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Lionel Hampton, el rey de las buenas vibraciones

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Lionel Hampton, (1909-2002), demostró  a lo largo de ocho décadas, ser un verdadero grande del jazz, un músico excepcional dotado de una arrolladora energía para convertir en swing todo lo que su mente creaba. Preñado de vitalidad, con un espíritu siempre inquieto y creativo, elegante y vigoroso al mismo tiempo, Lionel Hampton, fue mientras vivió un músico de extraordinaria calidad. Además su legado al jazz es imperecedero. Fue el primero en aportar a esta música de un nuevo instrumento nunca usado en el jazz antes de que el lo hiciera y este instrumento fue el vibráfono.
Lionel Hampton, (1909-2002), demostró a lo largo de ocho décadas, ser un verdadero grande del jazz, un músico excepcional dotado de una arrolladora energía para convertir en swing todo lo que su mente creaba. Preñado de vitalidad, con un espíritu siempre inquieto y creativo, elegante y vigoroso al mismo tiempo, Lionel Hampton, fue mientras vivió un músico de extraordinaria calidad. Además su legado al jazz es imperecedero. Fue el primero en aportar a esta música de un nuevo instrumento nunca usado en el jazz antes de que el lo hiciera y este instrumento fue el vibráfono

Un año antes de la muerte de Bessie Smith -sobresaliente cantante de blues-, ocurrida en 1937, debuta Lionel Hampton con la orquesta de jazz de Benny Goodman. Este estreno le situó entre los primeros músicos negros en tocar en una banda blanca. La eclosión de Lionel Hampton se dio en el momento en que se producía la transición entre el jazz de baile de gran orquesta, al jazz de espectáculo y de concierto, del que se desprendería de la revolución originada del genio creador de Charlie Parker.

Arranca su vida en Louisville, Kentucky, el 12 de abril de 1913, iniciándose musicalmente en la batería para cambiar y adaptarse desde los 17 años al instrumento que lo ubicaría entre los solistas sobresalientes de la época del swing: el vibráfono.

Su juventud no fue lo apacible que él hubiera querido y después de deambular junto a su familia por varias ciudades, llegó a Chicago en 1916 y su instrumento entonces era la batería. En la ciudad del viento, se integró en la banda de Jimmy Bertrand, denominada: “Chicago Defender Newsboy’s Band”. Profundizó su interés por el jazz y por la música y comenzó a trabajar en varias locales de segunda categoría y en bandas de escaso renombre como la de Curtis Mosby o Paul Howard pero le sirvieron para ganar experiencia y madurez.

Con esta última formación se trasladó a California en 1928 y allí se unió a la formación de Les Hite, durante el tiempo que esta banda actuaba de telonera de la orquesta del gran Louis Armstrong en Los Ángeles. Fue en uno de esos encuentros con Louis Armstrong, cuando este le animó a que tocara en uno de sus conciertos el vibráfono y desde entonces y dado el gran éxito que tuvo, Hampton, abandonó para siempre la batería y adopto el vibráfono, el instrumento con el que pasaría a la historia del jazz.

En el verano de 1936, el recientemente proclamado “Rey del swing”, el clarinetista y director de orquesta, Benny Goodman, presenció una actuación en directo de la banda de Hampton en un local de Los Ángeles y le convenció para que se uniera al pequeño grupo que había formado. Hampton formó desde entonces en las históricas formaciones en trío y cuarteto de Benny Goodman, junto al pianista, Teddy Wilson y el batería, Gene Krupa, que Goodman inmortalizó en sus conciertos en directo , en las emisoras de radio y en las giras por todos los Estados Unidos. Con Goodman estuvo cuatro años hasta que decidió, ya con un reconocimiento internacional por su música, formar su propia banda de jazz, una formación que siempre estuvo entre las mejores de su tiempo y por la que pasaron enormes instrumentistas que hicieron historia a lo largo del tiempo: Clifford Brown, Charles Mingus, Dinah Washington, Illinois Jacquet o Dexter Gordon, entre otros.

Su banda se mantuvo unida y en activo a lo largo de varias generaciones, sus visitas y giras por los festivales y clubes de jazz de todo el mundo eran siempre garantía de éxito y de swing y tiene el honor de haber sido la orquesta de jazz que ha permanecido mas tiempo en activo de toda la historia del jazz. Desde el punto de vista de la música, son imperecederos algunos temas que se han convertido en standars clásicos de esta música y cabe destacar: “Flyng Home” “Hots Mallets” o “Hamp’s Boogie Woogie”. Lionel Hampton, falleció a finales del verano de 2002, y con él se fue uno de los grandes creadores del jazz de todos los tiempos.

Hampton sigue siendo la historia viva de estilos que hicieron su época. Y que a la hora de apreciarlo y escucharlo detenidamente, es innegable la transmisión de energía y vitalidad que aún lo embarga.

Su estilo radica, además de la gran vitalidad, en la atmósfera que puede establecer entre el manejo de su instrumento y la situación de tener detrás de sí una gran banda con secciones de saxofones, trombones y trompetas y que es la única manera de soltar toda su fogosidad: dar rienda desatada a una larga sesión de solos llena de ideas.

En una exhibición en la Casa Blanca fue invitado por el presidente Ronald Reagan a una presentación de media hora y su espectáculo se extendió más allá de los sesenta minutos.

Su estilo se impuso por la constante tensión que aumenta. Arranca tranquilo, su rostro se va cubriendo de sudor, se contorsiona en balanceos fuertes, para alcanzar en el clímax de su vitalidad una comunicación con el público lanzando gritos guturales, buscando de esa forma su participación. En una de sus composiciones que realizó conjuntamente con Benny Goodman, Flyin Home (“Volando a casa”) que grabara en vivo en el auditorio cívico de Pasadena, se percibe claramente el estilo volcánico de Hampton. El mismo Art Tatum -pianista clásico del jazz- grabó dicha versión dos veces respetando la intensidad rítmica, integrándole la maestría técnica y la virtuosidad que poseía en el piano.

