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Mundo lunático

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Según la definición proporcionada por la Real Academia de la Lengua, el lunático es aquel que “padece locura, no continua, sino por intervalos”. El término proviene del latín “lunaticus”, ya que la creencia de que las fases de la luna pueden influir sensiblemente en el comportamiento humano se encontraba ampliamente extendida entre los romanos (pero también entre muchas otras sociedades que los precedieron y sucedieron)
Según la definición proporcionada por la Real Academia de la Lengua, el lunático es aquel que “padece locura, no continua, sino por intervalos”. El término proviene del latín “lunaticus”, ya que la creencia de que las fases de la luna pueden influir sensiblemente en el comportamiento humano se encontraba ampliamente extendida entre los romanos (pero también entre muchas otras sociedades que los precedieron y sucedieron)

Desde hace miles de años, desde que el hombre empezó a mirar al cielo con una mezcla de curiosidad y miedo, la Luna ha embelesado al ser humano. El halo de misterio que rodea todo aquello que habita en la noche, la luz que desprende y el deseo con el que la ven los ojos del científico y del poeta, han convertido al único satélite de la Tierra en el centro de muchas teorías, como la que asegura que la fase Lunar tiene influencia sobre el carácter del ser humano.

Son muchos los estudios que se han escrito para afirmar o desmentir dicha aseveración. Una de las primeras observaciones científicas fue la realizada por Plinio el Viejo en el siglo I d.C., que constató cómo el efecto gravitacional originado por la Luna influye en las mareas. Su masa es suficientemente grande y está suficientemente cerca como para elevar mareas sobre la Tierra. Las masas terrestres, y en particular el agua de los océanos, se abulta en los dos extremos de un eje que pasa por los centros de gravedad de la Tierra y la Luna. Este descubrimiento llevó a muchos a creer que si el agua de los océanos era alterada por la Luna, los líquidos de nuestro cuerpo también podrían sufrir alteraciones que modifican nuestro comportamiento.

George Ogden Abell, astrónomo de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), desmintió en 1978 esta hipótesis. “Un mosquito posado en nuestro brazo ejerce una fuerza gravitacional mayor sobre nosotros que la Luna”, destacó Abell en la revista estadounidense Scientific American. El estudio negaba que el satélite tuviera relación con la fecundidad, los embarazos, la locura transitoria o los crímenes, Jean-Luc Margot, profesor de la UCLA, llevó a cabo una investigación en la que analizó todos los artículos científicos publicados sobre la materia, con la idea de desmontar los mitos que siguen existiendo en nuestros días sobre el satélite. “Si se analiza la información disponible –destacó el científico en la BBC-, uno ve que no hay un aumento de los partos en las noches de Luna llena”.

Sin embargo, Margot descubrió un estudio de 2004 realizado en un hospital de Barcelona (España), en el que los expertos aseguraban que había un mayor número de ingresos hospitalarios por hemorragias gastrointestinales en las noches de Luna llena. También constató que muchos policías afirmaban que se cometen más crímenes en Luna llena.

Ambas afirmaciones son “erróneas”, según el profesor estadounidense determinó que esas creencias surgen de un sesgo cognitivo de confirmación: las personas tienden a aceptar la información que confirma sus creencias y a ignorar la que las contradicen. Y en este caso, primer dato que podría tumbar esta aseveración es que la fuerza gravitacional de la Luna es igual de intensa durante su fase llena como en la nueva, pero a la segunda no se le atribuyen tantas propiedades ni efectos especiales sobre los seres humanos.

A pesar de las múltiples evidencias científicas que desmienten la relación directa entre la Luna y el comportamiento humano, aún hay estudios que buscan relación entre las fases Lunares y algunos aspectos del ser humano. Según científicos de la Universidad de Basilea, en Suiza, tanto la percepción objetiva como la subjetiva del sueño cambian según el ciclo Lunar. Otro estudio realizado por la Universidad de Kyoto, en Japón, indica que la Luna llena perturba la producción nocturna de melatonina, que ayuda a regular otras hormonas y mantiene el ritmo circadiano. Es decir, según esta investigación, las fases de nuestro satélite afectan al el reloj interno de 24 horas del cuerpo que ayuda a regular las fases del sueño.

