía enseñarle los dos idiomas».

El cien por cien de los españoles menores de 18 años con sordera utilizan prótesis. De ellos, un 57% son portadores de audífonos y más de 42% han sido sometidos a un implante coclear. Para el desarrollo normal de los niños sordos la familia es fundamental. Según el doctor norteamericano David Luterman, «la clave para estos niños está en la autoestima de la familia», explica Sindell, quien asegura que si los padres aceptan la condición de su hijo, «ese niño va a tener éxito». Afortunadamente, las familias ahora «son totalmente diferentes de las de antes».

Como prueba de ello, Dale cuenta el caso de una madre con una hija de más de veinte años que cuando se enteró de que era sorda, su propia familia le dijo: «no se lo cuentes a nadie». «Ahora los padres buscan información y saben muchísimo, han superado su dolor». Y ahí está el éxito de su página web: «hemos creado una comunidad en el que todos aportan y en la que las familias nuevas pueden plantear sus dudas y encontrar soluciones». Dale Sindell cree que hay que cambiar los viejos estereotipos sobre las personas sordas. «A veces, entre nosotros, pensamos que hay que dejar de utilizar la palabra sordo/a y buscar otra que defina mejor la nueva situación».

Dónde acudir

En 2008 Dale Sindell creó la página www.t-oigo.com, una comunidad virtual para las familias con deficiencia auditiva y el pasado año puso en marcha un programa de bilingüismo en el que participan universitarios estadounidenses que vienen a España a estudiar. De forma voluntaria y gratuita, estos jóvenes visitan semanalmente a familias de Madrid con hijos sordos, con los que juegan, cocinan, cantan y bailan utilizando siempre el inglés.

El programa sirve como un intercambio de idiomas, motiva a los niños para aprender inglés y, además, educa a las generaciones jóvenes sobre la pérdida auditiva y crea empatía, destaca Sindell, quien concede que «está funcionando fenomenal».

La experiencia piloto empezó años atrás y ya son numerosas familias las que se benefician de él, aunque su intención es ampliarlo progresivamente y extenderlo a otras ciudades. La idea central es motivar a las familias sobre las posibilidades reales de elegir una educación bilingüe para sus hijos a pesar de su pérdida auditiva.

Dale reconoce que en el acceso al lenguaje oral es fundamental contar con tecnología punta, ya sea audífonos o implantes. «Un niño que tenga acceso al sonido puede desarrollar una vida totalmente normal», ha subrayado.

Fango en la casa del saber

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La universidad debe ser, en teoría el lugar emanante de conocimiento sin límites, pero este se pierde en una máquina administrativa y corporativista que se retroalimenta de indolencia
La universidad debe ser, en teoría el lugar emanante de conocimiento sin límites, pero este se pierde en una máquina administrativa y corporativista que se retroalimenta de indolencia

El catedrático y político Francisco Sosa Wagner ofrece una visión crítica de la universidad española en su última novela, ‘Novela ácida universitaria’, subtitulada ‘Aventuras, donaires y pendencias en los claustros’, que ha sido publicada por la editorial El Funambulista.

Fuentes de la editorial explican que constituye “un retrato ácido de la universidad española alejado de la palabrería rectoral, pintado con colores tersos por el pincel irónico e implacablemente plástico del profesor Sosa Wagner”.

“El resultado es una hiperrealista naturaleza, aún no muerta, pero sí claramente moribunda”, añaden.

La historia narra las aventuras de un “hombre sin atributos y joven profesor universitario de provincias” llamado Adalberto, que ejerce de protagonista en esta “moderna y políticamente incorrecta novela picaresca”, y realiza un repaso por situaciones como “la opaca selección del profesorado, la arcana elección del rector o la obsesiva obtención de cargos y prebendas”.

También denuncia “las consuetudinarias zancadillas de los vicerrectores y de los vices de los vices, el imparable despliegue del personal de administración y servicios o las eternas reuniones de juntas, comités, comisiones y observatorios”.

Igualmente recrea “la misteriosa concesión de doctorados honoris causa, las peleas tribales por los proyectos de investigación, la peregrina lectura de algunas tesis doctorales, el lucrativo negocio de los másteres o los eternos intereses gremiales de la conferencia de rectores o el insondable papel de los sindicatos”.

