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Habilidades de psicópata para la vida moderna

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El autor propone captar el lado amable de la conducta psicoppática, para conseguir nuestros objetivos
El autor propone captar el lado amable de la conducta psicopática, para conseguir nuestros objetivos

Controlar al “juez interno” que nos hace sentir culpables y practicar las lecciones positivas de los manipuladores, son el punto de partida del libro “Aprendiendo de los psicópatas: habilidades y estrategias para gente normal”, donde el psicólogo César Landaeta presenta las claves para dejar de ser las víctimas de los “verdugos” y convertirnos en los protagonistas de la situación.

Si aún eres de los que piensa que los psicópatas son criminales como el doctor Hannibal Lecter, encarnado por Anthony Hopkins en El silencio de los corderos, o Norman Bates (Anthony Perkins) en el clásico de Alfred Hitchcock, Psicosis, quizás te cueste un poco reconocer a los “lobos vestidos de ovejas” que abundan en tu entorno, listos para envolverte con su encanto personal.

Al menos, esa es la premisa por la que Landaeta, psicólogo clínico y escritor venezolano, después de analizar las distintas personalidades y la conducta de los maltratadores psicológicos de sus pacientes, decidió crear un “manual de defensa” con instrucciones útiles para “desenvolvernos como pez en el agua” en la sociedad, conseguir ascender en nuestros objetivos, pero sin dañar a nadie.

Y es que, como él mismo dice, a quién no le parece “simpática” la forma en la que Frank W. Abagnale (Leonardo DiCaprio) logra engañar y escapar del astuto agente del FBI, Carl Hanratty (Tom Hanks) en Atrápame si puedes. Con este ejemplo, Landaeta ilustra el uso que los psicópatas hacen de la atracción personal para cautivar a los demás y lograr que los miren como “entidades sobrenaturales”.

Landaeta confiesa que las conductas psicopáticas son más frecuentes de lo que percibimos, como en las relaciones sentimentales, y pone como ejemplo el típico chantaje de la pareja neurótica que dice: si tú me quieres vas a hacer eso por mí y si no es que no soy importante para ti.

También advierte de que su libro es sólo un manual instructivo con el que “no pretende transformar la personalidad de nadie”, sino solamente plantear “nuevas formas para entenderse con el mundo”.

“El psicópata es una persona que no tiene emociones, que no tiene compasión, ni empatia. No tiene ninguna posibilidad de entenderse sentimentalmente con nadie, no se enamora, es una persona fría, es un autómata. Lo que hace es solo para obtener su beneficio, que es lo único que le interesa en esta vida. Por él o ella se pueden morir las personas de su alrededor, pero mientras él sobreviva está satisfecho, no contento, porque tampoco disfrutan mucho de sus cosas. Ellos pasan por esta vida como un robot”, explica Landaeta.

A juicio del experto, “la psicopatía estructural es cuando la persona es psicópata”. De este modo, “la psicopatía de defensa es la que uno usa como mecanismo para la vida cotidiana. Está en la parte exterior, no es un elemento interno. Por ejemplo, cuando estás tratando de seducir a alguien y te pones ropa que te haga lucir más delgado, es una seducción psicopática”.

Según Landaeta, la culpabilidad tiene su origen en la crianza familiar, que es muy contradictoria. “Para los niños, la formación que se les da es complicada de entender. Los padres dicen una cosa y hacen otra. Le dicen ‘no mientas’, ‘en casa no se acepta la mentira’, y luego si están viendo televisión y no quieren atender a una llamada por teléfono, le piden al niño que diga que no están en casa”, concede.

Por consiguiente, “el niño aprende a sentirse culpable cuando dice una mentira para salir de un problema o si ocultó algo para librarse de un castigo. Y eso, a futuro, le impide manejarse con eficiencia y vivir una vida equilibrada, y lo pone en riesgo de ser victima de los manipuladores que lo hacen sentir culpable para obtener beneficios”.

En cuanto a si las personas con baja autoestima más manipulables, Landaeta entiende que “desde luego, las personas que tienen esa dificultad para valorarse positivamente son las victimas perfectas del psicópata, porque existe un mecanismo denominado ‘la identificación proyectiva’ y entonces aquella persona que está siendo valorada por un psicópata, sea un líder o un dictador, se siente valiosa”. De tal guisa que “estos personajes tienen una corte que los sigue, porque la gente que se pone bajo sus alas, se siente como ellos”.

“Qué pasaría si te encuentras con Nicole Kidman en la calle, y ella se detiene, te sonríe, te pone la mano en el hombro y se toma una foto contigo. Seguro que piensas…¿Cómo entre tanta gente caminando por la misma calle me eligió a mi? Te sientes igual de importante que ella. Es una fantasía, pero es válido”, prosigue Landaeta..

De cara aadquirir el encanto personal, el psicólogo asegura que “la mayoría de la población tiene un elemento melancólico, una sensación de que no somos perfectos, y por eso vemos que la gente vive adornándose, con tatuajes, maquillaje o anillos. Y hay personas extremadamente melancólicas que se atribuyen todos los defectos de mundo y se sienten inferiores”.

“Por eso, lo que pueden hacer es identificar los rasgos positivos o virtudes que tengan. Si tú ves que tienes, por ejemplo, una voz de locutor, y admiras a algún narrador, entonces imítalo y usa ese encanto personal para tu beneficio”, continúa.

La adulación al prójimo es una de las claves aconsejadas para caer bien. “Cuando haces que el otro se sienta bien consigo mismo y le haces saber que su presencia es grata, baja inmediatamente su sistema de defensa. Cuando alguien entra por la vía de la alabanza, el sistema de defensa disminuye casi al mínimo y permites entonces casi cualquier intervención del otro. Hace mucha falta que te den un masaje al ego, y esto se puede utilizar de una manera racional”, asegura.

