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El chip del sexo

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Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual
Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual

El doctor en Nanotecnología, ingeniero en Electrónica y experto en Computación, Sergi Santos, que ha sido el primero en poner inteligencia artificial a una muñeca sexual realista que ha creado controversia, defiende que su innovación “no deshumaniza a las mujeres”.

A Santos le apasiona el humanismo, la psicología y la ciencia, y comenta que siempre le había interesado “hacer un cerebro”, pero para conseguirlo necesitaba un cuerpo y lo halló en las muñecas sexuales realistas fabricadas en China.

“El mercado del sexo mueve mucho dinero y encontré que estas muñecas tenían un cuerpo perfecto, en el que hay arte y tecnología”, explica.

Incorporó un aparato con algoritmos de inteligencia artificial en una de ellas, un prototipo al que ha bautizado como Samantha, una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual; y le instaló unos sensores para que “sea inteligente y sepa responder a cómo la estás tratando”.

La empresa creada por Santos sólo vende muñecas femeninas, pero Santos afirma que es debido a su peso: “tenemos que desarrollar la tecnología un poco más para que el peso sea tratable”, aunque “hacer hombres no es problema”.

El nanotecnólogo añade que está convencido de que a las mujeres les encantaría tener uno, “aunque quizás no lo admitan. Mi madre misma me preguntó por qué no le construía un Brad Pitt”.

Santos explica que no quiere que la gente “se avergüence de tener una muñeca sexual que hable, entienda y sienta”, que su creación “no es solo sexual” y que mientras se interactúa con ella en modo familiar “nunca dirá nada grosero”.

“Antes, la gente compraba muñecas pero se escondía porque eran solo para practicar sexo, y tú veías una persona con una muñeca y podrías pensar que era un desquiciado mental. Espero que a partir de ahora la gente vea que no es eso”, confía.

El científico recomienda que con Samantha, que se puede comprar por entre 1.500 y 8.000 euros, según cómo se personalice, “tienes que hacer lo que harías con una mujer normal: se va excitando y llega al punto sexual y orgásmico”.

Pero por mucho que Samantha, a la que se le puede incorporar calefacción, simule una mujer, no deja de ser una muñeca, y el sexo con muñecas o robots ha suscitado algunas críticas sociales, aunque el inventor prefiere hablar de que ha hecho “algo disruptivo”.

Una de las críticas es que el uso de un robot puede contribuir a aumentar la explotación a las personas, pero Santos defiende que “si tú eres agresivo y tratas mal a objetos y a la gente, a Samantha la tratarás igual, depende de cómo sea el individuo”.

“No creo que esté abusando de Samantha, yo creo que estamos interactuando”, subraya el científico.

Existe una ‘Campaña en Contra de los Robots Sexuales’ que afirma que las muñecas sexuales deshumanizan a las mujeres y las convierte en meros objetos porque se establece una relación que únicamente reconoce los deseos y necesidades de una persona.

Sin embargo, el científico opina lo contrario, porque “una muñeca se puede fabricar a la carta y una vez puedas poseer el cuerpo que quieras, la gente prestará más atención a la personalidad de las mujeres porque el cuerpo va a ser algo accesible, y la mujer real ya no será un cuerpo sino una persona”.

Por ese motivo, Santos está convencido de que no ha hecho nada reprochable y señala que “desde hace años ha habido sexo, incluso con animales. Yo no soy un agresor sexual ni nada raro, soy una persona normal con una sexualidad normal, pero los humanos tenemos esta necesidad y satisfacerla con una muñeca está bien”.

El investigador está convencido que en el futuro Samantha va a evolucionar y se convertirá en un “asistente robot”, que puede recordarte cosas cotidianas o ayudarte si has perdido las llaves, aunque él se ha centrado en aplicar la inteligencia artificial en una muñeca sexual porque se puede hacer “por unos miles de euros”.

Tras su creación, Santos, que es ingeniero en Electrónica por la UPC y doctor en Nanotecnología por la Universidad de Leeds (Reino Unido), afirma que otras empresas “verán que hay interés por parte de la gente e implementarán más capacidades a la muñeca”.