Pese a que estas teorías, desmentidas por gran parte de la comunidad científica, fueran ciertas y las fases Lunares afectaran ligeramente a los ciclos de sueño, el comportamiento humano, en general, no está relacionado con la Luna. Habrá que buscar nuevas excusas para justificar deslices o rarezas en la conducta.

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Una cura psicoactiva para la depresión

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Hasta ahora, la ketamina se ha utilizado como tranquilizante para caballos o droga alucinógena, pero desde hace unos años la literatura científica le otorga un potencial terapéutico para la depresión grave a pesar de sus riesgos: la adicción y la psicosis. En casos específicos, los expertos hablan de una cura ‘psicoactiva’
Hasta ahora, la ketamina se ha utilizado como tranquilizante para caballos o droga alucinógena, pero desde hace unos años la literatura científica le otorga un potencial terapéutico para la depresión grave a pesar de sus riesgos: la adicción y la psicosis. En casos específicos, los expertos hablan de una cura ‘psicoactiva’

Era 2010 y la revista Science ya describía cómo la ketamina –anestésico de uso frecuente reutilizado como droga alucinógena– regeneraba en ratas las conexiones entre las células cerebrales dañadas por la depresión, además de mejorar los síntomas y la conducta causada por esta enfermedad crónica.

Desde entonces, muchos otros estudios han confirmado la validez de esta sustancia para casos específicos de pacientes con depresión grave, eso sí, todos en modelos animales. En mayo de 2016 la revista Nature publicó también cómo la ketamina lograba combatir la patología en ratones.

El equipo de la Universidad de Maryland descubrió que la mejora del estado de ánimo no la causa la droga en sí, sino uno de los productos que se forman cuando el hígado la descompone en moléculas más pequeñas: el metabolito (2R, 6R)-hidroxinorketamina (HNK).

En su estudio, los científicos vieron que esas moléculas alivian de forma rápida la depresión sin provocar efectos secundarios incluso a dosis 40 veces mayores que las que se usaron en el experimento con ketamina.

Una única administración del compuesto logró efectos antidepresivos similares a los inducidos por la ketamina, que además perduraron durante al menos tres días, con la diferencia de que esta sustancia no generó ninguna adicción, el caballo de batalla del tratamiento.

“A pesar de que existe cierta evidencia sobre su uso, aún no hay una aprobación para la práctica clínica”, explica a Sinc Eduard Vieta, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona. Por el momento, en Europa su uso se restringe a la investigación.

“En España, centros como el Hospital Clínic de Barcelona disponen de un protocolo de uso compasivo de ketamina en pacientes con depresiones graves y resistentes a los tratamientos habituales”, añade Vieta.

Esta semana, un artículo publicado en The American Journal of Psychiatry ha conseguido dar un paso más. El trabajo muestra los beneficios de la acción rápida de la ketamina para la depresión y el suicidio en 68 pacientes, aunque advierte sobre el riesgo de abuso y la necesidad de controles efectivos.

El nuevo trabajo, liderado por expertos de la Universidad de Yale (EE UU) y la compañía farmacéutica Janssen, revela cómo un esprái nasal de ketamina –sintetizada por primera vez en 1962– resulta prometedor en el tratamiento rápido de los síntomas de depresión grave con riesgo inminente de suicidio.

Según los autores, esta terapia podría solucionar el retraso en el tratamiento debido al efecto retardado de la mayoría de los antidepresivos comunes, que necesitan de cuatro a seis semanas para ser completamente efectivos. Sin embargo, aún queda un largo camino hasta conseguir la aprobación de las agencias reguladoras de medicamentos (FDA en EE UU o EMA en Europa).

Necesarios más estudios

De momento, no hay evidencias sobre los efectos secundarios del uso continuado de estas sustancias. Tal y como indica a Sinc Francesc Artigas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB/CSIC), “todavía no se conoce en detalle cómo actúan estos compuestos. Ahora se encuentran en el ámbito experimental, es decir, no se prescriben a pacientes excepto los incluidos en ensayos clínicos”.