“Por ejemplo, si entras criticando a casa de alguien y le dices que no te gusta, seguramente no serás bienvenida, pero si llegas hablando de lo positivo, te abrirán las puertas de nuevo”, matiza.

Para este psicólogo clínico, cuando una persona se da cuenta de que su pareja es una psicópata, o incluso padece psicosis, tiende a culparse por haber hecho esta elección. Es por eso que Landaeta les recomienda a los que se viven esta situación “no pensar que tienen un «imán» raro para la locura”, sino que deben considerar que “tal vez los hayan condicionado internamente para hallarle encanto a la psicosis”, de forma inconsciente.

Ante esta realidad, el psicólogo explica que se deben poner en práctica las técnicas que nos permitan identificar a los psicópatas, para poder defendernos. Una de estas técnicas es entrenar el uso de la perplejidad, que consiste en dejar a la persona “desconcertada” o “confundida”, para poder instalar ideas en su mente, lo cual es útil para bloquear al manipulador y que haga lo que queremos.

Como consejo, Landaeta, sugiere mantener “los sentidos bien despiertos” y hacer “un alto para revisar el código interno con el que seleccionamos a nuestra pareja, y si se trata de personas que hacen parte de nuestro entorno laboral, utilizar algunas técnicas como la “sobre-obediencia”, desarrollada en su libro.

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Hojarasca en los jardines de la mente

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Las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad
Las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad

Andrew Solomon sabe de lo que habla, pues en varios momentos de su vida ha visto de cerca el rostro del “diablo de la depresión”, una enfermedad con la que se ha acostumbrado a convivir y que él combate a base de “pastillas y amor”, una combinación que es “la mejor medicina”.

“Me considero un superviviente, sí, pero también me veo a mí mismo como alguien que sigue teniendo depresión. La controlo bastante bien, ya no me afecta tanto, pero no es algo que haya quedado atrás definitivamente. Sigue ahí, esperando levantar su fea cabeza en cualquier momento”, destaca el escritor y ensayista estadounidense.

Profesor de Psiquiatría en la Universidad de Cornell y asesor para cuestiones de LGTB en la de Yale, este neoyorkino con estudios de arte y psicología, colaborador habitual de The New York Times y de la revista The New Yorker, es autor de “El demonio de la depresión” (Debate), un ensayo monumental y multidisciplinar que ha sido superventas en muchos países.

En 2002, el libro fue finalista del Premio Pulitzer. Un año antes obtuvo el prestigioso National Book Award.

Un reciente estudio sobre la dolencia, “tan común como incomprendida”, en palabras de Solomon, asegura que afecta al 4,3 % de la población española, que uno de cada dos casos no se detecta y que entre los que están diagnosticados solo se tratan adecuadamente dos de cada tres.

Unos datos que no extrañan a Andrew Solomon, pues en su país unos 19 millones de personas sufren cada año episodios de depresión, de los cuales más de dos son niños. “Es la principal causa de incapacidad, allí y en otros muchos lugares del mundo”, además de estar detrás de, aproximadamente, el 15 % de los suicidios.

Cinco años invirtió Solomon en poner en papel su propia experiencia con la enfermedad, “un agujero en mi vida”, dice, y la de muchos otros enfermos a los que entrevistó, cuyos testimonios ofrecen una amplia y certera panorámica sobre un mal que, por encima de todo, “eclipsa la capacidad de dar o recibir afecto”.

“Es la enfermedad -dice Solomon- de la soledad, que destruye no solo el vínculo con los otros, sino también la capacidad de sentirse bien con uno mismo”.

Andrew Solomon habla claro cuando asegura que “no se puede hablar” de curación de la depresión. “Se puede y se debe hablar de tratamiento efectivo. Hay gente que lo recibe y no recae. Es una enfermedad que hay que tratar, controlar y hacer que se convierta en algo manejable”.

Pero hacerla desaparecer, “como si de una infección bacteriana se tratara, eso no se consigue. Una vez que la sufres, está ahí, bien metida en tu cerebro, para siempre. Se puede vivir con ella sin estar obsesionado”.

Para Solomon la depresión no es una enfermedad “de la vida moderna y de la clase media alta. Ha existido -advierte- a lo largo de toda la historia y en todos los contextos”.

“Hay -argumenta- una actitud colonialista, paternalista, que hace que parezca que las enfermedades del cerebro, la depresión entre ellas, estuvieran relacionadas con la sofisticación, que fueran el resultado de nuestra sociedad moderna”.

No. Se trata de una “experiencia común” a todos los seres humanos y en cualquier momento de la historia. “En el mundo desarrollado lo único que hay -advierte- es un mayor acceso al tratamiento, complicado y caro, no disponible en todas partes”.

Ahora bien, “las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad”, sostiene Solomon.

El ritmo de vida, “el caos tecnológico, la alienación, la ruptura de las estructuras familiares tradicionales, la soledad endémica, el fracaso de los sistemas de creencias (religiosas, morales, políticas, sociales,…todo lo que alguna vez pareció dar sentido y orientación a la vida) nos ha llevado a una situación catastrófica”, escribe.

“La modernidad -añade- tiene mucho de bueno. El problema es cuando se convierte en un sustituto. Y no lo es, no puede ser un sustituto. Las redes sociales no pueden ser el sustituto de una persona mirándote a los ojos. La reciprocidad es fundamental para la coherencia humana”.

Solomon habla de una sociedad “poco tolerante con el abatimiento”, y de la necesidad de transformar “el sufrimiento, pero no de olvidarlo, de negarse a él, ni de eliminarlo”.

“Siempre he argumentado que lo contrario de la depresión no es la felicidad, sino la vitalidad. Cuando alguien está deprimido no es tanto que se sienta increíblemente triste, no, es que se siente incapaz de actuar, de funcionar.”

Y “nunca” eliminaría “los estados de ánimo negativos, las emociones negativas, porque entonces -concluye- los sentimientos y emociones positivas pierden su significado”.