En declaraciones efectuadas por el autor, Sosa Wagner explica que las situaciones que aparecen en el texto son episodios de la vida diaria universitaria.

“Soy muy crítico con la situación actual, sobre todo, con el gobierno de la Universidad, que está diseñado con los pies. Esto de que los rectores sean elegidos por un colectivo que queda perfectamente controlado por quienes ostentan el poder”, advierte.

Agrega que echa en falta, por ejemplo, que exista un cuerpo de funcionarios técnicos que se encargue de su dirección, puesto que la Universidad es una empresa muy compleja.

Sosa defiende que lo importante para el universitario es “mantener la libertad de ciencia, de investigación, de cátedra y de expresión”, y subraya que en un país democrático y en un Estado de derecho estas libertades deben estar “garantizadas”.

Sosa Wagner (Alhucemas, 1946) es catedrático universitario y escritor galardonado con varios premios literarios, entre ellos el Miguel Delibes de novela (1992) por su libro ‘Es indiferente llamarse Ernesto’.

El vértigo que lleva a la honradez

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Cuando se trata de grandes cantidades, el miedo o acaso la honradez hacen que la gente corriente se abstenga de delinquir
Cuando se trata de grandes cantidades, el miedo o acaso la honradez hacen que la gente corriente se abstenga de delinquir, cosa que no ocurre a aquellos que han normalizado el atraco

Un equipo de investigadores de instituciones estadounidenses y suizas ha llevado a cabo un estudio para indagar sobre la honradez y el civismo humanos, y se ha llevado alguna sorpresa. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista Science.

Los científicos pusieron en marcha un experimento en 355 ciudades de 40 países en el que fueron dejando hasta un total de 17.303 carteras ‘perdidas’ con diferentes cantidades de dinero en lugares privados y públicos.

Para su asombro, descubrieron que –frente a la lógica económica clásica– la gente devolvía las billeteras que contenían más dinero con mayor frecuencia en la gran mayoría de los países estudiados.

“La honradez es importante para el desarrollo económico. Por ejemplo, en lo que se refiere a contratos e impuestos y, en general, para el buen funcionamiento de las relaciones sociales. Sin embargo, a menudo entra en conflicto con los intereses personales”, dice Alain Cohn, de la Escuela de Información de la Universidad de Michigan y primer autor del trabajo.

En algunas de las carteras ‘perdidas’ del experimento no había dinero y en otras las cantidades variaban entre el equivalente a 13,45 dólares y 94,15 dólares. Los investigadores esperaban que las billeteras no devueltas fuesen las más sustanciosas, pero no sucedió así.

“En 38 de los 40 países, los ciudadanos fueron abrumadoramente más propensos a retornar las billeteras perdidas con dinero que sin él”, destaca Cohn.

En general, en todo el mundo, el 51% de los que encontraron una billetera con la menor cantidad de dinero la devolvió. Y cuando contenía una gran suma, la tasa de retorno aumentaba al 72%.

Los resultados dan una medida de los índices generales de honestidad cívica en el mundo, ofrecen una demostración de cómo la inclinación de las personas a mostrar preocupación por los demás puede ser mayor que sus preferencias por sí mismas, “aunque esa no sea toda la historia”.

Según comenta Michel André Maréchal, investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Zúrich y otro de los autores, “la gente también devolvió las billeteras con mayor valor debido a la preocupación por la autoimagen. El rechazo a verse a sí mismo como un ladrón puede ser más fuerte que las ganas de quedarse el dinero”.

Este aspecto fue explorado en encuestas de seguimiento diseñadas para entender mejor por qué la honestidad es más importante para la gente que el dinero. Además, varios experimentos adicionales que incluían, por ejemplo, dejar una llave a la billetera, incrementaron las devoluciones.

Todo ello confirmó que aquellos que devolvieron la billetera lo hicieron tanto por preocupación por la persona que la perdió como por su propia imagen, concluyen los autores.

