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Metanfetaminas en el Tercer Reich

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Hitler recibía inyecciones con drogas casi a diario de su médico personal, Theodor Morell (en la foto), quien le administraba atropina, enzimas, anfetaminas, metanfetaminas, testosterona, proteínas animales… Y también es conocida la adicción del mariscal del Reich Hermann Goering, sin duda responsable en gran parte del colapso de la Luftwaffe después de la Batalla de Inglaterra. Y en los años anteriores, en el Berlín de la República de Weimar, el consumo de drogas (morfina, cocaína…) era habitual

El periodista y escritor alemán Norman Ohler indaga en la importancia que tuvieron las drogas en el III Reich en el ensayo ‘El gran delirio: Hitler, drogas y el III Reich’ (Crítica-Grupo Planeta). De hecho, según afirma, tal era el papel de los estupefacientes en la sociedad, ejército y élite política del país en la era del nazismo que “en los 50 todo el mundo en Alemania era drogadicto” y el “milagro económico” de los años de la posguerra se produjo gracias a la Pervitina.

“Todos sabemos que los nazis hacían todo hasta el extremo, pero también llevaron el abuso de las drogas hasta el extremo”, explica Ohler. Así, según continúa el autor de este libro, resultado de cinco años de investigación en archivos alemanes y estadounidenses, “las drogas estaban en todas partes del sistema”, pues su consumo estaba extendido en todos los ámbitos: población civil, ejército, campos de concentración y élite política. Hasta el Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels o el comandante Hermann Göring tomaban drogas de manera habitual.

Incluso Hitler era un drogadicto, según ha confirmado el autor del libro, pues “era el Führer también cuando se trataba de las drogas, era el líder de las drogas”. Tal y como expone en su libro, Hitler, que padecía de dolores de estómago, tenía un médico personal llamado Theodor Morell que le recetaba hasta 74 estimulantes distintos, entre ellos Eukodal (un “opiáceo muy fuerte”) o cocaína, sustancia que sólo tomó durante unos pocos meses. “Lo que hizo su médico fue mantenerle en su camino hasta el final, porque vemos que el uso bestia de las drogas sucede más tarde, en la guerra, cuando las utiliza para estabilizarse”, señala.

Con respecto a cómo llega la población civil a consumir drogas durante estos años en Alemania, Ohler explica que su origen se encuentra en la comercialización de la Pervitina, una droga que estaba compuesta de metanfetamina, y que era legal cuando salió al mercado, pues se comercializó como “algo que era bueno contra todo, para combatir la depresión o el aburrimiento”.

Pese a las advertencias del secretario de Sanidad nazi Leonardo Conti, que decía que el consumo de drogas iba “en contra” de la ideología nazi, “todos la seguían utilizando [la Pervitina] y al ejército no le importaba” lo que se decía de la droga. En este sentido, Ohler recalca la importancia que tuvieron los efectos de la metanfetamina en los soldados nazis. “En la guerra contra los franceses distribuyeron 35 millones de pastillas, así que las drogas sí jugaron un papel muy importante para el ejército”, justifica el ensayista.

Sin embargo, el consumo de sustancias en el ejército alemán no supone una excepción con respecto a la época. Según indica Ohler, los franceses, por ejemplo, también tenían su propio “suministro de drogas”, sólo que “su droga era el vino tinto”. “Cuando llegaba la noche estaban agotados, así que, comparando el vino tinto con la metanfetamina, está bastante claro quién va a ganar”, apunta.

Preguntado sobre si el curso de la historia hubiese sido distinto de no ser por el abuso de este tipo de droga en el ejército alemán, el autor es escéptico. “Desde luego que hubiese cambiado, pero no sabemos cómo, a lo mejor seguiría habiendo un gobierno nazi en Alemania, pero eso es una grandísima especulación”, comenta.

En este sentido, considera que, por un lado, la metanfetamina fue un factor importante para ganar en las llamadas ‘guerras relámpago’, pero también reconoce que los alemanes siempre tenían un “sistema perfecto” a la hora de abordar las batallas. “Todo era una especie de maquinaria perfecta y las drogas eran parte de esta maquinaria –narra–. Si sacas las drogas de la ecuación, es posible que esa máquina hubiese sido más lenta”.