La psicosis duele menos en compañía

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Cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente
Cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente

Los trastornos mentales siempre han estado rodeados de un gran desconocimiento. Aunque se ha avanzado mucho en su normalización, muchos tabúes siguen presentes cuando alguien se encuentra ante una enfermedad mental o cuando alguien querido la padece. Y esta desinformación lleva, en muchos casos, a desarrollar actitudes emocionales negativas hacia los propios pacientes, como atribuirles responsabilidades sobre el origen del problema.

Uno de los conceptos más influyentes en las investigaciones psicosociales en torno a familiares de pacientes crónicos ha sido el de emoción expresada (EE). Se refiere a las actitudes emocionales que una persona dirige a su familiar enfermo, siendo como una forma de medir la temperatura emocional en el contexto en el que conviven.

Un alto nivel de EE, definido por la presencia de altos niveles de crítica, hostilidad o sobreimplicación emocional, ha sido consistentemente demostrado como un predictor de recaídas en contextos de enfermedad crónica, en general, y en el contexto de las psicosis, en particular.

Un nuevo estudio de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) –entre otras universidades de España, México y Estados Unidos– describe y compara los niveles de EE (crítica y sobreimplicación emocional), los niveles de ansiedad y depresión y las atribuciones de control y culpa que suelen tener los cuidadores sobre la enfermedad en el contexto de la psicosis temprana, considerando que el modelo atribucional puede ser de gran utilidad para entender mejor los mecanismos que subyacen la relación entre el estrés familiar, la EE y los procesos psicóticos.

La investigación analiza una muestra de 78 familiares de pacientes, 41 de personas en riesgo para la psicosis (ARMS, por sus siglas en inglés) y 37 de pacientes que han padecido sus primeros episodios psicóticos (FEP, por sus siglas en inglés). Por un lado, el estudio examinó las asociaciones de los diferentes componentes de la EE con la morbilidad psiquiátrica (ansiedad y depresión) de familiares y sus atribuciones acerca de la enfermedad y, por otro lado, comparó ambos grupos (ARMS y FEP) en dichas variables.

Los resultados del estudio muestran que, en los cuidadores, ambos indicadores de EE, crítica y sobreimplicación emocional están fuertemente asociados con sus niveles de ansiedad y depresión. En el grupo subclínico o en riesgo (ARMS), los cuidadores fueron más críticos que en el grupo de los primeros episodios, lo que se explicaría a causa del menor conocimiento sobre la enfermedad (por definición en los ARMS, al no haber debutado la misma todavía propiamente). A medida que la enfermedad progresa y los síntomas se hacen francos, los familiares critican menos la forma de comportarse de los pacientes, haciéndoles menos responsables de dichos síntomas.

Como señala Cristina Medina-Pradas, investigadora de la UNIR y autora del trabajo, “considerando que la alta EE puede contribuir a precipitar la transición a la psicosis en los pacientes ARMS y las recaídas en los FEP, las intervenciones familiares deberían ser una prioridad”.

Estas intervenciones familiares en la psicosis temprana deberían dirigirse a proporcionar apoyo psicológico e información adecuada para que los familiares puedan afrontar mejor y abordar adecuadamente los desafíos del trastornos, reducir las valoraciones negativas y cambiar las atribuciones de culpa de los pacientes que tienen los familiares, y atender sus niveles de ansiedad para prevenir el afianzamiento de la EE a lo largo del tiempo.

Más comprensión para reducir la ansiedad

El estudio subraya la importancia de ayudar a las familias a una mejor comprensión de la situación y a la aceptación progresiva de la misma, que les lleven a resolver cuestiones relacionadas con la culpa y la pérdida.

La incomprensión, la frustración y el duelo son reacciones habituales del entorno en las primeras etapas de la enfermedad. Se ha comprobado que los familiares expresan generalmente niveles más altos de ansiedad en pacientes que aún no han debutado (estados mentales de alto riesgo) que en aquellos en los que ya ha habido una transición a la psicosis.

Según los expertos, cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente.

Dada la importancia que el ambiente emocional del paciente tiene con respecto a la evolución de su sintomatología o a su pronóstico, las investigaciones en este tema han tratado de delimitar los factores psicológicos, cognitivos, etc. que subyacen a la alta expresividad emocional. No obstante, muy pocos estudios se han centrado en dilucidar y comparar estos mecanismos en los cuidadores en las primeras etapas de la enfermedad.

Tampoco cuando la enfermedad no se ha desarrollado del todo aún, cuando estudiar estos fenómenos en estas fases tan tempranas puede ayudar a comprender cómo se desarrollan dichos procesos emocionales a la vez que se va desarrollando la enfermedad. Esto es fundamental para poder intervenir cuando antes y prevenir que estas actitudes se afiancen, ayudando a su vez a evitar un empeoramiento por esta causa de los síntomas.

Viaje a los confines de la mente

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Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.
Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.

El misterioso antropólogo Carlos Castaneda plasmó en sus libros las experiencias alucinógenas  que vivió guiado por el anciano brujo Juan Matus, que pretendió convertirlo en ‘un hombre de conocimiento’.

En 1970, el subdirector del Fondo de Cultura Económica de México (FCE), Jaime García Terrés experimentó “un señor viaje de hongos”. A raíz de aquel episodio, el editor y diplomático escribió su poema Carne de Dios y adquirió —como si intuyera el éxito comercial en que habrían de convertirse— los derechos de cuatro libros de Carlos Castaneda, un antropólogo de origen peruano que estaba causando sensación describiendo su propia experiencia con alucinógenos.

La anécdota la recuerda el escritor José Agustín, quien en los años sesenta vivió su primera fase sicodélica y había tenido la oportunidad de leer en inglés Las enseñanzas de don Juan, el primer título de Castaneda editado por la Universidad de California (UCLA) en 1968. En países como México, los libros aparecerían hasta 1974, después de que Terrés encargó su traducción a Juan Tovar y un texto introductorio a Octavio Paz que titularía La mirada anterior.