Un puente de viñetas con personas sordociegas

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Se considera que una persona es sordociega cuando la combinación de las deficiencias visual y auditiva dificulta la comunicación con los demás. Algunas personas sordociegas pueden tener un resto de visión y/o audición y otras, en cambio, no oír ni ver nada. Algunos nacen con sordoceguera (congénita) y en otros casos la adquieren a lo largo de la vida por diferentes causas
Se considera que una persona es sordociega cuando la combinación de las deficiencias visual y auditiva dificulta la comunicación con los demás. Algunas personas sordociegas pueden tener un resto de visión y/o audición y otras, en cambio, no oír ni ver nada. Algunos nacen con sordoceguera (congénita) y en otros casos la adquieren a lo largo de la vida por diferentes causas

Los dibujantes Gallego&Rey son autores de ‘¡Ojo!… ¿oído?’, un libro divulgativo que busca plasmar la realidad de las personas sordociegas, y que ha sido realizado en colaboración con la Fundación ONCE de Atención de Personas con Sordoceguera (FOAPS).

A través de las viñetas e ilustraciones de Gallego&Rey, con el apoyo de textos explicativos, ‘¡Ojo!… ¿oído?’ trata de mostrar, “con rigor pero con humor”, la realidad de las personas sordociegas, mediante breves descripciones sobre la sordoceguera, a la vez que ofrece una serie de pautas y recomendaciones de comunicación que hay que tener en cuenta a la hora de dirigirse a una persona sordociega.

El libro se inicia con la definición de lo que es la sordoceguera y, a partir de ahí, va explicando los diferentes grados y formas que pueden presentarse y las necesidades a las que se enfrenta cada persona sordociega de forma individualizada.

La información está dirigida a mostrar cuáles son las principales vías y métodos que posibilitan la comunicación de estas personas con el resto y viceversa. Todo ello siempre bajo la particular visión de los humoristas gráficos.

Según Andrés Ramos se trata de “un folleto muy sencillo pensado para el gran público, para los ciudadanos y es una herramienta nueva que va a servir para que cualquiera que se asome a este balcón de la sordoceguera pueda entender lo que es este colectivo que, aunque es muy pequeñito, tiene muchas ganas de participar en la sociedad”.

Por su parte, Gallego&Rey, han reconocido que, “no era un asunto fácil”. “Uno se pone a pensar lo que supone la vida para una persona sordociega y lo nuestro es una broma. Teníamos una obligación moral de sacar adelante el proyecto y sacarlo con calidad y en ello hemos echado toda nuestra experiencia”, han matizado.

‘¡Ojo!… ¿oído?’ ha sido editado por la ONCE, a través de la Fundación ONCE de Atención de Personas con Sordoceguera, con la colaboración de la Unidad Técnica de Sordoceguera de la Organización, encargada de la elaboración de los textos.

La sordoceguera es una discapacidad que resulta de la combinación de dos deficiencias sensoriales (visual y auditiva), que genera en las personas que la padecen problemas de comunicación únicos y necesidades especiales derivadas de la dificultad para percibir de manera global, conocer y por tanto interesarse y desenvolverse en su entorno.

Algunas personas sordociegas son totalmente sordas y ciegas, mientras que otras tienen restos auditivos y/o visuales. El efecto de incomunicación y desconexión con el mundo que produce la combinación de las dos deficiencias es tal que la persona sordociega tiene graves dificultades para acceder a la información, a la educación, a la capacitación profesional, al trabajo, a la vida social y a las actividades culturales.

En la actualidad, las personas sordociegas pueden ser reconocidas por la sociedad gracias al bastón rojo y blanco, símbolo identificativo de este colectivo. Este elemento ha sido incorporado en sus vidas dada la importancia que tiene que los transeúntes les puedan reconocer fácilmente cuando caminan y ayudarles en sus desplazamientos, según ha explicado la ONCE, que ha señalado que “la difusión sobre este símbolo que les identifica es de vital importancia”.

A lomos del caballo pertinaz

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Urdida desde hace casi dos siglos, la teoría del envenenamiento opiáceo de la población con fines políticos ha ido saltando de un lado al otro del tablero sociocultural a lo largo de la historia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la creación del nuevo orden global y la asunción del prohibicionismo como asentado modelo de conducta en los estados modernos, su articulación se reconfiguró en el crisol holístico de la contracultura, propalándose a partir de entonces en el formato puramente conspiracional: «Sistema vs. ciudadano». Disfrazada de vieja incógnita en círculos amplios de la sociedad, creída como verdad irrefutable en otros, su influencia, lejos de desintegrarse en la era de la información, gravita aún hoy desde la ambigua nevera del subconsciente colectivo.
Urdida desde hace casi dos siglos, la teoría del envenenamiento opiáceo de la población con fines políticos ha ido saltando de un lado al otro del tablero sociocultural a lo largo de la historia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la creación del nuevo orden global y la asunción del prohibicionismo como asentado modelo de conducta en los estados modernos, su articulación se reconfiguró en el crisol holístico de la contracultura, propalándose a partir de entonces en el formato puramente conspiracional: «Sistema vs. ciudadano». Disfrazada de vieja incógnita en círculos amplios de la sociedad, creída como verdad irrefutable en otros, su influencia, lejos de desintegrarse en la era de la información, gravita aún hoy desde la ambigua nevera del subconsciente colectivo