“Hay que ser muy cautos porque hasta la fecha no se han realizado estudios clínicos controlados en un número importante de pacientes”, continúa Artigas. “La ketamina solo se ha probado en personas que no responden a múltiples tratamientos convencionales y falta demostrar su eficacia en pacientes no resistentes, así como en aquellos que solo mejoran parcialmente con los tratamientos convencionales”.

Existen otras sustancias adictivas que también se barajan para el tratamiento antidepresivo, como la psilocibina o la ayahuasca. Cada una actúa de forma distinta y solo de la ketamina se dispone de datos controlados y claros sobre su eficacia.

Uso bajo supervisión médica

Todos los expertos están al tanto de los riesgos, por eso matizan que su uso no es ni milagroso ni para todo el mundo. “Estas sustancias son psicotrópicos con elevados riesgos tanto en el consumo puntual como en el crónico, y solo deben utilizarse por parte de equipos expertos en el entorno del hospital y en pacientes complejos”, indica Vieta.

El investigador, que ha participado en ensayos en fase III –el último paso antes de que la FDA contemple su aprobación– con efectividad probada en cuestión de minutos en la etapa depresiva del trastorno bipolar, advierte de que su consumo recreativo o ambulatorio puede ser muy pernicioso.

“Puede crearse una adicción y desencadenarse una psicosis si lo consumen adolescentes o personas de alto riesgo. Las sustancias psicotrópicas, en general, tiene efectos positivos y negativos. Cuando se utilizan bajo supervisión médica y en el paciente apropiado, pueden ser beneficiosas, pero su uso recreativo e incontrolado llega a ser muy dañino”, afirma Vieta.

“No hay que olvidar que el LSD estuvo comercializado en los años 50 como ayuda para el tratamiento con psicoterapia, pero lo retiraron del mercado por sus propiedades alucinógenas”, concluye Artigas.

El gol es una droga

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Las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano
Las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano

“La actividad cerebral de un hincha de fútbol cuando su equipo marca un gol o gana un partido sigue el mismo patrón que la que se encuentra en una adicción a las drogas, a la comida o al sexo”. Esto es lo que afirma el doctor en Ciencias Médicas e investigador del laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad del Desarrollo (UDD) chilena, Francisco Zamorano.

Según un estudio elaborado por varios centros científicos y de investigación chilenos, cuando un fanático del fútbol ve a su equipo, el placer que le genera responde a una actividad cerebral en su cabeza que sigue un patrón muy similar al que se observa en el cerebro de un adicto.

Esta es una de las conclusiones que se desprenden de una investigación que todavía sigue en curso. Para obtener estos datos, la UDD y la Clínica Alemana de Santiago han utilizado resonancias magnéticas y han estudiado qué zonas del cerebro se activan cuando los hinchas viven una victoria o una derrota de su equipo.

Para provocar las reacciones de la gente, los investigadores utilizaron imágenes cedidas por ‘Canal de Fútbol (CDF) Chile’. Esta recopilación contenía imágenes de diferentes partidos del fútbol chileno, entre los que destacan los encuentros de Colo Colo y Universidad de Chile, que son los clubes con más seguidores del país.

Una veintena de voluntarios, cuyo único requisito era ser amantes del fútbol, fueron quienes se sometieron a una resonancia magnética mientras observaban las imágenes.

“Es notorio cómo se van activando zonas que tienen que ver con las emociones y, en particular, cuando tu equipo se enfrenta al máximo rival”, explica Zamorano. El estudio muestra además que las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano.

Cuando un partido es contra el máximo rival, las reacciones en el cerebro son diferentes a si se trata de un partido con un rival “neutro”. Según asegura Zamorano, al exponer a los voluntarios a imágenes de partidos en los que hay una gran rivalidad, la actividad en la región frontal del cerebro se “apaga”, lo mismo que sucede cuando se consumen alcohol o drogas. Esto podría explicar las reacciones violentas e irracionales que en muchas ocasiones se producen durante un encuentro de fútbol, algo que se agrava todavía más si sumamos la excitación del momento o el consumo de alcohol.