En las obras de intenso ritmo como “Volando a casa” maneja constantemente los sonidos agudos del vibráfono, para manejar los tonos gruesos en aquellas interpretaciones más lentas y suaves, como en las grabaciones de “Yo solamente tengo ojos para ti”, en su versión de Start-dust o en “Ese es mi deseo”.

Algunos historiadores del jazz como Leroi Jones han criticado dentro del desarrollo del jazz la utilización de patrones de músicos como Hampton, Charlie Christian y Teddy Wilson -guitarrista y pianistas negros- que hicieron las bandas blancas en el afán de instituir el género, pero alejados de los cordones umbilicales afronorteamericanos. Hoy en día la discusión en este terreno ha avanzado; sin embargo, llama la atención que en las notas escritas sobre el concierto en la Casa Blanca, así como la promoción para algunas giras, Lionel Hampton fuese presentado como el “Rey del vibráfono” en algunos lados y en otros como “El príncipe”, siendo esto la consecuencia de que el jazz se reconoció como norteamericano a partir de Benny Goodman .

Muy a pesar de esto, la aportación de Hampton, sobre todo en su instrumento, es bastante marcado. En la historia se puede hablar de Hampton como representante de la época de las grandes bandas y la apertura a explorar otras posibilidades del vibráfono en el jazz moderno realizadas por Milt Jackson, del también importante “Modern Jazz Quartet”.

Después de ellos, la influencia se ha sentido en otras expresiones musicales como la salsa, permitiendo durante mucho tiempo -años cincuenta y sesenta- la combinación de frases jazzisticas con los ritmos afrocubanos desarrollados por Machito, Louie Ramírez, Cal Tjader, Eddie Costa, Mongo Santamaría o Ray Barretto.

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Un orgasmo bien vale un disco

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Jane Birkin y Serge Gainsbourg
Jane Birkin y Serge Gainsbourg

La revista alemana Taschen auspicia un libro sobre el intenso romance entre el cantautor francés Serge Gainsbourg (París, 2 de abril 1928-2 de marzo 1990) y la actriz británica Jane Birkin (Marylebone, 14 de diciembre 1946) en los años sesenta, esposos creadores del “himno” erótico del pop a finales de 1969: Je T’aime (Mais Non Plus), “Te amo (yo tampoco)”.

La colección fotográfica Jane & Serge. A Family Album (“un álbum de familia”), consiste en 172 páginas con imágenes en blanco y negro o a colores de la pareja, capturadas desde el comienzo de su relación parisina en 1968 por el hermano de ella, el ahora cineasta Andrew Birkin (9 de diciembre de 1945).

Leamos un fragmento de lo que dice la autora del texto, Alison Castle, en el artículo para TASCHEN intitulado Love At First Sight (“amor a primera vista”):

“Cuando Andrew Birkin me mostró las fotografías de Jane y de Serge, se trataba de un amor a primera vista. Pero no había sido así al principio cuando ella lo había conocido, pues halló en Serge a un tipo rudo (e incluso como dice Andrew, ‘horrible’).

“La chica inglesa de espíritu libre y el sardónico músico-poeta atado al tabaquismo, 18 años mayor, ciertamente formaban una pareja más bien bizarra, si bien nadie podría negar que ambos fueron los mismos pilares que edificaron esta pareja suya.

“En muchos sentidos, tal romance amoroso gozó de fama pública: los fans compartieron su pasión a través de las melodías de sus canciones bastante cachondas, o del álbum conceptual que grabaron totalmente de los dos, y en la enorme cobertura que la prensa les dedicara a su amor. La tímida inocencia de Jane, expresada en francés con giros ingleses, integró el contraste perfecto para la personalidad oscura y audaz de Serge. Se les idolatró y aún se les continúa idolatrando como pareja.

“La mitología de Jane y Serge comprende infinidad de facetas, pero pocas de ellas aparecen en las fotografías retratadas de Andrew. No son sino tomas instantáneas que él capturó de su hermana con su novio francés, de su familia, y de sus amistades. Nada más; pero al mismo tiempo, son mucho más.

“Jane es una chiquilla, después una doncella, luego una mujer joven enamorada y finalmente, una madre; no obstante, siempre es Jane. Su belleza radiante nos envuelve, así como el cariño de Andrew hacia ella. Serge es cálido, impulsivo, audaz (y el afecto de Andrew también es evidente).

“Todo este libro gira en torno a un profundo amor. Lo vemos en las miradas de esa lente y lo sentimos emanar detrás de la cámara. Así surge de la forma correcta, como debe aparecer en cualquier libro familiar.”

Alison Castle y Taschen han preparado este volumen memorable, Jane & Serge. A Family Album, acompañado de un póster, pegotes y algunas estampas de recuerditos en obsequio a los fans. .

Desde luego, las fotos del hermano de Jane Birkin se yerguen como el corpus grandioso de una historia fabulosa en sus momentos de felicidad absoluta: ahí vemos a un Serge sonriente, juguetón, inusitadamente tierno y servicial con Jane o con su hijita Charlotte (hoy excelente actriz); cantan, posan con gracia, arrullan a sus mascotas, se besan. El cuadro total refleja una historia de amor inolvidable.

Al paso del tiempo Jane tiró la toalla y abandonaría a ese genial artista que era Serge Gainsbourg, seguramente por sus excesos alcohólicos y a los cigarros Gauloises sin filtro, los mismos que lo llevaron primero a un colapso cardíaco y eventualmente, le provocaron su muerte al negarse él a dejar de fumar o beber.