Según Ohler, hay estudios que afirman que el consumo de Pervitina reducía el miedo. Para entender cómo influía esto en los soldados, el autor ha hecho referencia a un hecho que aconteció en la primera batalla de la campaña, cuando los alemanes entraron en Bélgica en mayo de 1940. Así, comenta que, en una de estas batallas, los alemanes “entraron arramblando con todo y sin ningún tipo de miedo, y los belgas estaban tan sorprendidos con esto que huyeron, porque pensaban que estos soldados alemanes estaban locos”.

“A veces las batallas se deciden por algo psicológico, si estas luchando contra alguien que ves que está fuera de control y no tiene ningún tipo de miedo, esto se convierte en un enemigo muy peligroso”, justifica el autor, que opina que también pudo haber sido determinante en la derrota nazi. “Perdieron por diferentes motivos, hay informes que decían que había tropas de soldados que estaban deprimidos porque no tenían Pervitina, pero no se puede decir que perdieran por eso, pero sí decir que dejó de ayudar”, argumenta el escritor, que piensa que la droga fue “muy útil en la ‘guerra relámpago’, pero no en la guerra de desgaste”.

Asimismo, el abuso de drogas estaba implantado en los campos de concentración. “En Auschwitz, las SS tenían problemas a la hora de interrogar a los luchadores de resistencia polacos, no hablaban, así que les empezaron a dar mezcalina sin decírselo, café con mezcalina, un alucinógeno, que es una planta mexicana”, manifiesta el alemán.

De hecho, según continúa, estos experimentos llevados a cabo con los reclusos en los campos eran de interés para los norteamericanos. “Cuando liberaron los campos de concentración, tomaron todas esas notas y las utilizaron para sus propios programas de lavado de cerebro, como el MK Ultra”, destaca.

Por otro lado, el escritor ha hablado sobre el uso y abuso de drogas en los ejércitos actuales. Ohler afirma rotundamente que sabe que este sistema está implantado hoy en día, tanto en el ejército alemán de ahora, que toma Modafinil, “la droga con la que la mayoría de los ejércitos está experimentando ahora mismo”, o en los pilotos de drones, que consumen la ‘go pill’.

Igualmente, le parece “interesante” que este método también se haya extendido hasta el Estado Islámico, donde consumen Captagon, también compuesto por metanfetamina, cuya producción se trasladó a Túnez cuando Bulgaria y Rumanía –países donde se empezó a producir– se unieron a la UE. “La meta también te quita el hambre, así que es una droga perfecta para luchadores árabes o terroristas”, indica el autor, que cree que en ambos casos, este tipo de sustancias “les hace ser unos luchadores más eficaces”.

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Cernuda, biógrafo de la pérdida

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Cernuda fue conocido sobre todo por el conjunto de su obra poética, bajo el título de "La realidad y el deseo" , además de como un crítico exigente y original
Cernuda fue conocido sobre todo por el conjunto de su obra poética, bajo el título de “La realidad y el deseo” , además de como un crítico exigente y original

Después de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado, solo puede estar Luis Cernuda, escribe Francisco Brines al respecto del autor de “La realidad y el deseo” y el poeta que mejor escribió sobre el amor, la soledad y el sufrimiento.

Así lo considera Antonio Rivera Taravillo, autor de la biografía “canónica” sobre el gran poeta sevillano de la generación del 27, con cuyo primer tomo ganó el premio Comillas. En ella deja claro que Cernuda “dotó de sentido moral a la poesía española y la hizo insobornable”.

Con motivo de los múltiples homenajes a Cernuda está a disposición del lector “Leve es la parte de la vida que como dioses rescatan los poetas (poemas para Luis Cernuda)”, editado por la revista Áurea.

En el libro han participado Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Andrés Trapiello, Luis Alberto de Cuenca, Pablo García Baena, Luis Antonio de Villena, Juan Gelman y la premio nobel Herta Müller, entre otros muchos poetas.

Además este volumen aporta un manuscrito inédito de Cernuda con los borradores del “Soliloquio del farero” y dibujos y fotografías inéditas suyas. También se proyectarán imágenes del autor de “Los placeres prohibidos” y se podrá escuchar su voz grabada.

Aquellos que deseen aproximarse a Cernuda pueden recorrer la etapa madrileña del poeta y su vinculación con el Ateneo, que solía frecuentar con Federico García Lorca y Vicente Aleixandre.

“Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos/como nace un deseo sobre torres de espanto. Amenazadores barrotes, hiel dolorida/Noche petrificada a fuerza de puños/Ante todos, incluso el más rebelde/Apto solamente en la vida sin muros”. Así escribe el poeta en uno de sus libros emblemáticos, “Los placeres prohibidos”, donde habla sin tapujos de su homosexualidad.

Cernuda nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y vivió allí hasta 1928, hijo de una familia burguesa. El 5 de noviembre de 1963 murió de un infarto en México, donde vivía desde hacía años en casa de Concha Méndez, madre de Paloma Altolaguirre, su amiga, quien le encontró tirado en el suelo, con la máquina de escribir al lado y un libro de Emilia Pardo Bazán sobre la mesa.

Su participación activa a favor de la República hizo que cuando cuando se marchó a Inglaterra para dar unas conferencias ya no pudiera volver por la victoria de los nacionales. Allí comenzaría su “destierro definitivo”, con un peregrinar por Francia, Estados Unidos y finalmente México.

Independiente, aliado de la soledad constante, rebelde, con dolor y con nostalgia por una España de la que se separó no solo físicamente sino “espiritualmente”, escribía: “Soy español sin ganas/Que vive como puede bien lejos de su tierra/Sin pesar ni nostalgia”.

Cernuda sentía admiración por Unamuno, de quien decía que era el mejor poeta de España. Y es que en la poesía de este sevillano también están el pensamiento y la emoción, la poesía pensada: él siente el pensamiento y piensa el sentimiento que dijera Unamuno.

El biógrafo Antonio Rivero Taravillo recoge unas palabras de Cernuda que dejan ver muy bien su sentir vital: “Una constante en mi vida ha sido actuar por reacción contra el medio donde me hallaba. Eso me ayudó a escapar al peligro de lo provinciano…”.

Gran amigo de Lorca, Cernuda no se llevó mal con Alberti, de quien dijo que era “el cristal capaz en un instante de romperse”, y siempre reprochó a Vicente Aleixandre que no hablara de su homosexualidad.

Moderno, primero surrealista, luego metafísico, poeta del amor, “romántico por excelencia”, admirador de Bécquer, Cernuda está enterrado en México. Cualquier momento es una oportunidad para volver a su poesía sobre la pérdida y la soledad, la de un poeta de la otra España.

Poeta en el exilio

Antonio Rivero Taravillo, biógrafo del poeta sevillano Luis Cernuda, ha dicho que éste creció como poeta en su exilio británico de casi diez años, donde fue “infeliz”.

Rivero Taravillo habla de los años que Cernuda pasó en Escocia (1939-1943) como lector de español en la Universidad de Glasgow. “Cernuda fue muy infeliz en aquellas tierras, pues no tenía vocación académica, apenas hablaba el idioma inglés y, tras ver cómo perdía la contienda la República, se vio de bruces en otra guerra, la Segunda Mundial”, cuenta.

“Glasgow sufrió los bombardeos, y Cernuda se refugió en algo que a la postre redundaría en su crecimiento como poeta, la lectura, mediante el contacto con esa tradición, especialmente la romántica, con la que sentía una especial identidad”, según Rivero Taravillo.

Ha añadido que en Glasgow, “la ‘ciudad caledonia’ de la que abominó, se gestó su libro de prosa poética y memorialística, ‘Ocnos’, y allí escribió algunos de sus mejores poemas pertenecientes a ‘Las nubes’ y ‘Como quien espera el alba'”.

Así, se trata de un poeta en cuya obra “España tiene gran importancia, ya que estuvo a punto de alistarse en las Brigadas Internacionales”, según Rivero Taravillo, quien tradujo en colaboración con Catriona Zoltowska varios poemas de quien está considerado el máximo poeta gaélico escocés del siglo XX.

“Para mí es muy emocionante la coincidencia; recuerdo que, a su muerte, participé en un programa de la emisora gaélica BBC Alba en el que Seamus Heaney y otros poetas le rendimos tributo”, ha señalado Rivero Taravillo, también poeta y traductor.

Rivero pergeñó su biografía en dos volúmenes “Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938)”, que obtuvo el Premio Comillas en 2007, y “Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963)”. Precisamente fue en Londres donde Cernuda residió entre 1945 y 1947 en compañía del pintor Gregorio Prieto, antes de marchar a Estados Unidos.

Otros estudios destacan la participación de Cernuda en la colonia de niños vascos que se asentó en la finca de Lord Faringdon, en las proximidades de Oxford. Según ha recordado Rivero, “en ese contexto Cernuda escribió el terrible y hermosísimo poema ‘Niño muerto’, del que se ofrecen las circunstancias en este segundo tomo de la biografía”.