El objetivo ahora es continuar con la investigación y sumar más voluntarios. Además, también se va a intentar profundizar en la actividad hormonal durante este tipo de eventos.

La investigación ha revelado que, cuando el equipo del que uno es hincha pierde se libera una hormona llamada cortisol, que produce estrés; por el contrario, cuando el resultado es positivo lo que se libera es testosterona.

El estudio de estos procesos hormonales aunado a los resultados de la investigación de la actividad cerebral podría servir para “predecir una serie de patrones de conducta”, añade Zamorano.

Habilidades de psicópata para la vida moderna

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El autor propone captar el lado amable de la conducta psicoppática, para conseguir nuestros objetivos
El autor propone captar el lado amable de la conducta psicopática, para conseguir nuestros objetivos

Controlar al “juez interno” que nos hace sentir culpables y practicar las lecciones positivas de los manipuladores, son el punto de partida del libro “Aprendiendo de los psicópatas: habilidades y estrategias para gente normal”, donde el psicólogo César Landaeta presenta las claves para dejar de ser las víctimas de los “verdugos” y convertirnos en los protagonistas de la situación.

Si aún eres de los que piensa que los psicópatas son criminales como el doctor Hannibal Lecter, encarnado por Anthony Hopkins en El silencio de los corderos, o Norman Bates (Anthony Perkins) en el clásico de Alfred Hitchcock, Psicosis, quizás te cueste un poco reconocer a los “lobos vestidos de ovejas” que abundan en tu entorno, listos para envolverte con su encanto personal.

Al menos, esa es la premisa por la que Landaeta, psicólogo clínico y escritor venezolano, después de analizar las distintas personalidades y la conducta de los maltratadores psicológicos de sus pacientes, decidió crear un “manual de defensa” con instrucciones útiles para “desenvolvernos como pez en el agua” en la sociedad, conseguir ascender en nuestros objetivos, pero sin dañar a nadie.

Y es que, como él mismo dice, a quién no le parece “simpática” la forma en la que Frank W. Abagnale (Leonardo DiCaprio) logra engañar y escapar del astuto agente del FBI, Carl Hanratty (Tom Hanks) en Atrápame si puedes. Con este ejemplo, Landaeta ilustra el uso que los psicópatas hacen de la atracción personal para cautivar a los demás y lograr que los miren como “entidades sobrenaturales”.

Landaeta confiesa que las conductas psicopáticas son más frecuentes de lo que percibimos, como en las relaciones sentimentales, y pone como ejemplo el típico chantaje de la pareja neurótica que dice: si tú me quieres vas a hacer eso por mí y si no es que no soy importante para ti.

También advierte de que su libro es sólo un manual instructivo con el que “no pretende transformar la personalidad de nadie”, sino solamente plantear “nuevas formas para entenderse con el mundo”.

“El psicópata es una persona que no tiene emociones, que no tiene compasión, ni empatia. No tiene ninguna posibilidad de entenderse sentimentalmente con nadie, no se enamora, es una persona fría, es un autómata. Lo que hace es solo para obtener su beneficio, que es lo único que le interesa en esta vida. Por él o ella se pueden morir las personas de su alrededor, pero mientras él sobreviva está satisfecho, no contento, porque tampoco disfrutan mucho de sus cosas. Ellos pasan por esta vida como un robot”, explica Landaeta.

A juicio del experto, “la psicopatía estructural es cuando la persona es psicópata”. De este modo, “la psicopatía de defensa es la que uno usa como mecanismo para la vida cotidiana. Está en la parte exterior, no es un elemento interno. Por ejemplo, cuando estás tratando de seducir a alguien y te pones ropa que te haga lucir más delgado, es una seducción psicopática”.

Según Landaeta, la culpabilidad tiene su origen en la crianza familiar, que es muy contradictoria. “Para los niños, la formación que se les da es complicada de entender. Los padres dicen una cosa y hacen otra. Le dicen ‘no mientas’, ‘en casa no se acepta la mentira’, y luego si están viendo televisión y no quieren atender a una llamada por teléfono, le piden al niño que diga que no están en casa”, concede.