“Espero haber contribuido a hacer un pequeño paso histórico para que el ser humano empiece a pensar que no es único en el mundo, que todos tenemos lugar en el universo y que no hay ningún problema en compartir tu sexualidad con un hombre, una mujer, tu mano o una muñeca”, concluye el ingeniero.

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Mundo caníbal

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Canibalismo en Brasil en 1557, grabado de Theodor de Bry
Canibalismo en Brasil en 1557, grabado de Theodor de Bry

No es una de las mejores facetas del ser humano y su tratamiento ha quedado restringido a publicaciones especializadas de antropología o medicina, y al cine de terror; sin embargo, sabemos que la antropofagia, el gusto por la carne humana ha estado presente en la dieta de nuestros ancestros y también en la de grupos humanos modernos.

En algunas culturas de la América precolombina, la carne humana era alimento de los dioses, y de allí derivaban los sacrificios humanos con su consiguiente ingesta. En Asia, al mismo tiempo, existían ritos funerarios en los que los deudos se comían partes de sus finados familiares. En Europa, mientras tanto, la sangre y los huesos de los muertos se usaban como ingredientes mágicos, independientemente de a quién hubieran pertenecido.

En varias culturas, como las de pueblos de Nueva Guinea, las islas del Pacífico, o en pueblos de filiación caribe, estuvo presente la idea de que devorar ciertos órganos o partes del cuerpo de tus amigos podía fortalecerte y hacerte heredar atributos del otro; lo que es menos sabido es que la creencia en las propiedades curativas gracias al consumo del cuerpo de otra persona también estuvo presente en muchas naciones y culturas de la Edad Media europea.

Durante los siglos XVI y XVII pedazos de momias egipcias se vendían para ser usados en la preparación de remedios para distintas enfermedades, comprados por boticarios y médicos, que pensaban que curarían todo, desde un simple dolor de cabeza a enfermedades más graves, como convulsiones.enfermedades como la epilepsia, tratamientos de hematomas y hasta dolores de cabeza.

Esta creencia podría explicar por qué eran tan comunes los saqueos de tumbas, que hasta hace poco tiempo se atribuían exclusivamente a la búsqueda de prendas valiosas o para el estudio clandestino de la anatomía humana. Pedazos de carne y huesos humanos eran parte de ungüentos y medicinas que generalmente se tomaban de cuerpos momificados o en su defecto, de cementerios desprotegidos.

Otra costumbre, atribuida a los países germánicos, era la de beber la sangre de personas ejecutadas. Los verdugos vendían la sangre de sus víctimas y se recomendaba beberla fresca, ya que el verdugo era considerado un gran curandero en los países germánicos.

Paracelso recomendaba beberla fresca, pero existieron recetas que enseñaban a conservarla en forma de ungüento o mermelada para tratar problemas circulatorios. Siguiendo esta lógica, se recomendaba el consumo de fragmentos de cráneo humano, diluidos en alcohol, para aliviar los dolores de cabeza, y de testículos para incrementar la potencia sexual.

Otra explicación de la ingesta de carne y restos humanos está en que para la medicina de la Edad Media y el Renacimiento, el espíritu era parte de la fisiología: las partes del cuerpo están ligadas al alma aun después de la muerte. Por ello, Leonardo da Vinci escribió: “preservamos nuestra vida con la muerte de otros. En una cosa muerta la vida insensata permanece y cuando ésta se reúne en el estómago de los vivos, recobra sensibilidad y vida intelectual”.

La práctica cayó en desuso paulatinamente durante el siglo XVIII, aunque los remedios que incorporaban partes del cuerpo siguieron vigentes hasta principios del siglo XX. Cuando la ciencia separó lentamente la medicina del sustrato mágico probablemente perdió una importante fuente de sentido ritual, pero ganó en especificidad y efectividad: la transfusión de sangre y el trasplante de órganos son formas sublimadas de resurrección en las cuales un cuerpo incorpora partes de otro cuerpo como si fuera suyo.