Desde aquel momento, los libros en los que el autor describe las enseñanzas que le transmite el viejo Juan Matus para convertirse en brujo o en un “hombre de conocimiento”, se convirtieron en éxitos de venta.

Tomás Granados, gerente editorial del FCE, dice, acerca de la primera edición en español, que su aparición “fue un campanazo, creo que ese es el sueño de todo editor: encontrar un libro que le entusiasme en lo personal y que entre en sintonía con los lectores”.

Los cuatro libros de Castaneda (Las enseñanzas de don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de poder) se encuentran al nivel de ventas de cualquier Best-Seller en países sudamericanos, especialmente México. El éxito de venta, sin embargo, no se limita a México, también en España y Argentina, donde la editorial paraestatal tiene presencia, los libros del antropólogo peruano fallecido en 1998 son de los más vendidos. Y lo mismo sucede en Estados Unidos, en donde año tras año, la University of California Press (el sello de la UCLA), quien editó Las enseñanzas de don Juan por primera vez, incluye ese libro entre sus best sellers.

Simon & Shuster, la principal distribuidora de Castaneda en la Unión Americana, mantiene vigentes en su catálogo unos 15 libros de y sobre el autor.

Algunas estimaciones hablan que el peruano ha vendido más de diez millones de copias en todo el mundo, pues sus libros han sido traducidos al menos a 17 idiomas.

El mito Castaneda

Granados busca explicar la relevancia que tuvo en el éxito de los libros el mito alrededor del autor: “Hay misterio, sí, sobre el personaje, pero yo quisiera que fuera lo menos relevante, porque los libros son valiosos como texto de autodescubrimiento, como acercamiento a una cultura ajena, como elogio de la experimentación en uno mismo, no tanto como del consumo de drogas sino como de una cierta disciplina para mirar el mundo de otro modo”.

Y aun así, en la actualidad poco se sabe con certeza de Castaneda. En junio de 1998, algunas agencias de información dieron la noticia sobre la muerte del antropólogo; su amiga y albacea Deborah Drozz habría informado que Castaneda murió el 27 de abril de ese año a consecuencia de cáncer de hígado, pero incluso la veracidad de algunas fotografías que circulan por internet está en duda. En el texto introductorio de la nueva edición del FCE, José Agustín contribuye a esclarecer algunos datos:

Según el autor de De perfil, quien junto a Juan Tovar se encontró con Castaneda en el lobby del Hotel de la Ciudad de México, el antropólogo era brasileño (y no peruano como hasta ahora se cree), tenía un parecido con el actor Peter Lorre y podía hablar sin parar y de manera encantadora por horas.

También dice que Castaneda no consumía ni tabaco ni alcohol, ni café y mucho menos refrescos embotellados; además usaba expresiones como “hijo de la gran flauta” o “como Kiko y Kako” y hasta para comer tenía sus manías: “nunca supe, por ejemplo, por qué desechaba ciertas partes de la papaya”.

Castaneda habría desaparecido de la vida pública en 1973; la revista Time le dedicó su portada ese mismo año con el título Carlos Castaneda: Magic and reality, pero José Agustín agrega que conoció y frecuentó a sus “dos hijos preciosos”, Rodrigo y Gonzalo, que siguen siendo buenos amigos de él y “no siguieron sus pasos (de su padre); se metieron en ondas académicas”.

Finalmente Granados acepta que el mito detrás de Castaneda contribuyó a convertirlo en un best seller y a que más gente lea sus extraordinarios relatos: “En efecto, fue un personaje misterioso y él contribuyó a crear ese misterio, el mito ha atraído a mucha gente y es inevitable, no se va disipar nunca, no hay modo de tratar de aclarar la biografía y los hechos de la vida de Castaneda, pero lo que sí queda claro es que la escritura de Castaneda es muy eficaz y muy seductora”.

Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.
Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.

En 1970 García Terrés le compró los derechos de las cuatro obras de Castaneda a la UCLA y desde entonces con ellos se han llevado a cabo los contratos para realizar las reediciones. “Siempre lo llevamos con la Universidad de California; en la familia también está parte del misterio, tuvo un hijo que en un tiempo no reconoció, se distanció de él, estuvo casado aparentemente muy joven y sin divorciarse tuvo otras parejas. Es difícil establecer el árbol genealógico”, dice Granados. Cada cierto tiempo, el FCE renueva el contrato con la UCLA para volver a imprimir los libros inspirados en las enseñanzas del chamán Juan Matus.

Descubrir a Castaneda

Polémicos por la cuestionable veracidad de la fuente, los libros de Castaneda fueron “best sellers” en su época, pero más allá de las experiencias y la doctrina que difunden, resultaron en una exploración de la sabiduría indígena.

1968
Las enseñanzas de Don Juan

Narrando las experiencias y lecciones que supuestamente vivió con un brujo Yaqui, Carlos Castaneda cuenta una historia en la que los alucinógenos muestran una conceptualización “New Age” de situaciones cotidianas.

1974
Una realidad aparte

Las charlas con el brujo yaqui Juan Matus continúan en la publicación lanzada el año del boom de Las Enseñanzas de Don Juan, Castaneda continúa escribiendo sobre los misterios del conocimiento indígena que los lleva a vivir una vida “verdadera”.

1975
Viaje a Ixtlán

Siguiendo por su exploración del conocimiento, de la mano de los indios yaquis, Castaneda recuerda en esta publicación las labores de disciplina física y mental a las que se enfrentó para lograr la “intimación de la soledad” y la “áspera belleza de la vida”.

1976
Relatos de poder

El poder, la sabiduría y la “despersonalización” guían este relato que inicia con un diálogo entre Castaneda y su maestro “¿Por qué me dio plantas visionarias en el inicio de mi entrenamiento en el camino del conocimiento?” La respuesta es: “Por tu falta de sensibilidad; necesitaba una herramienta para abrir esa cabeza tan dura”.

