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Amor en prados incendiados

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Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.
Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.

Susan Sontag pasará a la historia como ‘pensadora pop’. Galardonada con el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003 junto con la escritora marroquí Fátima Mernissi, Sontag ingresó a los 15 años en la Universidad de California, en Berkeley. De allí pasó a la de Chicago, en la que se licenció en 1951 en Filosofía y Letras.

A los 17 años contrajo matrimonio con Phillip Rieff, un profesor de Sociología, con quien estuvo casada nueve años y tuvo un hijo, David Rieff, también escritor.

Publicó su primera novela en 1963, ‘El benefactor’, y luego dos ensayos muy leídos durante la década de los sesenta: ‘Against interpretation’ (1966, publicado en español con el título de ‘Contra la interpretación’) y ‘Notes on camp’.

Susan Sontag pasó a formar parte del selecto grupo de pensadores pop. Aquellos que como Foucault, Eco o Zizek, trascienden popularmente por sus apariciones mediáticas más que por sus publicaciones o teorías. Intelectuales que capturan los signos de los tiempos. Y les encanta

En 1968 fue como periodista a la guerra de Vietnam y las vivencias que tuvo le impidieron seguir escribiendo.

Comenzó entonces a pensar en la posibilidad de dirigir una película, lo que se plasmó en la invitación de un productor de Estocolmo para que fuese a Suecia.

En este país filmó ‘Duett for kannibaler’ (1969) y ‘Broder Carl’ (1971). Combinó la actividad cinematográfica con la publicación de otros títulos, como ‘Estilos radicales’ (1969).

Europa

En 1972 sufrió una crisis personal que dio como fruto el libro ‘Bajo el signo de Saturno’ (publicado en 1980), en el que narra su relación con Europa, su identificación y sus percepciones en ese continente.

Al año siguiente dirigió otra película, ‘Promised lands’, en los Altos del Golán y sobre la guerra árabe-israelí.

Dos años después, y a raíz de que se le diagnosticara un cáncer, escribió ‘Illness as metaphor’ (editada en español como ‘La enfermedad y sus metáforas’).

En 1977 publicó ‘On photography’ (‘Sobre la fotografía’), por la que recibió el premio del Círculo de la Crítica Literaria de Estados Unidos, y al año siguiente el libro de narraciones cortas ‘Yo, etcétera’, uno de cuyos relatos sería la base para el guión de otra película, ‘Unguided tour’, rodada en Italia para la televisión.

Sontag era una autora dotada de una gran formación filosófica, interesada por la literatura de vanguardia, y que, según su colega Gore Vidal, se convirtió «más que ningún otro estadounidense en el eslabón con la literatura europea actual».

Bosnia

En 1992 publicó la novela ‘The volcano lover’ (‘El amante del volcán’) y un año después participó en la fundación del Parlamento Internacional de Escritores, creado en Estrasburgo (Francia) para defender la libertad de expresión y proteger a los autores perseguidos.

También viajó a Bosnia, en plena guerra, para impartir clases en la Academia Dramática de Sarajevo, donde montó, en colaboración con el director bosnio Haris Pasovic y actores de diferentes etnias, la obra ‘Esperando a Godot’, de Samuel Beckett.

Autora que consideraba que los intelectuales deben comprometerse, Sontag criticó duramente la negativa de otros escritores a viajar a Bosnia y pidió públicamente la intervención occidental en el conflicto.

Sontag, que denunció en diversas ocasiones que el fascismo avanza en Estados Unidos, regresó varias veces a Sarajevo para impartir clases de cine y desarrollar proyectos de enseñanza, lo que le valió el premio de Cultura de la Fundación Montblanc en 1994.

Además, en 1999 protagonizó un enfrentamiento con el escritor austriaco Peter Handke, a quien criticó por su defensa de las posiciones serbias en la guerra en los Balcanes.

Ese mismo año fue distinguida por el Gobierno francés con la Orden de las Artes y las Letras, en grado de comendador.

En 2000 recibió el galardón National Book por su obra ‘In America’ (‘En América’), una novela de ficción histórica, y al año siguiente el Premio Jerusalén de Literatura, el más prestigioso de Israel para escritores extranjeros.

Obras traducidas a 26 idiomas

Sontag, cuyas obras han sido traducidas a 26 idiomas, aceptó el galardón pese a las presiones para que lo rechazara, pero aprovechó la ocasión para condenar la ocupación israelí en los territorios palestinos.

Tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, publicó un ensayo en la revista ‘The New Yorker’ en el que decía que los atentados no habían sido «cobardes», como los calificó el Gobierno de George W. Bush, lo que le valió una lluvia de críticas.

Y en 2003, durante la Feria del Libro de Bogotá, recriminó al escritor colombiano Gabriel García Márquez por su silencio respecto a las ejecuciones y condenas de disidentes en Cuba.

Sus diarios

Considerada uno de los iconos intelectuales de Estados Unidos, Susan Sontag escribió a lo largo de su vida unos diarios que reflejaban su inteligencia audaz y su sed de cultura. David Rieff, su único hijo, publica la primera parte de estos textos, bajo el título de «Renacida».

«Mi decisión sin duda viola su intimidad», afirma con franqueza Rieff, al explicar en el prólogo de este libro, que verá la luz el 1 de abril editado por Mondadori, las razones que lo llevaron a difundir los diarios de su madre, que murió de cáncer sanguíneo en diciembre de 2004, a los 71 años, pero que, hasta pocas semanas antes de su fallecimiento, estaba «convencida de que sobreviviría».

Ese afán por vivir hizo que Susan Sontag, galardonada con el Premio Jerusalén, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio de la Paz de los libreros alemanes, muriera «sin dejar instrucciones» sobre sus archivos o sus escritos dispersos.

No ha debido de ser fácil para Rieff lanzarse a publicar en tres volúmenes una selección de los más de cien cuadernos que la gran escritora, una de las voces más críticas de Estados Unidos, fue redactando desde los catorce años hasta la última etapa de su vida. Y los redactó «solo para ella». «Nunca permitió que se publicara una frase siquiera», señala el hijo.

«Mi madre no fue en ningún sentido una persona proclive a la confidencia. En particular, evitaba hasta donde le era posible, sin negarla, toda referencia a su homosexualidad o todo reconocimiento de su propia ambición. Así que mi decisión sin duda viola su intimidad», afirma Rieff en el prólogo de «Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964».

En realidad «los diarios físicos» no le pertenecen a Rieff, ya que su madre, «cuando aún gozaba de buena salud», había vendido sus archivos a la biblioteca de la Universidad de California. El contrato establecía que ese sería su destino cuando muriera la novelista y ensayista, «como ha sido el caso».

Por eso, y aunque este escritor y reportero de guerra no era proclive a publicarlos, se dio cuenta de que, o los seleccionaba y preparaba él, «o algún otro lo haría. Pareció preferible seguir adelante».

«Creo que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, la Honradez», escribía Susan Sontag a los 14 años en su diario del que su hijo no ha excluido los fragmentos en los que quedara patente la «franqueza sexual» de la escritora o «la crueldad» de algunos juicios que emitía.

A los quince años, Sontag ya tenía claro que «La montaña mágica», de Thomas Mann, era «la mejor novela» que había leído hasta entonces, y hacía largas listas con los libros que debía leer.

La misma pasión que sentía por la literatura la trasladaba también a la música, «la más maravillosa, la más vivaz de todas las artes y la más sensual», decía la autora de libros como «En América», «Ante el dolor de los demás» y de la recopilación de sus ensayos en «Cuestión de énfasis».

Y es que en estos diarios, señala Rieff, «el arte es visto como una cuestión de vida o muerte».

«¿Cuánto hay de narcisismo en la homosexualidad?», se preguntaba Sontag en 1949, cuando ya había aludido varias veces en el diario a su relación con Harriett Somhmers Zwerling, a la que conoció cuando tenía dieciséis años y con la cual viviría después en 1957, en París. Más tarde mantendría una relación con la dramaturga María Irene Fornes, presente igualmente en estos escritos.

Con la misma naturalidad que escribía en abril del 49 que «nada sino humillación y degradación» sentía si pensaba «en relaciones físicas con un hombre», en septiembre reconocía que, tratándose de mujeres, hallaba «mayor satisfacción física en ser ‘pasiva’, aunque emocionalmente», era sin duda «el tipo amante, no el amado… (Dios mío, ¡qué absurdo es todo esto!)», añadía a continuación.

David Rieff cree que estos diarios «fluctúan entre el dolor y la ambición» y reflejan la «maestría en las artes» que tenía su madre, «su pasmosa confianza en la razón de sus propios juicios, su extraordinaria avidez».

Pero también revelan «su sensación de fracaso, su incapacidad para el amor e incluso para el eros. Se sentía tan incómoda con su cuerpo como tranquila con su mente», asegura Rieff.