Aquí es importante recordar que Je T’aime (Mais Non Plus) originalmente fue escrita por él para la actriz y cantante rubia Brigitte Bardot (París, septiembre 28 de 1943), considerada la bomba sexual francesa en 1968, una de las tantas féminas atractivas con quienes el feo narizón Gainsbourg anduvo antes de conocer a Jane Birkin. Habían grabado ese año el interesante LP Bonnie & Clyde, y aunque la Bardot interpretó aquella canción erótica con suspiros, gemidos y cantos sensuales ad hoc en un estudio de grabación, dando su débil imitación de un orgasmo sonoro al final de la pieza, a la postre no permitió que dicho tema explícitamente carnal fuese puesto a la venta.

Se dice que, efectivamente, ella y Gainsbourg hacían el amor cuando la grabaron; su versión es mejor que la de Bardot y el éxito mundial les llegó con el escándalo.

Kapuscinski, en la piel de la noticia

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Los libros del periodista polaco Ryszard Kapuściński (nacido en 1932) ciertamente tiene mucho en común con los escritos por los norteamericanos del “nuevo periodismo”: interpreta los hechos y caracteriza a los personajes reales, pero se distingue de Southern, Wolfe, Mailer, Thompson, porque su estilo es más llano y menos experimental, porque su actitud ante el acontecimiento es más distante y no se afana por jugar un papel protagónico en la historia que cuenta. Su narrativa es más lineal y se muestra, digamos, más respetuoso de la realidad
Los libros del periodista polaco Ryszard Kapuściński (nacido en 1932) ciertamente tiene mucho en común con los escritos por los norteamericanos del “nuevo periodismo”: interpreta los hechos y caracteriza a los personajes reales, pero se distingue de Southern, Wolfe, Mailer, Thompson, porque su estilo es más llano y menos experimental, porque su actitud ante el acontecimiento es más distante y no se afana por jugar un papel protagónico en la historia que cuenta. Su narrativa es más lineal y se muestra, digamos, más respetuoso de la realidad

“Trasladarse al lugar de los hechos, lo primero”, destaca Amelia Serraller Calvo al describir la esencia del reporterismo que practicó el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, cuya obra ha analizado también para adentrarse en su calidad literaria.

La eslavista e intérprete de ruso y polaco defiende con apasionamiento, con motivo de la publicación de su libro “Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuscinski” (Amargord ediciones), el rigor periodístico y la trascendencia de la obra del que fuera candidato polaco al Nobel de Literatura.

Y es en la profundidad de su mirada donde la experta española incide para explicar la importancia de los libros del reportero, que, subraya, fueron escritos en polaco para lectores polacos que entendían sobradamente que había “hiperboles y alegorías”.

Entre las primeras obras del premio Príncipe de Asturias 2003 como “el Sha” o “El Emperador” -explica- hay analogías que cualquier polaco encuentra en el retrato de Haile Selassie de su “trasunto” el secretario general del partido comunista polaco Edward Gierek, máximo líder entre 1970 y 1980.

En la era de las noticias falsas, la desinformación, la distancia del lugar de los hechos por comodidad, falta de recursos o excesiva confianza en internet, la autora reivindica el compromiso con el periodismo de Kapuscinski, primero admirado sin límite y denostado luego, por algunos de sus devotos, por esas licencias literarias.

“Es un periodismo que exige trasladarse al lugar de los hechos lo primero”, dice, “aunque hoy en día prácticamente no hay dinero para ese desplazamiento y, si lo hay, es muy breve, o son freelance por su cuenta y riesgo” los que asumen ese empeño, ironiza, al tiempo que destaca que para Kapuscinski es imprescindible también “leer informes del conflicto a cubrir, hablar el idioma”.

“Residir un tiempo” como hacía el desaparecido reportero “es algo del pasado” y duda que hoy lo puedan hacer los colegas de su país de origen.

No olvida tampoco la importancia que tenía “interactuar con la gente, pues decía -insiste la autora- que desde una redacción a no sé cuantos kilómetros qué se va a poder escribir desde la comodidad del sillón, de una gente que no se conoce y con la que no ha habido ningún intercambio humano”.

Pero junto a esas nociones de periodismo clásico, Serraller Calvo destaca que además de la ética profesional subsiste la repercusión del trabajo periodístico, pues “a partir de la imagen que transmite la prensa de los conflictos se empieza a construir la memoria y la historia de los mismos”

Como ejemplo recuerda la matanza del 18 de noviembre de 1978, cuando se suicidaron en Guyana 914 integrantes de una secta religiosa de origen norteamericano, la Iglesia del Templo del Pueblo, encabezada por Jim Jones .

Frente al “periodismo del dato frío y la exactitud, lo interesante es el drama: ¿qué llevó a esas personas a hacer algo así?”, resume.

A su juicio, Kapuscinksi evoluciona y conforme a la tradición de la escuela polaca del reportaje llega de la literatura documental al reportaje moderno, donde se inscribe una tradición marcada por la férrea censura de la época.

Considera que entonces era inevitable el periodismo militante, paralelo además a la evolución ideológica personal del corresponsal que emplea técnicas literarias para caracterizar psicológicamente a sus personajes e incluye su opinión sobre la realidad descrita.

Advierte que el propio protagonismo del periodista en el relato evita que nadie se llame a engaño.

Además de su vocación literaria, ensayística y filosófica, el escritor polaco cultivó una suerte de “periodismo mágico” que Serraller Calvo conecta con Carlos Fuentes o Gabriel García Marquez, con quien “simpatizó”.

Y colaboró con su proyecto de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano pues Kapuscinski “no quiere ser reducido a la categoría de mero periodista. Ansía ser reconocido como pensador, filósofo, ensayista, poeta y artista gráfico”.

“Aspiraba a dejar huella en el lector trascendiendo la actualidad” y se proponía que “el periodismo fuera una experiencia intelectual y estética. Hacer del reportaje una obra de arte total”.

Kapuscinski consideraba como un pionero en el reporterismo al historiador griego Herodoto de Halicarnaso, de quien alababa su calidad literaria y lo consideraba el primer globalista.

Además le agradecía que le hubiese permitido cruzar “la barrera del tiempo con las mismas ganas que un día superó la barrera del espacio”. Como si fuese internet.