La  nueva obra del historiador y sociólogo castellonense Juan Carlos Usó, intenta desmontar el mito del uso de la heroína por las fuerzas de seguridad para alinear a la juventud rebelde de la Transición.

En “¿Nos matan con heroína? Sobre la intoxicación farmacológica como arma de Estado”, editado por Libros Crudos tras más de cuatro años de investigación, Usó afirma que la realidad de la heroína en España fue “menos sórdida” de lo que “amplificaron”, a través de los medios de comunicación, los partidarios de esta teoría.

Usó es experto en drogas y contracultura en España, escritor especializado en la influencia histórica de las sustancias estupefacientes y autor de libros como “Drogas y cultura de masas”, y está considerado el continuador de la obra del filósofo y máximo experto en la materia, Antonio Escohotado, del que fue alumno.

La teoría conspirativa que motiva su libro apunta a que la introducción de la heroína en España estuvo “alentada, posibilitada e inducida” por los poderes del Estado con el fin de neutralizar el poder subversivo de la juventud española durante la Transición.

Una leyenda que, explica Usó, no es nueva y ha ido adaptándose a cada país y momento histórico para hacer “más digerible” una realidad tan “cruda” como absurda, en el caso que narra su libro, como que el auge en el consumo de heroína en la España de los 70 se debiera “a los propios consumidores” y no a un plan diseñado por poderes ocultos.

En España, las primeras denuncias públicas corresponden a 1915, cuando el periodista Mateo Santos Cantero denunció el envenenamiento que la droga, difundida en las farmacias, estaba causando. Era el pistoletazo de salida para las sucesivas teorías conspirativas, muchas de ellas cargadas de un moralismo que ahora resulta hasta inocente. Para descartar mitos, esa ‘cara B’ de la historia a la que tantos se aferran a pesar de las evidencias,

Usó repasa punto por punto los mayores hitos de una historia que parece no tener final a la vista. Analiza, por ejemplo, qué tuvo de verdad que ver el FBI con la abrupta historia de violencia del movimiento Black Panther Party (BPP). O cuánto hay de cierto en la propagación del ‘caballo’ en la juventud española de la transición y los años 80. Hay también espacio para otras anecdóticas y delirantes especulaciones, como las que ponen en el punto de mira al Club Bilderberg e incluso otras que mezclan, a modo de cocktail, a ‘dealers’ con grupos de rock y a psiquiatras conductistas con traficantes de armas.

“Este mito en torno a la heroína y antes incluso al opio se viene arrastrando desde el siglo XIX. En las guerras del opio ya se acusa a Inglaterra de envenenar a la población china con esta sustancia para colonizar el país. Más tarde se increpó a la China comunista de contaminar al mundo occidental por esta vía; y en los 70, la culpable fue la CIA”, añade.

El autor afirma además que dentro de la formulación del mito en España, éste se ha regionalizado. Tiene, por tanto, su lectura en Euskadi, otra en Cataluña, “donde hay quien dice que las fuerzas de seguridad abortaron así el pujante movimiento anarquista en Barcelona”, y lo mismo ocurre en Madrid “por parte de la Liga Comunista Revolucionaria”.

“Con el tiempo ves que esa teoría no tiene ni pies ni cabeza. Presenta a los consumidores como buzones de correos, como gente sin voluntad. Un fenómeno de consumo no se puede explicar sólo desde la oferta. ¿Qué hay de la demanda?”, apostilla.

En su libro también concluye que las muertes y el dolor ligados al consumo de esta droga “se han amplificado” por los medios, cuando a su juicio la realidad en España es “menos sórdida de lo que fue” y se identifica en muchas ocasiones con el sida.