Por consiguiente, “el niño aprende a sentirse culpable cuando dice una mentira para salir de un problema o si ocultó algo para librarse de un castigo. Y eso, a futuro, le impide manejarse con eficiencia y vivir una vida equilibrada, y lo pone en riesgo de ser victima de los manipuladores que lo hacen sentir culpable para obtener beneficios”.

En cuanto a si las personas con baja autoestima más manipulables, Landaeta entiende que “desde luego, las personas que tienen esa dificultad para valorarse positivamente son las victimas perfectas del psicópata, porque existe un mecanismo denominado ‘la identificación proyectiva’ y entonces aquella persona que está siendo valorada por un psicópata, sea un líder o un dictador, se siente valiosa”. De tal guisa que “estos personajes tienen una corte que los sigue, porque la gente que se pone bajo sus alas, se siente como ellos”.

“Qué pasaría si te encuentras con Nicole Kidman en la calle, y ella se detiene, te sonríe, te pone la mano en el hombro y se toma una foto contigo. Seguro que piensas…¿Cómo entre tanta gente caminando por la misma calle me eligió a mi? Te sientes igual de importante que ella. Es una fantasía, pero es válido”, prosigue Landaeta..

De cara aadquirir el encanto personal, el psicólogo asegura que “la mayoría de la población tiene un elemento melancólico, una sensación de que no somos perfectos, y por eso vemos que la gente vive adornándose, con tatuajes, maquillaje o anillos. Y hay personas extremadamente melancólicas que se atribuyen todos los defectos de mundo y se sienten inferiores”.

“Por eso, lo que pueden hacer es identificar los rasgos positivos o virtudes que tengan. Si tú ves que tienes, por ejemplo, una voz de locutor, y admiras a algún narrador, entonces imítalo y usa ese encanto personal para tu beneficio”, continúa.

La adulación al prójimo es una de las claves aconsejadas para caer bien. “Cuando haces que el otro se sienta bien consigo mismo y le haces saber que su presencia es grata, baja inmediatamente su sistema de defensa. Cuando alguien entra por la vía de la alabanza, el sistema de defensa disminuye casi al mínimo y permites entonces casi cualquier intervención del otro. Hace mucha falta que te den un masaje al ego, y esto se puede utilizar de una manera racional”, asegura.

“Por ejemplo, si entras criticando a casa de alguien y le dices que no te gusta, seguramente no serás bienvenida, pero si llegas hablando de lo positivo, te abrirán las puertas de nuevo”, matiza.

Para este psicólogo clínico, cuando una persona se da cuenta de que su pareja es una psicópata, o incluso padece psicosis, tiende a culparse por haber hecho esta elección. Es por eso que Landaeta les recomienda a los que se viven esta situación “no pensar que tienen un «imán» raro para la locura”, sino que deben considerar que “tal vez los hayan condicionado internamente para hallarle encanto a la psicosis”, de forma inconsciente.

Ante esta realidad, el psicólogo explica que se deben poner en práctica las técnicas que nos permitan identificar a los psicópatas, para poder defendernos. Una de estas técnicas es entrenar el uso de la perplejidad, que consiste en dejar a la persona “desconcertada” o “confundida”, para poder instalar ideas en su mente, lo cual es útil para bloquear al manipulador y que haga lo que queremos.

Como consejo, Landaeta, sugiere mantener “los sentidos bien despiertos” y hacer “un alto para revisar el código interno con el que seleccionamos a nuestra pareja, y si se trata de personas que hacen parte de nuestro entorno laboral, utilizar algunas técnicas como la “sobre-obediencia”, desarrollada en su libro.

Hojarasca en los jardines de la mente

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Las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad
Las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad

Andrew Solomon sabe de lo que habla, pues en varios momentos de su vida ha visto de cerca el rostro del “diablo de la depresión”, una enfermedad con la que se ha acostumbrado a convivir y que él combate a base de “pastillas y amor”, una combinación que es “la mejor medicina”.