“El Instituto Cervantes de Londres ocupa la sede en el barrio de Belgravia del que fue Instituto de España, que montó en la capital británica Leopoldo Panero y al que fue en varias ocasiones Cernuda, que fue profesor de la otra institución cultural española en Londres, el Instituto Español que contó con el apoyo de Negrín”, ha señalado el biógrafo.

“En muchos aspectos, por modales, educación, dandismo, flema y sintonía, Cernuda fue el más británico de su generación, sin que ello impidiera que se rebelara contra esa sociedad mercantilista y fabril, tan ajena a su Sur añorado. Ni que una vez montara en cólera ante un poeta que reivindicaba el dominio británico de Gibraltar, como se muestra en una de las cartas inéditas a Salvador de Madariaga que reproduzco en el libro”, ha concluido el biógrafo.

Cernuda comenzó su exilio en 1938, en plena Guerra Civil, cuando marchó para dar unas conferencias y ya nunca regresó, ya que posteriormente viajó a EEUU y a México, donde vivió sus últimos años.

Anochecer ‘beatnik´ en el epitafio ‘grunge’

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La heroína formó parte de la oscura identidad de William S. Burroughs —cuyo nacimiento en San Luis (Misuri) hace hoy 100 años supuso la llegada del mesías moderno de esta devastadora droga— y de Cobain, cuyo suicidio en abril de 1994 estuvo provocado no solo por su incapacidad para digerir el fétido futuro mercantil que le estaba reservado a su famoso grupo, Nirvana, sino también por los estragos de la letal sustancia, en la que el bello ángel del grunge había refugiado su dolorida alma de eterno niño varado
La heroína formó parte de la oscura identidad de William S. Burroughs —cuyo nacimiento en San Luis (Misuri) hace hoy 100 años supuso la llegada del mesías moderno de esta devastadora droga— y de Cobain, cuyo suicidio en abril de 1994 estuvo provocado no solo por su incapacidad para digerir el fétido futuro mercantil que le estaba reservado a su famoso grupo, Nirvana, sino también por los estragos de la letal sustancia, en la que el bello ángel del grunge había refugiado su dolorida alma de eterno niño varado

Mito de la contracultura, maldito, transgresor, innovador en la escritura, el arte y el lenguaje, Williams Burroughs,  es el autor de “El almuerzo desnudo”, uno de los iconos de la denominada “Generación Beat”. Por otro lado, Kurt Cobain, el cantante, guitarrista y compositor de Nirvana, un mito musical, otro icono del subsuelo, de lo alternativo, del “grounge”, que se quitó la vida el 5 de abril de 1994.

William S. Burroughs (Saint Louis, Missuri, 1914-Kansas, 1997) tuvo con Cobain una relación que ha quedado plasmada también en imágenes, unas fotografías desconocidas que aparecieron tras la muerte del cantante, ocultas en unos cuadernos manuscritos, y que muestran que el sueño que Cobain tenía de visitar a Burroughs, su ídolo, se cumplió. Con motivo de este hecho se publica “Nada es verdad, todo es mentira. El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs”, de Servando Rocha, en Alpha Decay.

Un material que sacó la viuda del cantante de Nirvana, Courtney Love, quien posee todo su legado. Y este es el leitmotiv, el punto de fuga del que parte Servando Rocha para escribir su ensayo, un homenaje a estos dos iconos y un relato en el que el arte, la música y la rebelión de todo el siglo XX es otro de los protagonistas.

“A Burroughs no le gustaba la música de Nirvana, le gustaba el ‘blues’, Leadbelly, Billy Holliday; sin embargo Cobain idolatraba al maestro de la periferia, al escritor, pintor, duro y poético, al amante de las armas, las drogas, al padrino del punk, y, sobre todo, al rebelde, al buceador del subsuelo que llamaba a la rebelión y decía que el lenguaje era el virus del poder”.

Prueba de ello era que Cobain en sus diarios tenía una entrada que decía: “Me encanta todo lo que empieza por B: Bukowski, Beckett, pero sobre todo Burroughs”. Cuando se encontraron el escritor tenía 83 años y Cobain moriría unos meses después.