1981
El don del Águila

Considerado como uno de sus libros más representativos, el autor conduce al lector por líneas que hablan de la “brujería mexicana”. El texto se envolvió en polémica al escribir en el prólogo “Lo que escribo aquí es ajeno a nosotros y por eso se nos antoja irreal”.

Chimpancés y humanos quieren ser espectadores del ‘ojo por ojo’

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Ejecución pública en el estado de Virgina (EE.UU.), en 1897
Ejecución pública en el estado de Virgina (EE.UU.), en 1897

Si alguien perjudica a otros, los humanos tendemos a querer que se le castigue para que no se vuelva a repetir su mala acción. Un equipo de científicos ha analizado los orígenes de esta motivación en unos experimentos con niños y con chimpancés y concluye que tanto los grandes simios como los niños a partir de los seis años quieren ver cómo el otro recibe el castigo.

Cuando una persona hace algún tipo de daño a otros, nace en los adultos la motivación de ver cómo se castiga a ese individuo para que no se vuelvan a producir situaciones de injusticia. Pero ¿qué sienten los niños y otras especies de primates ante estos casos?

Un equipo internacional, liderado por el Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, ha estudiado los orígenes filogenéticos de esta motivación que subyace a la acción de castigar al que ha obrado mal. Por ello, han realizado una serie de experimentos con niños de cuatro a seis años y chimpancés.

Los resultados, publicados en la revista Nature Human Behaviour, demuestran que tanto los chimpancés como los niños de seis años (pero no los menores de esa edad) escogen ver el castigo hacia el actor que ha actuado mal, incluso si esto supone un coste para ellos. Ambas especies compartimos mecanismos psicológicos similares destinados a buscar el castigo de aquellos que nos dañan.

“Las raíces filogenéticas de la motivación por la venganza parecen comunes entre chimpancés y humanos a partir de seis años, ya que ambos están dispuestos a correr costes para continuar viendo cómo se castiga a un actor que previamente les ha retirado un elemento valioso”, señala a Sinc Nereida Bueno-Guerra, coautora del estudio e investigadora ahora en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.

Según los científicos, el origen de los sistemas jurídicos, legales y morales se encuentra en una necesidad de castigo compartida entre ambas especies, que en algún momento de nuestra historia evolutiva se amplió para cubrir las situaciones en que son otros (y no solo nosotros) los afectados por un daño. “Esta ampliación tal vez se debe a los efectos de una larga historia de educación en valores empáticos y de cooperación”, recalca Bueno-Guerra, que era investigadora en la Universidad de Barcelona mientras se realizó el trabajo.

Sin embargo, a diferencia de los humanos, los chimpancés no comparten la motivación de ver aplicar los castigos cuando ellos no han sido los perjudicados. En este caso, “la motivación de las personas por el castigo merecido incluye las situaciones que sufren terceras personas, lo que lleva a establecer mecanismos sociales como tribunales o declaraciones universales de derechos humanos”, apunta la experta.

Experimentos en busca de venganza

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de científicos realizó unos experimentos en los que el sujeto (niño o chimpancé) aprendía que existían un actor prosocial (que le daba juguetes o comida) y otro antisocial (que le quitaba juguetes o comida). En el caso de los niños, estos actores eran marionetas y en el caso de los chimpancés eran personas (experimentadores).

“Una vez que habían aprendido esto, veían como un tercer sujeto (otra marioneta/otro investigador) entraba en escena y comenzaba a pegar a cada uno de ellos por separado. En el momento de pegarle, en la condición “invisible” la acción podía desaparecer de la vista de los sujetos (en el caso de los niños, las marionetas desaparecían tras un telón tipo teatro, y en el caso de los chimpancés, los experimentadores se desplazaban hacia un sitio de la sala desde la cual el chimpancé no podía seguir viendo la acción) y en la condición “visible” el castigo continuaba sucediendo a la vista de los sujetos”, explica Bueno-Guerra.

Para comprobar si los niños y los chimpancés realmente querían seguir viendo el castigo en la situación “invisible” –aquella en la que la acción desaparecía de su vista–, los científicos les pidieron que depositaran unas monedas en una caja para seguir viéndolo o en otra para dejar el telón caído, sabiendo que en el primer caso las perderían. Los animales tuvieron que abrir una puerta muy pesada que les daba acceso a otra sala.

Así comprobaron que los niños de seis años y los grandes simios eligen seguir viendo el castigo hacia el actor antisocial. Los niños además mostraron una mezcla de expresiones faciales tanto de emociones positivas como negativas (sonreír y fruncir las cejas).

Los menores de seis años comprendían la situación pero tenían dificultades para tomar decisiones al enfrentarse a situaciones morales complejas, seguramente por el entorno o el desarrollo cerebral. Estos hallazgos brindan una nueva perspectiva sobre la evolución del castigo como una forma de hacer cumplir las normas sociales y garantizar la cooperación.

Drogas psicodélicas y estados alterados de conciencia

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Las personas, comúnmente, experimentan un estado alterado de conciencia cuando sueñan; o en el momento de transición entre el sueño y la vigilia; también cuando están bajo los efectos del alcohol o de drogas como la marihuana o el ácido lisérgico; o a través la meditación o de los denominados estados de posesión o auto hipnosis.
Las personas, comúnmente, experimentan un estado alterado de conciencia cuando sueñan; o en el momento de transición entre el sueño y la vigilia; también cuando están bajo los efectos del alcohol o de drogas como la marihuana o el ácido lisérgico; o a través la meditación o de los denominados estados de posesión o auto hipnosis

Popularmente se cree que las setas alucinógenas ‘abren puertas a la mente’ porque estimulan ciertas zonas del cerebro. Sin embargo, su efecto parece ser el contrario. Según un estudio reciente, los alucinógenos reducen la actividad de zonas centrales, lo que provoca un estado de cognición sin restricciones. Lo cierto es que los científicos apenas tienen datos sobre los mecanismos neuronales que provocan el estado psicodélico.