Guerra contra la pedantería a la hora de cenar

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Alrededor de una mesa pueden confluir todo tipo de tics, que en una conversación desnudan a los pedantes pertinaces
Alrededor de una mesa pueden confluir todo tipo de tics, que en una conversación desnudan a los pedantes pertinaces

Es verdad que la filosofía no es un ingrediente forzoso de las cenas mundanas pero, si aparece, lo mejor es utilizar el humor y la erudición de Sven Ortoli y Michel Eltchaninoff para triturar palabras como metafísica u ontología y devolvérselas al pedante de turno como si fueran un misil tierra- aire.

El ‘Manual de supervivencia en cenas urbanas’ (Salamandra) que han escrito Ortoli y Eltchaninoff es un opúsculo repleto de humor negro e ingenio, propio de unos filósofos “tan franceses”, que se digiere como una deliciosa comida porque es “liviano, ágil y muy sabroso”.

La historia está jalonada de cenas memorables. Desde el banquete de Platon, al de Kierkegaard -en los que se comía y, sobre todo, se bebía en pos del “in vino veritas”- al festín de piedra del “Don Juan”, la Santa Cena, o los “peliculeros” de “La Grande Bouffe” o “Viridiana”.

Los autores creen que no hay grandes comidas sin la construcción de una historia y, a veces, de una revelación. No suele ser el caso de las cenas urbanas pero, advierten, no hay que pensar que se está tan lejos de aquellos festines en los que Aristófanes daba la réplica a las burlas de Alcibíades.

Las cenas contemporáneas, dicen, están repletas de tics de esnobismo, falsas paradojas, amaneramientos diversos y “pasadas” sin paliativos, falsificaciones conceptuales y “teorías definitivas” que ambicionan el mismo efecto letal que las bombas de racimo que arroja un B52.

Ortoli y Eltchaninoff dejan traslucir que ellos mismos son los valerosos y orgullosos supervivientes de muchas de esas cenas y lo hacen con una ironía muy próxima, aunque lo suyo no es un “recetario” de respuestas ingeniosas, sino más bien un divertimento para los amantes de la dialéctica y, por supuesto, de la filosofía.

Se puede entrar al trapo siempre que se quiera pero, recomiendan, “si no se siente con fuerza o ganas para batallar con un pedante profesional, recurra a Epicteto: si alguien nos llama ignorantes y no nos ofendemos, sepamos que empezamos a ser filósofos”.

Y nunca, nunca olvide, subrayan, que como afirmaba Lewis Carroll, “lo que se dice tres veces es verdad, y punto”.

Divididos entre la llegada, el aperitivo, los entrantes, el plato fuerte, la ensalada, los quesos, el postre, y el café y la copa, proponen “lecciones” como “¿Es el principio de Popper afrodisiaco?”, “Yo no tomo postre, soy epicúreo”, o “Cómo comportarse con un periodistósofo”, aunque sobresale por derecho propio el prefacio, firmado por un tal Marcello Yashvili-Mc Gregor, junior.

El sujeto es nada menos que Premio Nobel de Filosofía (1987), profesor invitado del Corleone Collège (Cambridge), profesor asociado de la madraza Michel-Foucault de Qom y titular de la cátedra de Metafísica Cuántica del Instituto de Transdisciplinaridad de México (MIT).

Ni hay Nobel de Filosofía ni existe el Corleone Collège de Cambridge, claro, como tampoco tiene Qom, la ciudad santa del chiísmo (Irán) una madraza Michel-Foucault, por no hablar de que es la física la que es cuántica, no la metafísica.

Y como epílogo proponen una de “ontología” esencial para la vida: “la esencia del queso gruyère es su amenaza”, porque su ser son los agujeros. “A más gruyére, más agujeros; a más agujeros, menos gruyére; luego a más gruyére, menos gruyére”. Y a la cama todo el mundo.

El lenguaje supremacista de las máquinas

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Más allá del inglés y el español, la mayoría de las lenguas, carecen de los recursos tecnológicos necesarios
Más allá del inglés y el español, la mayoría de las lenguas, carecen de los recursos tecnológicos necesarios

Internet y la irrupción de la inteligencia artificial pueden comprometer la supervivencia de muchas lenguas que acabarán muriendo si no logran dotarse de recursos suficientes para saltar al mundo digital ahora dominado por el inglés dentro de un escaso grupo de idiomas grandes, advierten algunos expertos.

“Las lenguas que no puedan acceder al plano digital en igualdad de condiciones con el inglés y las otras lenguas mayoritarias corren un serio peligro de extinción”, afirma Maite Melero, miembro de la Oficina Técnica General del Plan Nacional de Impulso de las Tecnologías del Lenguaje (TL) promovido por la Secretaría de Estado para el Avance Digital.

Traducciones automatizadas, análisis “inteligentes” de contenidos, minería de textos, asistentes de voz: lo digital en el ámbito de las lenguas es una realidad imparable.

La ciencia, la medicina, los negocios, la educación, cualquier área social o económica depende del análisis de datos textuales digitalizados. Todo apunta a que las interacciones futuras hombre-maquina serán orales y si los robots sólo entienden unas pocas lenguas mucha gente no podrá comunicarse con ellos.

Comunicarse con asistentes virtuales

Con asistentes virtuales cada vez más populares como Siri (de Apple), Alexa (de Amazon) o Google Home, los hablantes de lenguas minoritarias que quieran disfrutar de estos avances tecnológicos, no podrán dirigirse a ellos en su lengua porque no están programados para entenderlos y tendrán que hacerlo en otro idioma dominante, advierte la representante del Plan Nacional de Impulso de las Tecnologías del Lenguaje quien además es miembro de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

El objetivo de este plan de impulso que colabora con proyectos de ámbito europeo es fomentar las tecnologías lingüísticas para el español y las lenguas cooficiales, particularmente en la Administración Pública con medidas que aumenten el número, calidad y disponibilidad de las infraestructuras lingüísticas.