Destellos desde el útero de Seattle

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Nirvana lanzaron en 1991 Nevermind, piedra filosofal del nihilismo MTV, y abrieron una brecha por la que se colarían en lo masivo artistas de vocación supuestamente contracultural
Nirvana lanzaron en 1991 Nevermind, piedra filosofal del nihilismo MTV, y abrieron una brecha por la que se colarían en lo masivo artistas de vocación supuestamente contracultural

La depresión, la rabia y la angustia reventaron las listas de éxitos gracias al grito desesperado de Nirvana en “Nevermind”, el disco que, con su rock atormentado y herido, llevó el estilo “grunge” al apogeo de su revolución.

Liderados por un mártir ateo y arrastrados por el huracán de “Smells Like Teen Spirit”, tal vez la canción más importante e influyente del rock de los años 90, Nirvana volaron muy alto con “Nevermind”, pero su éxito también encaminó a su cantante Kurt Cobain a un laberinto de autodestrucción del que no saldría con vida.

El origen del grupo se sitúa en 1987, cuando se unen en Aberdeen, una ciudad a unos 180 kilómetros de Seattle, el bajista Krist Novoselic y el vocalista y guitarrista Kurt Cobain, cuya infancia en una conflictiva familia se traduciría en una personalidad frágil y con serios problemas.

En su disco de debut, el crudo y áspero “Bleach” (1989), todavía no contaban con el batería Dave Grohl, que cerraría la formación clásica de Nirvana y que, tras el fin de la banda, enfocó hábilmente su carrera con Foo Fighters.

Pese a ser el lugar de nacimiento de Jimi Hendrix, Seattle no era, históricamente, un foco emblemático del rock estadounidense.

Sin embargo, las cosas estaban cambiando y desde la segunda mitad de los años 80 surgieron bandas como Melvins, Soundgarden, Mudhoney y Pearl Jam que, bajo el liderazgo de Nirvana, darían forma al “grunge” como hijos reconocidos del punk y el “hardcore” y decididos a romper algún tímpano a base de ruidosos guitarrazos.

“Nevermind” llegó en un momento inmejorable. En los ochenta había arrasado el pop de sintetizadores; Guns N’ Roses estaban demasiado ocupados entre peleas y polémicas; y el heavy-metal, pese al fabuloso éxito de Metallica con “Black Album” (1991), perdía impulso y se enrocaba poco a poco en su propio público.

Entre los jóvenes había hambre de rock y, sobre todo, de autenticidad, de música genuina que les hablara a las entrañas.

Inadaptación, problemas de autoestima, soledad, incomprensión, apatía y nihilismo. “Nevermind” apelaba con cólera a todo eso para conectar con la frustración de una juventud acosada y perdida que describió Michael Azerrad en la biografía “Come As You Are: The Story of Nirvana” (1993).

“Los veinteañeros buscaban música hecha por ellos mismos, algo que expresara lo que sentían. Un impactante número eran hijos de un divorcio. Sabían que iban a ser la primera generación de EE.UU. en tener poca esperanza de estar mejor que sus padres, que sufrirían los excesos fiscales de Reagan en los años 80 y pasarían su plenitud sexual bajo la sombra del sida”, escribió.

“Se sentían incapaces de rescatar un medioambiente asediado y pasaron la mayor parte de sus vidas con Reagan o Bush (padre) en la Casa Blanca, padeciendo un clima represivo en lo sexual y lo cultural. Se sentían indefensos para afrontar todo eso”, añadió.

Pero, al margen de cualquier explicación, Nirvana triunfó gracias a unas canciones incontestables. “Smells Like Teen Spirit”, que no paró de pasarse por la MTV, tenía un riff arrollador y una letra enigmática, “Come As You Are” sonaba inquietante e intensa a partes iguales, y “Lithium” celebraba la extravagancia y el desamor.

La urgencia punk de “Breed”, un canto al hastío, contrastaba con la austeridad de “Polly”, inspirada en un caso real de violación a una menor y que ejemplificaba el turbio tono lírico del álbum.