Son quince individuos sanos, vestidos con batas. Uno a uno, repiten el mismo experimento: se tumban en la camilla, entran en el escáner de imagen de resonancia magnética funcional y una vez dentro, reciben varias inyecciones. La primera lleva un placebo y la segunda es de psilocibina, el principio activo de diversos hongos alucinógenos.

Mientras los participantes ejecutan distintas pruebas y autoevalúan su estado físico y mental, sus cerebros son escaneados y se monitorizan sus flujos sanguíneos. Un nutrido grupo de científicos observa las pantallas, toma notas, analiza las imágenes.

Muchos esperarían un subidón en la actividad cerebral de los que han tomado setas. Pues bien, los científicos han comprobado justo lo contrario: una vez el sujeto asimila la droga se aprecia una disminución en el torrente sanguíneo de su cerebro, sobre todo en las zonas centrales, como el tálamo y la circunvolución del cíngulo anterior y posterior (ACC y PCC, por sus siglas en inglés). Varios estudios sugieren que el PCC se relaciona con la conciencia y la identidad personal.

“Los psicodélicos se consideran drogas que ‘expanden la mente’, por lo que se ha asumido que actuaban aumentando la actividad cerebral”, relata David Nutt, autor del estudio. “Sin embargo, nosotros hemos observado que la psilocibina reduce la actividad en las áreas que tienen conexiones más densas con otras zonas”.

El falso mito de la ‘expansión de la mente’

Según sus conclusiones, en estado sobrio las zonas centrales del cerebro mantienen la normalidad, evitando que corrientes paralelas de información perturben la conciencia. “Ahora sabemos que al desactivar estas zonas se llega a un estado en el que el mundo se percibe como extraño”, cuenta Nutt. Es decir, cuando la psilobicina reduce la acción de estas áreas, se entra en un estado con menos restricciones, en el que, como suelen decir los chamanes, se ‘abren puertas’ hasta ese momento cerradas.

El efecto de las setas alucinógenas es semejante al de un ‘viaje’ de LSD, y varía en función de la dosis ingerida, el contexto en el que se toma y las características de cada individuo. No obstante, hay experiencias que se repiten. Es frecuente ver patrones geométricos, tener sensaciones corporales extrañas y un estado alterado del espacio-tiempo. La intensidad de estas alteraciones está correlacionada con una reducción de la oxigenación y el flujo sanguíneo en ciertas partes del cerebro, por lo que se cree que son mecanismos vinculados con la transición del estado normal de conciencia al estado alterado.

Hay varios modelos para explicar las alucinaciones. “Casi todos asumen que los alucinógenos desequilibran la actividad de partes del cerebro relacionadas con el procesamiento de lo que vemos y oímos, y otras donde se interpreta e integra esa información”, explica Berra Yazar-Klosinkski, investigadora de la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos de EE UU (MAPS, por sus siglas en inglés).

“Podría insinuarse que el alucinógeno desmonta lo que el filósofo Ernst Cassirer llama ‘complicada trama de símbolos’ y muestra la naturaleza sin mediación alguna”, relataba el profesor y ensayista Antonio Escohotado en su texto Los alucinógenos y el mundo habitual. Pero los científicos no se conforman con describir efectos. Quieren desentrañar los mecanismos bioquímicos de la psicodelia.

Pocas pistas para seguir la ruta química

La psilocibina tiene una farmacología compleja. Estudios realizados con ratones y humanos indican que ejerce su acción psicodélica activando los receptores de la serotonina 5-HT2A. “Se han hecho estudios con psilocibina en humanos a los que se les habían ‘desactivado’ los receptores 5-HT2A, lo que paraba los efectos de los psicodélicos, incluyendo los cambios de percepción, de humor y de pensamiento”, asegura Yazar-Klosinkski.

“Aunque las respuestas farmacológicas están más o menos claras, sigue habiendo mucha controversia con los mecanismos neuronales responsables de las acciones psicodélicas de los alucinógenos”, apuntan Hyeong-Min Lee y Bryan L-Roth, investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU), que comentan los recientes descubrimientos de David Rutt en PNAS.

Por ahora se sabe muy poco, en parte porque no es sencillo llevar a cabo experimentos con drogas ilegales. “Desafortunadamente, por motivos médicos, legales y sociales, los estudios bien controlados sobre las acciones de los alucinógenos en humanos han languidecido desde los 60”, relatan Hyeong-Min Lee y L- Roth.

Pero hay quienes reivindican la necesidad de indagar en este campo. Así lo expone la asociación científica MAPS. “Queremos terminar con el miedo y la irracionalidad que han rodeado las investigaciones con psicodélicos y marihuana”. Uno de sus objetivos es evaluar el uso terapéutico potencial de estas sustancias, pero además, muchos expertos advierten de un nuevo auge en su consumo y consideran necesario saber más sobre los efectos que pueden provocar.

Datos escurridizos

“El uso de plantas y hongos con intención recreativa se ha puesto de moda en los últimos años, y sus consecuencias pueden ser letales”, advierte Benjamin Climent, responsable de la Unidad de Toxicología del Hospital de Valencia.

Según el Informe de Usos de Sustancias Psicoactivas en España en el Lugar de Trabajo, el 6,2% de los hombres y el 2,5% de las mujeres de entre 16 y 65 años admite haber consumido alucinógenos alguna vez. En la encuesta ESTUDES se indica que la prevalencia del consumo anual (en el último año) de hongos alucinógenos entre los estudiantes españoles de 14 a 18 años fue del 1,6%.

Las cifras del verdadero consumo de estas drogas son escurridizas y no existen estudios en profundidad sobre el tema. Tampoco se sabe qué consecuencias tiene su uso a largo plazo. “No hay datos de consumidores crónicos de estas sustancias. No generan dependencia, pero un empleo puntual puede provocar una intoxicación grave incluso mortal”, advierte Climent.