“Cuando una lengua cuenta con un buen soporte tecnológico resultan más fáciles los nuevos desarrollos”, asegura la experta.

Más allá del inglés y un pequeño grupo de otros cinco o seis idiomas grandes, que incluyen el español, para los cuales sí se están desarrollando recursos tecnológicos, “la mayoría de las lenguas, incluso en Europa, carecen de los recursos tecnológicos necesarios”, prosigue.

En este contexto, el Parlamento Europeo aprobó con el apoyo de algo más de 590 diputados y sólo 45 votos en contra y 44 abstenciones, una moción en favor de la igualdad lingüística en la era digital, presentada por la eurodiputada galesa del grupo de Los Verdes, Jill Evans. En su desarrollo han participado expertos como la propia Maite Melero, o Iñaki Irazabalbeitia y Kepa Sarasola, del grupo IXA de la Universidad del País Vasco.

El multilingüismo representa uno de los principales activos de la diversidad de Europa y al mismo tiempo uno de los desafíos más importantes para la creación de una Unión verdaderamente integrada, según la citada moción sobre igualdad lingüística.

Aunque EEUU y Asia dominan el mercado de las tecnologías lingüísticas y la traducción automática con gigantes estadounidenses como Google o Facebook, Europa no debe quedarse atrás, según muchos eurodiputados que reclaman mayor apoyo a estas tecnologías que pueden ayudar a alcanzar los objetivos del mercado único digital.

La brecha entre aquellas lenguas bien dotadas de recursos digitales frente a las que no lo están va en aumento, advierte Melero, quien propone a los parlamentos autonómicos en el caso español apoyar iniciativas como las de la UE para apoyar a las lenguas más débiles en esta nueva era digital.

La experta concluye que “el futuro será para las lenguas que sepan proveerse de recursos lingüísticos útiles para el desarrollo tecnológico”, como diccionarios, corpus bien anotados, ontologías y grandes cantidades de datos de calidad que incluyan el soporte digital.

Moralidad, yugo y familia

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Con la llegada de la II República se produce una explosión de derechos civiles y la sexualidad sale del cuarto oscuro donde la tenía metida el poder político y la Iglesia. Toda esta expresión de libertad republicana cambia de forma radical con el estallido de la guerra civil y la llegada del franquismo al poder (1939-1975)
Con la llegada de la II República se produce una explosión de derechos civiles y la sexualidad sale del cuarto oscuro donde la tenía metida el poder político y la Iglesia. Toda esta expresión de libertad republicana cambia de forma radical con el estallido de la guerra civil y la llegada del franquismo al poder (1939-1975)

La obra “Mujer, moral y franquismo: del velo al bikini”, de la autora y profesora de Historia de la Universidad de Málaga Lucía Prieto, analiza el control que el régimen franquista ejerció sobre la mujer y la política demográfica, con incidencia en la sexualidad femenina bajo valores católicos.

Así lo destaca la autora en un recorrido por las décadas más oscuras del franquismo, y en concreto del control que hizo a través del Patronato de protección a la mujer.

La institución se creó en 1941 y duró hasta 1971 con el objeto de “luchar contra la prostitución”, actividad que fue legal en España hasta 1956, con sus censos de “casas de lenocinio”, aunque el objetivo real fue controlar a las mujeres con “riesgo moral” o “comportamientos opuestos” al dictado de la Iglesia.

La creación de este organismo formó parte de la “estrategia demográfica” del régimen franquista, ha explicado la experta, para “controlar la moral y la sexualidad femeninas” y “garantizar la regeneración demográfica” tras la Guerra Civil y la procreación dentro del matrimonio católico, ya que nunca se incidió sobre el factor de la prostitución.

El fin de la guerra trajo consigo un “aumento espectacular” de la misma, ejercida de manera legal y clandestina, y como consecuencia social quedaron “mujeres solas, niñas huérfanas” o familias desestructuradas por el éxodo, con altos niveles de pobreza, registrando Barcelona y Málaga los mayores volúmenes de actividad.

Asimismo, se suprimió la legislación Republicana, y con ello la prohibición del divorcio, el matrimonio civil o el aborto.

Esto se tradujo en la “estigmatización” de las parejas que no estaban casadas por la Iglesia o de las madres solteras, la persecución del adulterio femenino, no así del masculino; o el “control de la vida sexual de las mujeres” con la interiorización del discurso de que éstas debían llegar “vírgenes al matrimonio” y reproducir.

El cambio social de los años 50 supuso en España que “el Estado invirtiera en la creación de reformatorios de mujeres”, donde quedaban “recluidas” chicas de entre 16 y 25 años que habían llevado una “conducta contraria al régimen”. Allí se ejercía un “control estricto”, pero “no orientado a formación intelectual”.

Otro de los aspectos que ha estudiado ha sido el funcionamiento de los centros de maternidad, en los que “el régimen acogía a madres solteras”, siendo su mayor preocupación el que los menores nacieran, pero olvidando a las mujeres.

El estudio se centra en Málaga, donde el Patronato tuvo especial intervención por la preocupación que existía en cuanto a los efectos del turismo y la “liberalización de las costumbre”, lo que provocó la “construcción de nuevos centros” como las “residencias de señoritas” bajo el control del patronato y la Iglesia.

Y es que en la capital malagueña se daba una de las mayores concentraciones del país de prostíbulos, similar a Barcelona, y que con la ilegalización del ejercicio en 1956 no desapareció, sino que “se incrementó”.

Prieto destaca que el régimen “implantó un programa de moralización para erradicar la prostitución” bajo un “control absoluto de la conducta de la mujer” y “un modelo de comportamiento basado en valores católicos” que la sociedad española arrastra hasta nuestros días.

La autora opina que la “educación en valores” en la escuela y el conocimiento son los instrumentos a través de los cuales se puede cambiar la sociedad, ya que la escuela en España “no es laica” y los “valores perviven”, ha criticado, aunque se han implementado políticas contrarias desde los gobiernos democráticos.