“La música me ha dañado físicamente en dos sentidos. Tengo una irritación en el estómago, provocada por la rabia y los gritos”, dijo en una ocasión Kurt Cobain, según el libro “Yeah! Yeah! Yeah!” de Bob Stanley (2013).

“También tengo escoliosis, una desviación de la columna, que se ha agravado con el peso de la guitarra. Siento dolor a todas horas, lo cual contribuye a la rabia de nuestra música. En cierta manera le estoy agradecido”, añadió.

“Cuando salió nuestra música, creo que fue una combinación de ‘porreros’, ‘skaters’ y chicos abandonados que vieron a un grupo de chicos abandonados tocando música que sonaba como si estuviéramos cabreados. Creo que mucha gente se identificó con eso”, apuntó, por su parte, Dave Grohl en el libro “Come As You Are”.

“Nevermind”, que vendería millones de copias y en 1992 lograría desbancar del número uno a “Dangerous” (1991) de Michael Jackson, convirtió a Nirvana en estrellas mundiales y, casi sin querer, en referentes de moda con sus pintas desaliñadas, camisas de leñadores y vaqueros rotos.

Trágicamente, la inestable y quebrada mente de Cobain no estaba preparada para aquel fenómeno de masas.

Nirvana grabó los discos “In Utero” (1993) y “MTV Unplugged in New York” (1994), pero los demonios del cantante, sus frecuentes desequilibrios y su adicción a la heroína ganaron finalmente la partida: la gran figura del “grunge” se suicidó el 5 de abril de 1994.

Redes neuronales que predicen corruptelas

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Dos investigadores de la Universidad de Valladolid han desarrollado un modelo con redes neuronales artificiales para predecir en qué provincias españolas podrían aparecer casos de corrupción con más probabilidad, a uno, dos y hasta tres años vista
Dos investigadores de la Universidad de Valladolid han desarrollado un modelo con redes neuronales artificiales para predecir en qué provincias españolas podrían aparecer casos de corrupción con más probabilidad, a uno, dos y hasta tres años vista

Investigadores de la Universidad de Valladolid han creado un modelo computacional basado en redes neuronales que prevé en qué provincias españolas pueden aparecer casos de corrupción con mayor probabilidad, así como las condiciones que favorecen su aparición. Este sistema de alerta confirma que las posibilidades aumentan cuando el Gobierno de un mismo partido permanece más años en el poder.

El estudio, publicado en la revista Social Indicators Research, no menciona las provincias más propensas a la corrupción para no generar polémica, según explica a Sinc uno de los autores, Iván Pastor, quien recuerda que, en cualquier caso, “una mayor propensión o alta probabilidad no implica que efectivamente vaya a ocurrir”.

Los datos indican que el impuesto de bienes inmuebles, el incremento exagerado en el precio de la vivienda, la apertura de oficinas bancarias y la nueva creación de empresas son algunas de las variables que parecen inducir a la corrupción pública, y cuando se suman en una región conviene tenerlo en cuenta para realizar un control más riguroso de las cuentas públicas.

“Además, como podría esperarse, nuestro modelo confirma que el aumento del número de años en el Gobierno del mismo partido político incrementa las posibilidades de que exista corrupción, independientemente de si gobierna o no en mayoría”, apunta Pastor.

Una predicción más optimista para los próximos años

“De todas formas, afortunadamente –añade–, para los próximos años este sistema de alerta predice menores indicios de corrupción en nuestro país. Esto se debe fundamentalmente a la mayor presión pública sobre este tema y a que la situación económica ha empeorado notablemente durante los años de la crisis”.

Para realizar el estudio, los autores se han basado en todos los casos de corrupción que aparecieron en España entre el año 2000 y el 2012, como el caso Mercasevilla (en el que fueron imputados los gestores de esta empresa pública del Ayuntamiento de Sevilla) y el caso Baltar (donde el presidente de la Diputación de Ourense fue sentenciado por más de un centenar de contrataciones “que no siguieron los cauces legales”).