La psilocina y la psilobicina se encuentran incluidas en la Lista I de la Convención de Sustancias Psicotrópicas de 1971 y “se consideran, por lo general, de baja peligrosidad”, según el informe de drogas emergentes. El propio David Nutt declaró, cuando era jefe del Consejo Asesor sobre Abuso de Drogas británico, que el éxtasis y el LSD eran menos peligrosos que el alcohol. Claro que esta declaración le costó el puesto.

Adelantar la psicosis

El hombre tiene una especie de instinto de exploración natural ligado a su deseo de conocer, de conocerse a sí mismo y de conocer el mundo --de la misma manera que parecería aberrante prohibir la exploración de nuevos continentes y nuevos planetas, prohibir la exploración de nuevas dimensiones y reinos mentales va en contra de nuestra naturaleza
El hombre tiene una especie de instinto de exploración natural ligado a su deseo de conocer, de conocerse a sí mismo y de conocer el mundo –de la misma manera que parecería aberrante prohibir la exploración de nuevos continentes y nuevos planetas, prohibir la exploración de nuevas dimensiones y reinos mentales va en contra de nuestra naturaleza

“Las psilocibina, hasta ahora, no está asociada con ningún daño cerebral, ni en humanos ni en ratas”, afirma Yazar-Klosinkski. Sin embargo, los profesionales médicos alertan del riesgo que acarrea la ingesta de setas. “En los servicios de urgencias nos encontramos con intoxicaciones mortales desencadenadas por estas sustancias”, describe Climent.

La mayoría de los que acaban en urgencias tras una ingesta de setas llegan con problemas cardiovasculares (hipertensión, taquicardias, arritmias…), o neurológicos y psiquiátricos. “Es muy típico encontrarte pacientes con ataques de pánico, cuadros de agitación psicomotriz o alucinaciones típicas de un brote psicótico desencadenado por estas sustancias”, relata el doctor.

“El principal riesgo de tomar drogas psicodélicas es que puede adelantar la aparición de una enfermedad psicótica a la que se tuviera una predisposición congénita”, asegura Climent. “Además, si un enfermo ya diagnosticado consume este tipo de productos, tendrá brotes de la enfermedad”.

Poca percepción de riesgo

Otro peligro son las posibles interacciones con otras drogas o medicamentos. “Las reacciones inesperadas que pueden provocarse al mezclar varias drogas es la primera causa de problemas con los psicodélicos”, explica Yazar-Klosinkski. Sin embargo, la percepción del riesgo asociado a estas sustancias es baja. “Muchas se han utilizado con fines mágicos, religiosos y médicos por culturas primitivas, y la cultura occidental las ha ido incorporando como sustancias recreativas, pero mantienen la aureola de espiritualidad, rito o curación”, explica Benjamín Climent.

“Ese halo hace que no se consideren tan peligrosas como los productos químicos artificiales y las drogas ilegales clásicas. Esto es erróneo, porque su toxicidad es impredecible, incluso mortal”, prosigue.

De nuevo, de qué dependen estas intoxicaciones es un misterio. La potencia alucinógena varía dependiendo de la especie, del tipo de cultivo, la forma de preparación y otras variables. Y la respuesta del cerebro ante ellas es aun más impredecible, al menos por ahora.

Una pócima para rogar al Sol

Hay entre 70 y 100 especies conocidas de setas que contienen alcaloides psicotrópicos activos. La mayoría de ellas pertenecen a la familia de los psilocybes (las más comunes son la mexicana y la cubensis) o a la de los agáricos (en la que se incluyen la Amanita muscaria y la panterina).

Los psilocybes se usaban tradicionalmente en algunas culturas precolombinas mesoamericanas. Se denominaban Teonanacatil y se consumían mezcladas, tras un largo y lento proceso de preparación, con otras sustancias como miel o chocolate. Esta pócima formaba parte del ritual diario de rezo al Sol, para que volviera a salir al día siguiente.

Los ejemplares pueden encontrarse en bosques de coníferas del hemisferio norte y en prados de altura. El consumo ha salido fuera de sus fronteras tradicionales, lo que provoca un conflicto entre la defensa de libertad religiosa y la restricción de oferta de sustancias peligrosas para la salud.

Su consumo como alucinógenos es en crudo, tras su desecación o incluso preparado como infusión o comida. El porcentaje de ingredientes activos en el producto desecado es 10 veces mayor que cuando está fresco. Los efectos suelen aparecer a los 30 minutos de la ingesta y y duran, aproximadamente, de cuatro a seis horas.

Son fáciles de confundir, en su recolección silvestre, con otras especies parecidas de toxicidad grave o mortal, de hecho la mayoría de casos de intoxicaciones graves por setas se deben a una ingesta de una especie que, equivocadamente, se pensaba comestible.

El cerebro pide acción para no olvidar

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Pasar hambre durante unas horas puede mejora el resultado de la memoria,
Pasar hambre durante unas horas puede mejorar el resultado de la memoria,

Ingerir menos calorías, dormir la siesta, caminar a diario, mantenerse bien hidratado, seguir la dieta mediterránea y estudiar las cosas antes de comer, son algunas estrategias naturales para conservar la retentiva, a pesar del paso de los años.

El ejercicio físico de forma regular, explorar nuevas actividades en vez de anclarse en la rutina, completar crucigramas y otros pasatiempos que requieran actividad mental, atender diversas informaciones, como pueden ser las noticias o el parte meteorológico de la televisión, o la publicidad de una revista, para intentar recordar sus datos unos minutos después y preservar la memoria.

Son algunas de las recomendaciones y gimnasias convencionales destinadas a oxigenar el cerebro y mantener activas las neuronas, para así preservar y mejorar la retentiva. Además de estas “recetas clásicas”, las últimas investigaciones desvelan otras formas inéditas para ayudar a que nuestra memoria se mantenga más próxima a la de un elefante y alejada de la de un pez.