“Tras la visita, Burroughs, que le escribió una gran dedicatoria y le regaló un autorretrato que terminó con un disparo del autor -explica Servando Rocha-, este le dijo a su ayudante: ‘Es un chico raro, frunce el ceño sin ningún motivo'”.

Y cuando se enteró de su suicidio espetó: “Él ya estaba muerto”.

En el libro Rocha también recoge la imagen que Burroughs le envió a Cobain con motivo de su 27 cumpleaños, un collage realizado por Burroughs en el que se ve a Cobain despidiéndose desde una habitación en donde estaba el acumulador de orgón (una máquina que supuestamente aumentaba la potencia sexual) vieja y rota.

Un regalo con una dedicatoria que dice: “Para Kurt, con mis mejores deseos en su veintisiete cumpleaños y que cumplas muchos más…”

Y es que resulta, para echar más misterio al asunto, que cuando Cobain se suicidó, una de las teorías “conspiratorias”, y que Servando Rocha comenta, es la que achacaba a Burroughs el haber sido culpable colateral de su muerte, porque Cobain se compró una de estas máquinas, una “Dream machine”, una máquina de los sueños en cuyo interior supuestamente podías entrar en trance y, si te pasabas, podías hasta volverte loco.

En las páginas de este libro, escritores outsiders, músicos y artistas oscuros comparten un mismo fuego y bailan en torno a la figura de Burroughs, quien parece hablarles como si fuesen ellos los destinatarios de la dedicatoria incluida en “Ciudades de la noche roja”: “A todos los escribas y artistas y practicantes de la magia a través de los cuales se han manifestado estos espectros… Nada es verdad. Todo está permitido”.

Un escocés contra el Régimen

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Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie "era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan"
Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan

Stuart Christie, el anarquista escocés que participó en un plan para atentar contra Franco, relata su aventura en ‘Franco me hizo terrorista’, memorias que constituyen “una contribución a la historia de la lucha antifranquista española”, según el autor.

Publicado por Temas de Hoy, el libro narra el viaje desde su país natal hasta un lugar que desconocía y en cuyo cambio histórico quiso participar. “Lo único moral que podía hacer era ofrecer mis servicios para una acción antifranquista”, afirmó Christie durante la presentación de la obra.

Su temprano interés por Franco nació en su adolescencia, a raíz de las anécdotas que sus familiares y círculo de amigos contaban sobre la Guerra Civil y su participación en las Brigadas Internacionales, aunque quien más influyó en él fue su abuela, que le proporcionó “un barómetro moral en cuanto al bien y el mal” y a la que ha dedicado el libro ‘Mi abuela me hizo anarquista’.

En agosto de 1964, Christie recibió instrucciones para cumplir con su primera misión internacional. Debía entrar en España desde Francia con un cinturón de explosivos que, una vez en Madrid, le entregaría personalmente a otro contacto de la red junto con una carta que el escocés pasaría antes a buscar por las oficinas de American Express.

Explosivos en la zamarra

Después de recoger los explosivos en París, Christie debía viajar en tren hasta Toulouse, de allí a Perpiñán y, luego, intentar introducirse en automóvil en España.

Con tan sólo 18 años, el joven anarquista escocés llegó a España en autoestop y cruzó la frontera sin ser detenido. A pesar del calor que hacía en agosto de 1964, Christie llevaba puesta una zamarra en la que escondía una carga de explosivos.

La misión, organizada por Defensa Interior, tenía como objetivo atentar contra Franco y cambiar así el curso de la historia española. Pero su estancia en libertad duró muy poco, ya que horas después de pisar Madrid, con tiempo sólo de comerse un bocadillo en un bar de la Puerta del Sol, a escasos metros de la Dirección General de Seguridad, fue detenido por agentes de la Brigada Político Social.

Encarcelado y juzgado, fue condenado a 20 años de prisión. El indulto personal de Franco llegó a mediados de agosto de 1967, tres años después de su detención. La cárcel de Carabanchel, “donde no vi a ningún miembro del Partido Socialista”, fue para él una “universidad de la vida”.

En un partido del Real Madrid

Stuart Christie emprendió su misión sin estar al corriente del plan, ya que su papel era sólo de enlace que debía entregar los explosivos. “Años más tarde me enteré de que el plan era atentar contra Franco antes o después de un partido de fútbol en el estadio Santiago Bernabéu”.