La recopilación y análisis de toda esta información se ha realizado con las redes neuronales, que muestran los factores más predictivos de la corrupción. “Es novedoso tanto el uso de esta técnica de inteligencia artificial, como el de una base de datos con casos reales, ya que hasta ahora se empleaban índices de percepción de la corrupción, unas puntuaciones más o menos subjetivas asignadas a cada país por agencias como Transparencia Internacional, que se basan en encuestas a empresarios y analistas nacionales”, destaca Pastor.

Los autores esperan que este estudio contribuya a dirigir mejor los esfuerzos para acabar con la corrupción, enfocándolos hacia aquellas zonas con mayor propensión a que aparezca, además de seguir avanzando para trasladar su modelo a escala internacional.

Recetario Pop para profanos y eruditos

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Joe Meek, uno de los grandes productores ingleses durante la eclosión de la 'Era Pop'
Joe Meek, uno de los grandes productores ingleses durante la eclosión de la ‘Era Pop’

«¿Qué es exactamente el pop? Para mí, el pop engloba el rock, el rhythm and blues, el soul, el hip hop, el house, el techno, el heavy metal y el country. Si uno graba discos, sean sencillos o álbumes, y los promociona actuando en televisión o saliendo de gira, es que se dedica al pop. El pop requiere de un público al que el artista no conozca en persona. En dos palabras, todo lo que entra en las listas de éxitos es pop […]. Me encanta el tira y afloja entre la industria y el underground, entre el artificio y la autenticidad, entre los osados y los conservadores, entre el rock y el pop, entre lo bobo y lo inteligente, entre los chicos y las chicas […]. Este libro no pretende ser una enciclopedia; creo en el mito y la leyenda del pop como el que más, en todas esas anécdotas y verdades a medias; me encantan el esplendor y la gloria de las superestrellas del pop, pero también los segundones y los secundarios, los que trabajaban en la sombra, los compositores a sueldo, los radioaficionados empollones que terminaron de ingenieros de sonido, las auténticas ratas de estudio…”.

Bob Stanley, uno de los miembros fundadores de Saint Etienne, repasa los hitos de la música popular del pasado siglo en el volumen ‘Yeah! yeah! yeah!. La historia del pop moderno’ (Turner).

Stanley, escritor, periodista musical, crítico de publicaciones como ‘The Guardian’ y ‘The Times’, y conocido por haber fundado el famoso grupo de pop británico, escribe en estas páginas acerca de algunas de las grandes figuras de la música y de artistas de menor tamaño, y recoge la esencia de multitud de estilos, desde el disco hasta el heavy, esenciales para comprender la historia del sonido popular de la segunda parte del siglo XX.

En una primera parte, el autor hace un recorrido por la trayectoria de artistas como Bill Haley, considerado el padre del rock and roll, Elvis Presley, Phil Spector o Joe Meek y, con ellos, nuevos aires en la música popular tales como el skiffle (folk influenciado por jazz y blues), el doo wop (estilo vocal nacido de la unión entre rhythm and blues y góspel) o el jump blues, en el que los sonidos clásicos se mezclaban con el sonido rápido y bailable del boogie woogie.

Tras dar un repaso a la década de los 50 y los primeros 60, Stanley se adentra en el rock y el pop de la segunda parte de los sesenta y recuerda los primeros momentos de algunas de las bandas más icónicas de la música como los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan o los Beach Boys entre otros.

La búsqueda de nuevos sonidos en los años 70, con estilos como el glam, el soft soul, el glam o el rock progresivo da paso en este volumen a la rebeldía del punk, con estandartes como los Sex Pistols o The Clash.

El electropop de Kraftwerk, los nuevos ídolos del pop de los 80 (Michael Jackson, Madonna y Prince) y el nacimiento del indie, con referentes como The Smiths y REM continúan en estas páginas el recorrido de la historia musical que propone el autor.

Este volumen cierra su repaso a la historia de la música popular moderna con un apartado dedicado al nacimiento del house y el tecno, el acid house, el shoegaze y la nueva psicodelia, el grunge, el britpop y el R&B.