En un impagable último capítulo, el autor realiza un análisis en el que explica las razones por las que cree que las teorías de la conspiración calan tan hondo, más aún gracias al poder de difusión y visibilidad que ahora les concede Internet. El ensayista estadounidense Mark Dery lo resume afirmando que “el exceso de racionalidad puede producir monstruos”. Y es posible pensar que los partidarios de ellas creen en un mundo en el que todo es más simple y responde a intereses ocultos. En el que el hombre no está solo y el mundo no avanza sin timón. Por compasión, irresponsabilidad, consuelo… Usó explica además sus razones para mostrarse a favor de la despenalización de las drogas.

La unión hace el ‘happening’

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George Maciunas, Dick Higgins, Wolf Vostell, Benjamin Patterson y Emmett Williams en una performance
George Maciunas, Dick Higgins, Wolf Vostell, Benjamin Patterson y Emmett Williams en una “performance”

El origen del Happening habría que buscarlo en el Surrealismo, en el llamado Teatro de la crueldad de A. Artaud y en la práctica misma del collage (entendido éste en su sentido más amplio, que abarca tanto fragmentos u objetos como acciones o personas).

El Happening establecía una relación estrecha con el público, inmerso, generalmente, en los espectáculos, reclamando su participación. En el happening intervenían, además, tres medios expresivos: el plástico-visual, el musical (sonidos y ruidos) y el teatral (monólogos y diálogos), aunque a veces incorporaban olores.

A pesar de que hacían uso de situaciones espontáneas, no se trataba de meras improvisaciones; el artista-creador preparaba un guión en el que se indicaban el escenario y las acciones, aunque dejaba los detalles a la libre elección de los actores-espectadores. Los trabajos del músico John Cage -sobre todo, sus conciertos en Black Mountain (1951-1952)- podrían considerarse un precedente histórico del Happening.

Las representaciones de los Happenings se realizaban, generalmente, al aire libre, aunque también se desarrollaban en espacios cerrados (tiendas, almacenes, metros, etcétera). El carácter abierto de sus estructuras y la indeterminación espacio-temporal (a veces estas acciones se realizaban en distintos locales y ciudades e, incluso, en diversos momentos, con la intención de romper con el sentido estático del teatro tradicional), hacían casi incompatibles estas manifestaciones con las instituciones artísticas usuales (museos y galerías).

Con ello, los creadores de Happenings pretendieron mantenerse alejados de los habituales círculos de comercialización. Sin embargo, muchos de estos espectáculos tuvieron como escenario importantes galerías, como la Reben Gallery de Nueva York.

Fue en los Estados Unidos de América donde se rea­lizaron las primeras manifestaciones de Happening, es­timuladas por las obras neodadaístas de Jasper Johns y de Rauschenberg. En la Reben Gallerg, Kaprow montaría, en octubre de 1959, su primer Happening, que llevaba por título 18 happenings in 6 parts.

A este siguieron otros, como Coca Cola Shirley Cannonball?, A Spring Happen­ing, The Courtyard, A service for the Dead. Kaprow se sentía muy cercano al automatismo de la «action painting», en especial al de Pollock, porque existían diferencias notables, pues mientras ésta prescindía de la capacidad crítica de reflexión, el «arte acción» de Kaprow activaba no sólo la imaginación, sino también la reflexión, así como el distanciamiento del espectador con respecto a la acción.

Con similar intensidad, y dentro del contexto americano, han realizado Happenings Robert Whitmann, que trabajó, fundamentalmente con celofán; Claus Oldenburg, que utilizó objetos en movimiento (los hombres entraban, asimismo, en la categoría de “objetos”); y Jim Dine. Para algunos críticos, estos montajes no fueron más que manifestaciones antiburguesas; un rechazo o una crítica al conformismo desplegado por los artistas pop.

El Happening realmente comprendía la extensión de una sensibilidad artística, o más precisamente una sensibilidad “collage-entorno” a una situación compuesta también por sonidos, duraciones de tiempo, gestos, sensaciones, incluso olores. Sus raíces permanecían en el estudio del artista y no en el teatro. No se suministraba al espectador un modelo de libreto y carácter; en cambio se lo bombardeaba con sensaciones que debía ordenar bajo su propia responsabilidad. Ésta era la esencia de una obra como El patio de Allan Kaprow. Aquí uno de los ejecutantes era un hombre que andaba lentamente en bicicleta, en círculos alrededor del espacio de la representación. Lo que usted elaborase con esto, si se encontraba allí, era cuestión suya.