La publicación de ‘Franco me hizo terrorista’ constituye para su autor una oportunidad de ofrecer su propio testimonio de lo que pasó “y dar algo de empuje a la campaña para clarificar y abrir el proceso de la ejecución de los dos militantes anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado”.

Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie “era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan”.

Sainetes de Carabanchel

Todavía hoy el autor desconoce quién le delató, aunque en el interrogatorio que le hicieron al ser detenido estaba claro que “hubo contactos estrechos entre la policía social y el servicio británico”. “Años después”, continúa, “descubrí que hubo dos infiltrados, Guerrero Lucas e Inocencio Martínez”.

La historia que narra el libro fue el viaje iniciático de Stuart, en lo físico y en lo personal. Fue una experiencia vital que emprende en el momento en que entra en la cárcel en un país y una cultura desconocidos y junto a personajes de todo tipo.

En la España de Franco, la cárcel de Carabanchel era un punto de libertad. Así, de no ser porque las historias que cuenta este idealista, ingenuo e inexperto son tan serias, nos parecerían sainetes.

La efervescente Ana Frank

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Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad
Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad

Investigadores holandeses han logrado descifrar dos nuevas páginas del Diario de Ana Frank, que habían sido teñidas por su autora, según indica el museo de Ámsterdam que lleva el nombre de la niña judía de 13 años cuyo libro ha pasado a la historia de la literatura.

La propia Ana Frank tiño esas dos páginas, pero nuevas técnicas digitales han permitido descifrar su contenido: una donde contaba chistes subidos de tono y otra que recogía preguntas y respuestas sobre lo que debería decir una joven si le preguntan acerca de la educación sexual y la prostitución.

El estudio, que forma parte de una investigación permanente abierta por la Casa de Ana Frank, fue llevado a cabo por el Instituto Huygens de Historia Holandesa y el Instituto para Estudios de Guerra, Holocausto y Genocidio (NIOD).

Las páginas revelan más información sobre la personalidad de Ana Frank “como niña, adolescente y escritora”, según Peter de Bruijn, del instituto Huygens.

Los expertos consideran que este descubrimiento refleja “un intento cauteloso de escribir más que un diario, donde se mezcla la realidad y la ficción” y presenta a una niña que escribió abiertamente sobre la sexualidad.

Sobre por qué cubrió estas páginas, De Bruijn explica que la niña “no podía arrancar páginas de su diario”, pero “estaba avergonzada” de algunas de las cosas que escribió.

Ana Frank murió en febrero de 1945 en el campo de concentración de Bergen Belsen, en Alemania, y su diario, que abarca su escondite entre 1942 y 1944 en un refugio de un edificio en el centro de Ámsterdam, fue encontrado más tarde y publicado como un importante testimonio de esa época.

“Ana Frank escribe sobre la sexualidad de una forma encantadora“, comenta Ronald Leopold, del museo de la Casa de Ana Frank en Ámsterdam. “Al igual que todas las adolescentes, tiene curiosidad sobre este tema“.

Esa sensación es compartida por Frank van Vree, director del Instituto Niod, que ayudó a descifrar el contenido de las páginas.

“Cualquiera que lea los pasajes que acaban de ser descubiertos será incapaz de evitar una sonrisa”, espeta.

“Las bromas ‘sucias‘ son clásicas entre los adolescentes. Dejan claro que Ana, con todos sus dones, era sobre todo una niña normal“.

Uno de esos chistes dice: “¿Sabes por qué hay chicas de las Fuerzas Armadas alemanas en Holanda? Para servir de colchón a los soldados“.

En otro se lee: “Un hombre tenía una esposa muy fea y él no quería tener relaciones con ella. Una noche llegó a casa y luego vio a su amigo en la cama con su esposa, y luego el hombre dijo: ‘¡A él le gusta y a mí me toca hacerlo!’”.

El Museo de Ana Frank explica que esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad.

Sobre su decisión de publicar unas páginas que Ana Frank claramente quería mantener ocultas, el Museo arguye que su diario, un documento de patrimonio mundial registrado por la Unesco, tiene un gran interés académico.

Pero agrega que esas páginas “no alteran nuestra imagen de Ana“.

“Con el paso del tiempo Ana se ha convertido en un símbolo mundial del holocausto, y Ana, la niña, se ha ido difuminando en un segundo plano.

“Estos textos —literalmente— descubiertos nos devuelve al primer plano a la curiosa y, en muchos aspectos, precoz adolescente“.