Por ello, aboga por seguir trabajando en la igualdad de género o “luchar contra la violencia simbólica”.

Adoctrinamiento desde la escuela

Según el periodista Edmundo Fayanas, “no de los aspectos del cambio que había realizado la II República es la implantación de la coeducación en el sistema educativo. Una de las primeras medidas del régimen franquista, una vez finalizada la guerra civil fue la prohibición de la coeducación, medida tomada, el uno de mayo de 1939. Es sabido, que los maestros republicanos fueron fuertemente represaliados, provocando la muerte de miles de ellos”.

Para Fayanas, “uno de los principales promotores del fin de la coeducación fue Onésimo Redondo, porque consideraba la coeducación como un capítulo de acción judía contra las naciones libres, un delito contra la salud del pueblo, que deben penar con sus cabezas los traidores responsables.

En el artículo 26 del Concordato firmado entre España y el Vaticano en el año 1953, decía: “Todos los centros docentes, de cualquier orden y grado, sean estatales o no estatales, la enseñanza se ajustara a los principios del dogma y de la moral de la Iglesia católica”.

Luis Alonso Tejada, en su libro “La represión sexual en la España de Franco”, analiza cómo el sistema educativo creado por el franquismo tenía como objetivo la limitación de las posibilidades intelectuales de las niñas y las mujeres, cuya única finalidad era encaminarlas a actividades de inferior rango cultural y social, es decir. al mundo del hogar y cumplieran su finalidad reproductiva.

El discurso franquista hablaba de la necesidad de una educación adaptada a cada uno de los sexos, para que así se pudieran desarrollar las características masculinas y femeninas. La mezcla de los sexos resultaba pues muy peligrosa para el desarrollo de los individuos, suponiendo una masculinización para las mujeres y una feminización para los hombres.

Botella Llusía rector de la Universidad Complutense de Madrid lo dejaba bien claro, cuando decía lo siguiente: “En esta educación juvenil de la mujer, es un error educar a las mujeres igual que a los hombres: la preocupación que deben recibir para la vida es radical y fundamentalmente distinta. Un formación encaminada no a hacer de ella un buen ciudadano, sino una buena esposa y una buena madre de familia o, si se queda soltera, en un ser útil a sus semejantes”.

Pilar Primo de Rivera y otras mujeres de la Sección Femenina en Alemania
Pilar Primo de Rivera y otras mujeres de la Sección Femenina en Alemania

En el año 1943, Pilar Primo de Rivera decía: “Las mujeres nunca descubren nada, les falta talento creador, reservado por Dios para las inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombres nos dan hecho… por eso hay que apegar a la mujer con nuestra enseñanza a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, tenemos que hacer que la mujer encuentre allí toda su vida y el hombre todo su descanso”.

Como podemos comprobar actualmente, todavía quedan rasgos muy importantes de la educación franquista en nuestra sociedad. No hemos avanzado mucho cuando hoy en día, los colegios del OPUS DEI segregan por género, renunciando a un principio básico cual es la igualdad de género y la coeducación.

Se practicaba la doble moral en el franquismo y regía tanto en los comportamientos masculinos como en los femeninos. La feminidad significa pertenecer a un solo hombre y por tanto era fundamental conservar la virginidad para el matrimonio. Sin embargo, se aconseja que los hombres fueran castos hasta el matrimonio, pero sí se les permitía tener relaciones con prostitutas.

Matrimonio y castidad femenina

Por Orden ministerial del diez de marzo de 1941, se plantea que las parejas que no deseasen casarse por el matrimonio religioso, podían hacerlo solamente por lo civil siempre y cuando justificasen el no ser católicos mediante un certificado. Prácticamente nadie empleó esta disposición, porque era considerado esto ser republicano y en consecuencia una traición política al régimen franquista, poniendo en riesgo su libertad.

Fayanas explica que “un aspecto muy llamativo dentro del franquismo es la prohibición del uso de los anticonceptivos, de ahí que muchos españoles son hijos del método anticonceptivo de la ‘marcha atrás’. Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción”.

En el Código Penal del año 1944 aparece la figura “del parricidio por honor” -recuerda Fayanas- cuando se sorprendía a la mujer en adulterio, no así el hombre. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año 1963.

Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre. En cambio, el marido cometía el delito del adulterio solo cuando su amante vivía con él, o sea en el hogar familiar, con la esposa y los hijos, o cuando la relación era públicamente conocida y provocase un escándalo público.

Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia. Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio. Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia.

Los chicos que mantenían relaciones sexuales antes del matrimonio no eran culpables de nada, sino que aparecían como los más viriles del mundo. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres.

Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer. La legislación franquista les obligaba a demostrar la existencia de una vida en común entre los dos amantes.

El padre Quintín Sariegos en su libro “La luz en el camino” dice: “En el 90% de los casos son ellas las que desperezan la fiera que duerme en la naturaleza del hombre con el ofrecimiento de su celo apetitoso”.

Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Su práctica sexual era timorata, haciendo el amor a oscuras, siempre con pijama y exclusivamente con fines reproductivos y no como forma de placer. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. En el trabajo “Las españolas en secreto, comportamiento sexual de la mujer en España” realizado por José Antonio Valverde y Adolfo Abril, publicado en el año 1975 decía lo siguiente: “Podemos estimar las insatisfacciones sexuales femeninas entre un 74% y 78%. Esto es muy claro, que cada cien españolas con actividad sexual generalmente dentro del matrimonio, setenta y seis no encuentran satisfacción; de cada cien, setenta y seis no alcanzan el orgasmo y, en muchas ocasiones, ni lo han conocido”.