Mantener una hidratación adecuada es un factor decisivo para memorizar y recordar, ya que perder más de un dos por ciento de agua corporal basta para disminuir la capacidad de memoria a corto plazo, según una revisión de estudios científicos, dirigida por la doctora Ana Adan, de la Universidad de Barcelona (noreste de España), y publicada en ‘Journal of the American College of Nutrition’.

Según explica la doctora Adan en su estudio, algunas de las tareas en las que se aplica la memoria inmediata son hacer listas de dígitos o palabras, mientras que la memoria a corto plazo o de trabajo se emplea para trabajos de aritmética, razonamiento y comprensión.

Por muy leve que sea la deshidratación, implica un desequilibrio del medio interno que puede repercutir negativamente en la capacidad cognitiva e interferir en la correcta realización de actividades laborales o académicas que requieran la utilización de habilidades mentales concretas, según esta psicóloga experta en Psicobiología.

Según la doctora Adan “los cambios en la cantidad de sales y electrolitos corporales producidos por la deshidratación pueden alterar la actividad cerebral y el correcto funcionamiento de diversos sistemas de neurotransmisión, que intervienen en el procesamiento cognitivo favoreciendo la pérdida de concentración y menor rendimiento”.

Para mantener un estado de hidratación óptimo, Adan recomienda consumir aproximadamente entre 2 y 2,5 litros de líquido al día, de los que entre un 20 y 25 por ciento tiene que proceder de alimentos, y entre un 75 y 80 por ciento de las bebidas.

Otro estudio de la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.) sugiere que caminar al menos 9,5 kilómetros a la semana podría ayudar a preservar el tamaño del cerebro, que disminuye en la edad avanzada y, por consiguiente, a atajar los problemas de memoria, que dicha reducción cerebral puede acarrear en la gente mayor.

En la investigación, dirigida por el investigador Kirk I. Erickson y publicada en la revista ‘Neurology’, participaron 299 personas sanas que registraron la distancia que caminaban en una semana, durante nueve años. Al finalizar dicho lapso fueron sometidas a escáneres craneales para medir el tamaño de sus cerebros.

El estudio descubrió que las personas que caminaban entre 9,5 y 14,5 kilómetros semanales tenían un mayor volumen de materia gris comparado con quienes no caminaban tanto.

Después de cuatro años más, los participantes fueron evaluados nuevamente y se comprobó que el 40 por ciento de ellos había desarrollado algún grado de deterioro cognitivo o demencia, pero aquellos que caminaban más kilómetros veían reducido su riesgo de desarrollar problemas de memoria a la mitad.

Al llegar a una cierta edad las conexiones neuronales se van debilitando provocando que “ciertas partes del cerebro se vayan desconectando y produzcan la aparición de ciertos tipos de demencia que, a veces, conllevan una pérdida de memoria”, según la neuropsicóloga Gema Mejuto.

Entre los olvidos más frecuentes se encuentran los del tipo ‘lo tengo en la punta de lengua’, que ocurren cuando “no nos salen” las palabras más comunes, nos olvidamos los nombres de personas, tenemos dificultad para aprender una nueva habilidad o no recodamos lo que acabamos de decir.

Además de mantener relaciones sociales, para mejorar la memoria la doctora Mejuto destaca los beneficios que aporta al cerebro la dieta mediterránea basada en el pescado azul, en las frutas y en las verduras.

Asimismo, una dieta baja en calorías puede mejorar la memoria en las personas mayores de edad, según se desprende de un trabajo de investigadores germanos, dirigidos por la doctora
Agnes Floel.

Los científicos de la Universidad de Münster (Renania, Alemania) seleccionaron a 50 personas con un promedio de edad de 60 años, los dividieron en tres grupos y a los integrantes de uno de dichos grupos les redujeron el consumo de calorías en cerca de 30 por ciento.

Al cabo de tres meses de comenzada la dieta, sometieron a todos los participantes a una prueba de memorización, constatando que los pertenecientes al grupo de consumo restringido de calorías mostraron un aumento en sus niveles de memoria verbal, comparados con los otros dos grupos, que no tuvieron limitaciones alimenticias.

Por otra parte, expertos del Centro para la Investigación del Cerebro y el Comportamiento de la Universidad de Haifa, en Israel, han encontrado que echar una siesta a media tarde ayuda a mejorar la fijación de los recuerdos y la destreza mental.

Los investigadores han estudiado la habilidad de una serie de personas para repetir una secuencia de movimientos con los dedos. Los participantes fueron divididos en dos grupos, uno de los cuales pudo dormir durante una hora y media tras aprender la secuencia, en tanto que los demás permanecían despiertos.

Los expertos de Haifa descubrieron que aquellos que habían echado una cabezadita vespertina mejoraron significativamente su habilidad para repetir el ejercicio, lo que para Avi Karni, responsable del estudio, demuestra que disfrutar de “una siesta diurna acelera y mejora la destreza del cerebro”.

Pasar hambre durante unas horas puede mejorar el resultado de la memoria, según otra investigación realizada por un grupo de científicos japoneses y expertos del Instituto Metropolitano de Ciencias Médicas de Tokio.

Las pruebas, realizadas con dos grupos de moscas de la fruta, uno sin alimentar y otro debidamente alimentado, han demostrado que el hambre despierta una hormona que reduce el azúcar en el organismo y activa una proteína en el cerebro capaz de mejorar la memoria, según la cadena NHK.

El estudio también ha revelado que en los casos en los que las moscas pasaron hasta 20 horas sin comer el resultado es inverso y se produce una reducción de la memoria.

Según el equipo japonés, los resultados pueden ser extrapolados a los seres humanos ya que cuentan con esa misma proteína en el cerebro y apuntan a que las personas podrían recordar las cosas mejor si las estudiaran antes de las comidas.