Ana Frank se ocultó en un anexo secreto de una casa de Ámsterdam el 5 de julio de 1942, aproximadamente un mes después de recibir un diario por su 13 cumpleaños.

Vivió con su familia y amigos allí hasta que fue descubierta dos años después. La razón por la que fueron descubiertos, después de lograr permanecer ocultos tanto tiempo, sigue siendo un misterio.

La adolescente murió de tifus en el campo de concentración de Bergen-Belsen a los 15 años.

Su padre, Otto, fue el único de los ocho ocupantes de la “casa de atrás” que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y pudo publicar el diario de su hija.

Pícaros voltios de euforia

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El periodismo, insistía Tom Wolfe, es ante todo una cuestión de mirada. De mirada y, claro, también de almidón tensando los cuellos de esas camisas blancas firmemente apresadas bajo unos trajes aún más blancos
El periodismo, insistía Tom Wolfe, es ante todo una cuestión de mirada. De mirada y, claro, también de almidón tensando los cuellos de esas camisas blancas firmemente apresadas bajo unos trajes aún más blancos

En “La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop”, Tom Wolfe examina provocativamente, sobre el terreno, los recientes monstruos sagrados, las instituciones de la era pop, los representantes de la nueva cultura…

… Los surfers, los locos de la moto, los Muchachos de la Melena y la estética de lo rancio, Hefner (Playboy), el rey de los reclusos voluntarios, la top–less trucada con silicona, el revoltijo mcluhaniano, los swinging London, las heathfields y las dollies, los hoteles climatizados, la decadencia del cocktail-party y la aparición de la cena-con-mono, la nueva etiqueta de la nueva café-society neoyorkina.

Entre los sorprendentes fenómenos sociales que estimulan a Tom Wolfe aparece un tema recurrente: la búsqueda de status por parte de las nuevas generaciones o (lo que es el reverso de la medalla) el ocaso de las jerarquías sociales tradicionales.

En conexión con este fenómeno se testimonia la aparición de fórmulas artísticas y códigos de conducta absolutamente ajenos al viejo stablishment.

“Escribí estas historias –señala el autor–, salvo dos («El hotel automatizado» y «Nuevo libro de etiqueta de Tom Wolfe»), en un período de diez meses, después de la publicación de mi primer libro: The Kandy-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby. Fue una época extraña para mí, con varios pícaros voltios de euforia. Anduve de un lado a otro del país y luego, de un lado a otro de Inglaterra. ¡Qué gente conocí…! ¡Qué cosas hacían…! Estaba extasiado. Conocí a Carol Doda. Había inflado sus pechos con silicona emulsificada; más tarde se convirtió en pieza clave de la industria turística de San Francisco. Conocí a un grupo de surfers: la banda de la casa de la bomba. Asistieron a la sublevación de Watts como si se tratase de una partida en la bolera de Rose, en Pasadena. Fueron a ver a los «negros borrachos» y éstos los reprendieron por escandalosos. En Londres conocí a Nicki, una tenaz muchacha de diecisiete años, que se apuntó un tanto frente a sus condiscípulas al hacerse con un amante kurdo y cojo. Conocí a un oficinista de los de nueve libras a la semana, llamado Larry Lynch. Pasaba todos los días la hora del almuerzo, con otros cientos de trabajadores adolescentes, en las profundidades alucinantes y oscuras como boca de lobo del Tiles, un club nocturno de mediodía. Todos en éxtasis por el frug, el rock and roIl y Dios sabe qué más, durante una hora…”

El reino del lenguaje

Tom Wolfe nació en Richmond (Virginia), se doctoró en la universidad de Yale y vivió hasta su muerte en Nueva York. En la década de los sesenta se reveló como genial reportero y agudísimo cronista. Fue el impulsor y teórico del llamado «nuevo periodismo», al que definió como el género literario más vivo de la época y el más apto para captar los vertiginosos cambios y estilos de vida de las dos últimas décadas, arrebatando su primacía a la novela.

Wolfe siempre quiso ser escritor, aunque jamás soñó con alumbrar un nuevo género del que beberían (hasta saciarse) casi todas las generaciones posteriores de periodistas. Fascinado por la mitología oscura del Chicago de finales de los años veinte -«reporteros borrachos huido de los pupitres del News meando en el río al amanecer; noches enteras en el bar escuchando como cantaba “Back Of The Yards” un barítono que no era otra cosa que una tortillera ciega y solitaria…»-, estudió literatura y periodismo, fracasó en su intento por dedicarse al béisbol, y a principios de los sesenta empezó a teclear noticias para el «Springfield Union», un diario de Massachussets.