La Sección Femenina del Movimiento enseñando a las mujeres a ser mujeres
La Sección Femenina del Movimiento enseñando a las mujeres a ser mujeres

Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba. Si seguimos al famoso rector de la Universidad Complutense de Madrid, Botella Llusía decía:

“Hay muchas mujeres, madres de hijos numerosos, que confiesan no haber notado más que muy raramente, y algunas no haber llegado a notar nada, el placer sexual, y esto sin embargo, no las frustra, porque la mujer, aunque diga lo contrario, lo que busca detrás del hombre es la maternidad… Yo he llegado a pensar alguna vez que la mujer es fisiológicamente frígida, y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide, y que no son las mujeres femeninas las que tienen por el sexo opuesto una atracción mayor, sino al contrario”.

El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino. Los hombres y las mujeres solo debían colaborar con Dios y se les prohibía que utilizasen la relación sexual con el único fin de gozar.

La masturbación

Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. El padre García Figar atribuía a la masturbación problemas físicos y mentales y decía “Desnutrición orgánica. Debilidad corporal. Anemia general. Caries dental. Flojera de piernas. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Pereza y desgana para el trabajo y hasta la imposibilidad de realizarlo. Acortamiento de la vida sexual, imposible de rescatar más tarde. Pérdida de atracción para el sexo contrario y repugnancia al matrimonio. Esterilidad espermatozoide. Retentivo nulo. Oscuridad en el entendimiento. Obsesiones y desvarios. Voluntad débil. Incapacidad para el sacrificio. Aficiones animales”.

Existían manuales, que señalaban como debían dormir los niños/as. Siempre las manos fuera de las sábanas y de la manta. Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador.

En los internados (que eran muy numerosos en esas épocas pues era la forma de que los chicos/as de los pueblos pudiéramos estudiar) se recomendaba que por la mañana, una vez despierto, no permanecieras más tiempo en la cama, pues puedes caer en el pecado de la impureza. Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos.

El escritor Francisco Umbral en su libro “Memoria de un chico de derechas” describía lo siguiente:

“Nos enseñaron a odiar el propio cuerpo, a temerlo, a ver en su desnudez rojeces de Satanás, repeluznos de Luzbel, frondosidades infernales. Odiábamos nuestro cuerpo, le temíamos, era el enemigo, pero vivíamos con él, y sentíamos que eso no podía ser así, que la batalla del día y la noche contra nuestra propia carne era una batalla en sueños, porque ¿De dónde tomar fuerza contra la carne sino de la propia carne? Había un enemigo que vencer, el demonio, pero el demonio era uno mismo”.

El noviazgo

Emilio Encisó Viana escribía en el año 1952 el libro “La muchacha y la pureza”, en el decía: “Cuando los vestidos, por frivolidad o por tontería de la moda o por descuido, se achican, se ciñen, o de otro modo resultan provocativos, son inmodestos… Haya quien dice ¿Qué tiene que ver en el vestido femenino un centímetro más o menos? Son tonterías de los curas y las beatas ¿No han de tener nada que ver? Ese centímetro hace que en el vestido no exista la moderación, la regla, el equilibrio que exige la decencia cristiana, y es ocasión de que, al verlo, ofenda la pureza ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, que los novios vayan cogidos del brazo? ¿No ha de tener que ver? Esas intimidades, esa licencia de coger el novio el brazo de la novia, es una puerta que se abre al pecado, es una facilidad para él, es un incentivo, es una hoja arrancada a la flor de la pureza, es la corteza que se ha quitado a la fruta”.

Era habitual en esta época franquista que en la prensa provincial aparecieran relaciones de parejas que habían sido multadas por atentar a la moral con actos obscenos en la vía pública.

El padre Antonio Aradillas escribió un título ¿El beso…?, decía: “Pero un día pudo más la pasión que el cariño, y el novio sorprendió a Maribel con un beso brutal clavado con saña de bestia en la mejilla de nieve de f13la chica piadosa. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Y claro, la huella se hizo más ancha, más roja y más profunda. Se le ve a simple vista en su cara… Ha llegado a sentir auténtico asco de todos los labios humanos”.

Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas. Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares.

La conocida literata Carmen Martín Gaite escribió el libro “Usos amorosos de la postguerra española”. En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos. Cuando eran sorprendidas en este tipo de relaciones eran despedidas, lo que provocaba que muchas acabaran en la prostitución al no tener otra posibilidad para poder sobrevivir. Se decía que los chicos se podían sobrepasar con las criadas todo lo que querían y para ello utilizaban el chantaje.

Homosexualidad

Fayanas explica que “la iglesia veía la homosexualidad como una sexualidad no reproductiva y pecaminosa”. “Desde el punto de vista militar -prosigue-, era una traición a los valores militares, y desde el punto de vista del poder franquista se veía como prácticas de la izquierda, es decir, rojos, ateos y decadentes. La palabra ‘maricón’ se convirtió en el insulto por excelencia”.

Titular en el que se destaca la detención de transexuales
Titular en el que se destaca la detención de transexuales

Cuando el franquismo se asentó, se empezó a perseguir a la homosexualidad de una forma más clara, los llamados “violetas”. Los hombres considerados homosexuales durante el franquismo eran tachados de enfermos y sometidos a terapias muy duras.

El régimen había creado los modelos del hombre y la mujer, basándose en la ortodoxia de la moral del nacional catolicismo. El hombre debía ser viril, fuerte y líder, mientras que la mujer, relegada al hogar, tenía que mostrarse buena esposa y madre al cuidado de la prole. La dictadura entró en la vida privada de las personas indagando en las conductas desviadas y en las inclinaciones impropias de los verdaderos españoles. El clima social opresivo condenó a los homosexuales al miedo y a la clandestinidad.

Para el franquismo la relación sexual entre dos mujeres era algo que no se podía concebir. Era impensable que una mujer pudiera disfrutar de su sexualidad y en consecuencia no estaba permitido salirse del papel que la sociedad del régimen les había encomendado que no era otro que el de tener hijos y atender el hogar. Es decir, para el régimen franquista el lesbianismo no existía. De esta forma, dos mujeres podían pasear y estar juntas siempre, sin que se pusiera en cuestión su sexualidad, mientras que esto era imposible en el hombre.