Muchos artistas pop, incluyendo a Jim Dine y Claes Oldenburg, estuvieron mezclados con los Happenings. Quizás el más recordado de todos los eventos de Nueva York en este período sea El accidente automovílistico de Jim Dine, que se representó en la Galería Reuben en noviembre de 1960. Las fases sucesivas (que duraron como veinte minutos en total) eran una alegoría de las palabras del título.

En los Estados Unidos, la moda de los Happenings decayó, no sólo a causa de que los propios eventos perdieron su novedad, sino porque su papel les fue gradualmente robado por el teatro experimental o teatro fuera de Brodway. Éste adoptó no sólo muchas de las técnicas, sino también el nuevo “ethos” que los Happenings ayudaron a crear. En general, desde principios de la década del sesenta, la narrativa ha jugado una parte cada vez más pequeña en el teatro de avant-garde e igualmente ocurrió con la creación de carácter. Estos cambios brotan del arte contemporáneo.

Muy bien podría haber sido el mayor conservadorismo de las actitudes culturales en Europa el que hizo que, a pesar de que los Happenings dejaron súbitamente de estar de moda en Norteamérica, hubiera un surgimiento del entusiasmo por ellos a través del Atlántico, donde se los describió generalmente como “eventos”. Los países donde había quizá más actividad eran Inglaterra, Alemania y Austria. Fuera de Europa, se crearon eventos espectaculares en Japón. Los espectáculos montados por los europeos diferían en muchas maneras de los Happenings norteamericanos que les precedieron.

Eran más abstractos, menos específicos incluso que sus predecesores. Gran parte de su energía iba a la exploración de situaciones extremas. A veces, evidentemente, los artistas que tomaban parte en ellos parecían concentrarse en una búsqueda desesperada de lo inaceptable, de algo que los devolviese a la posición de rebeldes y enemigos de la sociedad. Al mismo tiempo, estos eventos europeos eran marcadamente más intelectuales que lo que se había hecho en los Estados Unidos. Había menos disposición para considerar esta forma de actividad como un mero retozo en el mundo del arte.

La obra aún más extrema, violenta y terrorífica pertenece a varios miembros del Grupo Viena en Austria; entre ellos Hermann Nitsch, Otto Muehl, Günther Brus y Rudolf Schwarzkogler. Muchos de sus eventos y acciones son irrefrenadas expresiones de fantasía sadomasoquista. Nirsch ha pretendido que toma sobre sí “lo aparentemente negativo, desabrido, perverso y obsceno, la pasión y la histeria del acto de sacrificio de manera que USTED se evita el desdoroso, vergonzoso descenso hacia el extremo”. Esto, válido o no, es un ejemplo de la aspiración hacia la intelectualidad, desconocida para los realizadores norteamericanos de Happenings de principios de la década del sesenta. El polo opuesto a la obra de este tipo estaba representado por el Estilo Bonito, la actitud estudiada, y las “performances” de los ingleses Gilbert y George.

El programa de televisión "Playboy after dark" recreaba el ambiente de los "Happenings" en las actuaciones de los grupos musicales
El programa de televisión “Playboy after dark” recreaba el ambiente de los “Happenings” en las actuaciones de los grupos musicales, pero en un tono lúdico-festivo

La propuesta original del Happening artístico tiene como tentativa el producir una obra de arte que no se focaliza en objetos sino en el evento a organizar y la participación de los “espectadores”, para que dejen de ser sujetos pasivos y, con su actividad, alcancen una liberación a través de la expresión emotiva y la representación colectiva. Aunque es común confundir el Happening con la llamada performance el primero difiere de la segunda por la improvisación, dado que es difícil una real improvisación, por la imprevisibilidad.

El Happening en cuanto a manifestación artística es de muy diversa índole, suele ser no permanente, efímero, ya que busca una participación espontánea del público. Por este motivo los Happenings frecuentemente se producen en lugares públicos, como un gesto de sorpresa o irrupción en la cotidianeidad. Un ejemplo de ello son los eventos organizados por Spencer Tunik en los cuales se implican a masas de gente desnuda.