De la huelga de periódicos neoyorquinos de 1962, a la que Wolfe llegó al borde de la bancarrota, surgió su primera gran hazaña: 3.000 palabras sobre una feria de coches tuneados de Los Ángeles que dejaron al director de «Esquire» boquiabierto. Ahí estaban, brincando y dándose codazos, los primeros ejemplos de una manera de entender el periodismo que, según Wolfe, tenía que ser «absolutamente verídico y al mismo tiempo, tener la cualidad absorbente de la ficción».

Siguiendo esas directrices autoimpuestas, Wolfe creó un molde por el que pasaron surferos, bandas de motoristas, la alta sociedad estadounidense, el swinging london, el arte y la arquitectura moderna o las inclinaciones radicales de la izquierda chic neoyorquina. A su ejemplo «se deben las mejores páginas del periodismo moderno y quizá algunas de las peores», escribe Eduardo Mendoza en el prólogo de «La Izquierda Exquisita», una de las antologías que, junto a «La Banda de la Casa de la Bomba y otras crónicas de la Era Pop», «El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron», «Ponche de ácido lisérgico» y «La palabra pintada», reúnen algunos de sus mejores textos.

El placer no tiene forma

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Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar
Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar

El cerebro es la zona erógena por excelencia, pero no la única. El cuerpo humano pone a nuestra disposición un conjunto de enclaves altamente receptivos al placer en los que, con frecuencia, no reparamos.

Un hecho que el barómetro “Los jóvenes españoles y el sexo” de Control pone de manifiesto. Según este estudio, en el que participaron jóvenes de entre 18 y 35 años, “el 64% reconoce no tener ni idea o tener mucho camino por descubrir” en lo que a zonas erógenas se refiere.

Para remediar estas lagunas en el terreno sexual, la empresa de preservativos y la psicóloga y sexóloga Nayara Malnero han diseñado este mapa que identifica las áreas más sensibles de hombres y mujeres.

A la hora de identificar estas áreas, el estudio apunta que el 80% de los encuestados se decanta por los genitales, seguidos del cuello (73%) y el pecho, especialmente en el cuerpo femenino.

Mientras que otros puntos altamente sensibles figuran como “desconocidos”, entre ellos, el cuero cabelludo, las piernas y las manos, que solo fueron consideradas como zona erógena por el 8% de los entrevistados.

La sexóloga sostiene que este desconocimiento se debe a la falta de educación sexual y al hecho de que la sociedad actual está centrada en el coito y la genitalidad. Asimismo, “la mayoría de los jóvenes no dedica tiempo a explorar su cuerpos de otra manera o a tener relaciones sexuales que no lleven al orgasmo inmediato”, afirma Malnero.

El elemento clave: la comunicación

Este estudio refleja la dificultad para identificar los puntos sensibles entre los más jóvenes pero “me atrevería a decir que en los no tan jóvenes” también se da, apunta. Según los resultados del barómetro, solo un 18% de los encuestados afirmó conocer “perfectamente” las zonas erógenas de su pareja, mientras que el 82% restante afirmó tener dudas.

La especialista sostiene que a menudo se comete “el error fatal” de pensar que si mi pareja me quiere, “sabe lo que me gusta y lo que tiene que hacer, sin nosotros pedir”. Malnero atribuye esta actitud a un extendido mito del amor romántico que nada tiene de real. Cuando se trata de dar placer hay que tener en cuenta que:

No existe una fórmula que funcione con todo el mundo. No obstante, “si nos acercamos a zonas de mayor sensibilidad como los genitales”, es menos habitual que a alguien no le guste, explica.

Del mismo modo, las formas de estimulación que nos hacen disfrutar varían, “cada persona es un mundo y eso es lo que hay que descubrir”.

Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar.

Malnero advierte que este mapa se presenta como una guía para estimular y conocer las zonas erógenas pero puede no coincida con las preferencias de algunas personas, matiza la sexóloga, quien hace hincapié en que “lo importante es la comunicación, el saber pedir y preguntar, y conocerse a uno mismo”.

La masturbación juega un papel importante en este sentido, “si tú no sabes cómo te gusta ser estimulado es muy fácil querer cumplir los cánones”, concluye.