El repaso que le da Stanley aquí a la música pop es agotador. No tan exhaustivo como muchos desearían. Ya sabemos que los criterios de selección u omisión suelen suscitar discusiones bizantinas. Pero es que este libro no pretende establecer un cánon, sino reflejar una evolución, e incluso la elección de los hitos (el disco sencillo, al que se da por muerto con la eclosión de Youtube y el arraigo del streaming como forma preeminente de escucha de la música) refleja que Stanley no pretende escribir una enciclopedia sino una historia.

Neandertales en la botica

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El sarro del hombre de neandertal contiene restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas
El sarro del hombre de neandertal contiene restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas

Los neandertales, una especie humana extinguida hace 40.000 años, utilizaban la corteza de los árboles y las plantas de su entorno para fabricar incipientes medicamentos semejantes a las ‘aspirinas’ y a los antibióticos actuales.

El hallazgo forma parte de un estudio realizado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), junto a científicos de la Universidad de Adelaida (Australia) y de la Universidad de Liverpool (Reino Unido).

Los investigadores han secuenciado el material genético del cálculo dental (sarro bacteriano calcificado) de fósiles de cuatro individuos del yacimiento belga de Spy y de El Sidrón, en Asturias.

Los resultados son importantes porque “nos dan evidencias de aspectos que hasta ahora desconocíamos. Nos demuestran que nuestra visión de los neandertales era simplista y que está sesgada por lo poco que se conserva en el registro fósil”, explica Carles Lalueza-Fox, investigador del IBE y coautor del trabajo.

Los análisis de esos cálculos dentales, han permitido confirmar la ingestión de determinados tipos de seta, piñones y algunas clases de musgo.

Y aunque no se han detectado evidencias del consumo de carne, los resultados del estudio no significan que no fueran carnívoros. De hecho, lo más normal es que lo fueran, porque “los neandertales sabían aprovechar todo lo que estaba a su disposición, incluida la fauna”, advierte el investigador.

Tal vez por ese motivo, donde sí encontraron evidencias del consumo de carne fue en los neandertales de Bélgica, que vivían en estepas frías con megafauna (rinocerontes lanudos y muflones) mientras que los que ocupan la actual Asturias estaban en un entorno boscoso, más rico en vegetales.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos del estudio ha sido el hallazgo de evidencias de automedicación hallados en uno de los fósiles asturianos: “un individuo con un absceso dentario a causa de una infección en la raíz de un molar”.

“Tenemos pruebas de que este neandertal se medicaba. Hemos descubierto que el sarro conservado en sus dientes contenía secuencias del patógeno Enterocytozoon bieneusi que, en humanos, provoca problemas gastrointestinales, además de un absceso dental. Dos problemas que debían producirle intensos dolores”, sostiene el paleontólogo del MNCN y coautor del trabajo, Antonio Rosas.

El sarro de este neandertal contenía restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas.

“Es bonito tener esta información nueva porque nos da una imagen más sofisticada de estos humanos, más cercana a la realidad y alejada de los estereotipos simplistas que teníamos producto del registro fósil disponible y limitado a piedras y huesos”, destaca Lalueza-Fox.

Los científicos también han analizado la microbiota bucal de los neandertales (principalmente bacterias) y la han comparado con muestras de chimpancés, cazadores-recolectores paleolíticos, y de los primeros agricultores del Neolítico.

La comparación “nos ha permitido determinar que, sobre todo, con la llegada de la agricultura en el Neolítico se produce un cambio muy significativo de la biota bucal, que se vuelve más especializada y pierde diversidad”, afirma el biólogo del IBE.

Por eso, los neandertales, los chimpances y los cazadores recolectores tienen una biota bastante parecida. “El gran cambio de la comunidad bacteriana de nuestra boca llega con la agricultura y el cambio de alimentación que representa y que comporta más trastornos de salud gastrointestinales y mas caries”, sostiene.

Finalmente, el estudio ha determinado que a lo largo de la historia, neandertales y humanos modernos hemos compartido microbios y bacterias como las que provocan caries y enfermedades en las encías.

De hecho, la placa dental del individuo neandertal estudiado permitió recuperar el genoma completo más antiguo de un microorganismo: la arquea Methanobrevibacter oralis, lo que sugiere que neandertales y humanos modernos intercambiaron patógenos que devinieron en cepas que divergieron hace entre 112.000 y 143.000 años.