La homosexualidad masculina, como estamos viendo se reprimió con dureza y claridad: leyes de peligrosidad social, listas de maleantes, detenidos. Sin embargo, para el franquismo el lesbianismo no se contemplaba, en consecuencia se silenciaba y negaba su existencia. Si algo se ignora o se niega, no existe: así pensaba el régimen.

No obstante, Fayanas destaca que “las lesbianas desarrollaron hasta redes económicas para no depender de los hombres. Eran solidarias y crearon increíbles espacios de libertad: desde acampadas hasta zonas bohemias, como el Paralelo o las Ramblas de Barcelona. Sus relaciones eran clandestinas, pero disimulables: nadie podía imaginarse que dos amigas del brazo podían llegar a tener una relación “tan subversiva”, como dice Matilde Albarracín.

Destellos en blanco y negro del amigo holandés

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Müller es reconocido dentro del mundo del cine por su gran trabajo como iluminador, y uno de los cineastas con los que más colaboró fue Wim Wenders, incluso desde los inicios de su carrera en films como The Goalkeeper’s Fear of the Penalty (1971), The Scarlet Letter (1973) y The American Friend (1977), aunque uno de sus trabajo más reconocidos será en la icónica Paris, Texas (1984)
Müller es reconocido dentro del mundo del cine por su gran trabajo como iluminador, y uno de los cineastas con los que más colaboró fue Wim Wenders, incluso desde los inicios de su carrera en films como The Goalkeeper’s Fear of the Penalty (1971), The Scarlet Letter (1973) y The American Friend, de 1977 (en la imagen, Müller filma a Dennis Hopper), aunque uno de sus trabajos más reconocidos será en la icónica Paris, Texas (1984)

En una de las escenas más poderosas de París, Texas, obra cumbre de la filmografía de Wim Wenders, marido y mujer se reencuentran después de muchos años en una pequeña habitación, separados por un cristal. Ella sí puede verlo a él, pero Harry Dean Stanton permanece pegado a una pared opaca, intuyendo la presencia de la persona que se encuentra detrás, la misma que fue su compañera en otro tiempo. En aquella habitación se encontraba, en aquel momento, otro cristal de mecánica similar: el de la cámara de Robby Müller.

Müller nació en 1940 en Willemstad, la capital de Curazao, una de las cinco islas caribeñas que componen las Antillas Neerlandesas. Comenzó su carrera como director de fotografía a principios de los años 70 en Alemania, de la mano de un jovencísimo Wim Wenders, con quien colaboró en el corto Alabama (2000 Light Years) y en varios de sus primeros largometrajes, como Summer in the City o El miedo del portero ante el penalti. Ahí comenzó a fraguarse la que sería una amistad muy prolífica en lo artístico. En los años siguientes trabajarían juntos en películas del calado de Alicia en las ciudades, La letra escarlata o la propia París, Texas.

A lo largo de sus años como director de fotografía de Wenders, Müller desarrolló una especial habilidad para el retrato de paisajes (urbanos o rurales) desesperanzados, en conexión con la soledad que el cineasta alemán buscaba imprimir a sus personajes. En París, Texas alcanzó la máxima expresión de esta línea de trabajo, potenciado además el uso del color como mecanismo narrativo, en un ascenso constante desde los tonos desgastados del principio del film hasta la paleta cromática de pasteles intensos con la que culmina su relato.

A partir de los años 80, Müller inició un proceso de expansión creativa que lo llevó, en primer lugar, a trabajar en Estados Unidos con directores como William Friedkin, para quien fotografió Vivir y morir en Los Ángeles; o Peter Bogdanovich, con quien trabajó en Saint Jack (El rey de Singapur) y Todos rieron. Allí conoció a Jim Jarmusch, un joven cineasta americano que comenzaba su carrera como director y con el que colaboraría en la mayor parte de sus primeros trabajos.

Con Jarmusch, Müller exhibió una sensacional destreza en el empleo del blanco y negro. Lo hizo, por ejemplo, en Bajo el peso de la ley, película protagonizada por Tom Waits a la que proporcionó un aire cándido de sordidez; o en Dead Man. De vuelta al color, acompañó a Jarmusch en la consolidación de su estilo cinematográfico en Ghost Dog, el camino del samurái, posiblemente la película que lo confirmó como un nombre a tener en cuenta dentro del cine independiente norteamericano.

Bajo el principio de la vagancia creativa –”no hacer más de lo necesario, pero siempre lo suficiente”– Müller prestó también su mirada, su inconfundible blanco y negro, su manejo de la cámara (siempre a su cargo) y su gusto por el encuadre desplazado.

Pero sería de nuevo en Europa, además de su prolongada relación con Wenders (Hasta el fin del mundo, Más allá de las nubes) o el encuentro puntual con Wajda (Korczak), donde Müller volvería a redefinir un nuevo sello visual junto al danés Lars Von Trier, para quien intensificó el grano y rebajó la paleta de color casi hasta confundirla con el blanco y negro, y puso en práctica audaces movimientos de cámara al hombro

Müller también filmó Barfly de Barbet Schroeder (1987), Repo Man de Alex Cox (1984) y To Live and Die in LA de William Friedkin (1985)

En los últimos años de su carrera como director de fotografía, que finalizaría a principios del siglo XX, Müller colaboró con Lars von Trier en dos de las películas clave de su filmografía: Rompiendo las olas y Bailar en la oscuridad. En ellas volvió a demostrar su amplio dominio de la temperatura del color como recurso expresivo, además de su eclecticismo formal, fundado siempre en la conjunción entre su estilo propio y la comprensión de aquello que sus directores le pidieron a lo largo de su carrera. Porque esa es la única manera de que cineastas como Wenders, Jarmusch o Von Trier, con una voluntad de autor tan definida, confiasen en él a lo largo de tantos años.