“Hoy sabemos que los sapiens se cruzaron en dos ocasiones con los neandertales que luego vivieron en la zona de Siberia, pero no con los de Asturias. Si hubo transferencia de microbiota entre los antepasados de los neandertales asturianos y sapiens, tal vez existió un cruce de ambos linajes que aún no hemos identificado”, concluye Lalueza-Fox

Haruki Murakami en la red

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Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos de la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros
Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos de la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros

A veces es necesario darse un ‘break’ y drenar aquello que perturba. Hace un buen tiempo se dijo “adiós” a los diarios privados para abrir paso a lo público de la red. Este es el caso del escritor contemporáneo más popular de Japón, quien ha expresado su descontento ante tantas nominaciones al Nobel en su ‘página web.

A Murakami, el más popular de los escritores contemporáneos japoneses, le resulta “molesto” ser el eterno candidato al Nobel de Literatura. Esta es una de las muchas confesiones que el autor de “Tokio Blues” hace en su ‘consultorio “online”.

“Si digo la verdad, es molesto. Porque ni siquiera soy uno de los finalistas oficiales, sino que se trata solo de las apuestas de alguien. Me siento como si fuera un caballo de carreras”, escribió el novelista en la página web’.

Murakami responde de esta manera a la pregunta de Kanako, una mujer de 36 años, quien buscaba la opinión del literato que anualmente tiene la dicha ̶ o desdicha ̶ de ver su nombre surgir entre el montón cuando se acerca la fecha de entrega del Nobel de Literatura.

Su sitio web es una ventana al universo y la vida del admirado escritor, que responde y se confiesa sin tapujos a los ojos de sus seguidores.

El autor del best seller mundial “Tokio Blues” (Norwegian Wood) reconoce por ejemplo que evita releer sus obras porque le da “mucha vergüenza”, y que incluso se ha olvidado de qué tratan algunas de sus novelas.

“Por eso, cuando las vuelvo a leer por necesidad, descubro algo nuevo”. Para Murakami, un auténtico melómano, la música está muy presente en sus novelas. Sus seguidores, conscientes de ello, no dejan pasar la oportunidad de preguntarle por una de sus bandas preferidas, la estadounidense Red Hot Chili Peppers (RHCP).

“El otro día fui a ver la actuación de Bruno Mars en el Super Bowl, y vi a los RHCP. Siguen siendo muy ‘cool’, ¿verdad? Es maravilloso que no maduren. Los humanos estamos abocados a la madurez. Debemos tener cuidado con eso”, contesta el autor de “Kafka en la orilla”, insinuando que él mismo procura no hacerlo demasiado.

Entre un mar de líneas escritas en japonés, un par de tímidos mensajes se cuelan en lengua anglosajona, idioma que Murakami emplea para contestar.

Entre ellos, un comentario sobre otra de sus materias predilectas, los gatos. Quién lo diría al ver su respuesta, en la que, por otro lado, deja ver su comprensión y aceptación hacia la naturaleza de los felinos.

“He tenido muchos gatos, pero ninguno ha sido nunca muy empático. Simplemente eran todo lo egoístas que se puede ser”, apunta.

Preguntas, opiniones o simplemente confesiones de sus seguidores, que también acuden al escritor nacido en Kioto en busca de un nuevo volumen que devorar.

“A mí también me ha cambiado la vida el escribir novelas, buenas y malas”, replica a Tancho, una mujer de 37 años que asegura que sus obras la han hecho mejorar. “Estoy en el mismo barco que usted. Qué le vamos a hacer. Para bien y para mal”.

El autor de “1Q84″ tuvo una página oficial entre 1996 y 1999 en la que intercambió correspondencia con lectores, la cual luego fue recopilada en libros como “Souda Murakamisan ni Kiitemiyo (“Así es, preguntémosle al señor Murakami)”.

Shinchosha abrió otra página temporal en 2002 cuando se publicó “Kafka en la orilla”, y el propio escritor volvió a abrir su web personal durante tres meses en 2006.