“Me considero un superviviente, sí, pero también me veo a mí mismo como alguien que sigue teniendo depresión. La controlo bastante bien, ya no me afecta tanto, pero no es algo que haya quedado atrás definitivamente. Sigue ahí, esperando levantar su fea cabeza en cualquier momento”, destaca el escritor y ensayista estadounidense.

Profesor de Psiquiatría en la Universidad de Cornell y asesor para cuestiones de LGTB en la de Yale, este neoyorkino con estudios de arte y psicología, colaborador habitual de The New York Times y de la revista The New Yorker, es autor de “El demonio de la depresión” (Debate), un ensayo monumental y multidisciplinar que ha sido superventas en muchos países.

En 2002, el libro fue finalista del Premio Pulitzer. Un año antes obtuvo el prestigioso National Book Award.

Un reciente estudio sobre la dolencia, “tan común como incomprendida”, en palabras de Solomon, asegura que afecta al 4,3 % de la población española, que uno de cada dos casos no se detecta y que entre los que están diagnosticados solo se tratan adecuadamente dos de cada tres.

Unos datos que no extrañan a Andrew Solomon, pues en su país unos 19 millones de personas sufren cada año episodios de depresión, de los cuales más de dos son niños. “Es la principal causa de incapacidad, allí y en otros muchos lugares del mundo”, además de estar detrás de, aproximadamente, el 15 % de los suicidios.

Cinco años invirtió Solomon en poner en papel su propia experiencia con la enfermedad, “un agujero en mi vida”, dice, y la de muchos otros enfermos a los que entrevistó, cuyos testimonios ofrecen una amplia y certera panorámica sobre un mal que, por encima de todo, “eclipsa la capacidad de dar o recibir afecto”.

“Es la enfermedad -dice Solomon- de la soledad, que destruye no solo el vínculo con los otros, sino también la capacidad de sentirse bien con uno mismo”.

Andrew Solomon habla claro cuando asegura que “no se puede hablar” de curación de la depresión. “Se puede y se debe hablar de tratamiento efectivo. Hay gente que lo recibe y no recae. Es una enfermedad que hay que tratar, controlar y hacer que se convierta en algo manejable”.

Pero hacerla desaparecer, “como si de una infección bacteriana se tratara, eso no se consigue. Una vez que la sufres, está ahí, bien metida en tu cerebro, para siempre. Se puede vivir con ella sin estar obsesionado”.

Para Solomon la depresión no es una enfermedad “de la vida moderna y de la clase media alta. Ha existido -advierte- a lo largo de toda la historia y en todos los contextos”.

“Hay -argumenta- una actitud colonialista, paternalista, que hace que parezca que las enfermedades del cerebro, la depresión entre ellas, estuvieran relacionadas con la sofisticación, que fueran el resultado de nuestra sociedad moderna”.

No. Se trata de una “experiencia común” a todos los seres humanos y en cualquier momento de la historia. “En el mundo desarrollado lo único que hay -advierte- es un mayor acceso al tratamiento, complicado y caro, no disponible en todas partes”.

Ahora bien, “las tasas cada vez más elevadas de depresión son, incuestionablemente, consecuencia de la modernidad”, sostiene Solomon.

El ritmo de vida, “el caos tecnológico, la alienación, la ruptura de las estructuras familiares tradicionales, la soledad endémica, el fracaso de los sistemas de creencias (religiosas, morales, políticas, sociales,…todo lo que alguna vez pareció dar sentido y orientación a la vida) nos ha llevado a una situación catastrófica”, escribe.

“La modernidad -añade- tiene mucho de bueno. El problema es cuando se convierte en un sustituto. Y no lo es, no puede ser un sustituto. Las redes sociales no pueden ser el sustituto de una persona mirándote a los ojos. La reciprocidad es fundamental para la coherencia humana”.

Solomon habla de una sociedad “poco tolerante con el abatimiento”, y de la necesidad de transformar “el sufrimiento, pero no de olvidarlo, de negarse a él, ni de eliminarlo”.

“Siempre he argumentado que lo contrario de la depresión no es la felicidad, sino la vitalidad. Cuando alguien está deprimido no es tanto que se sienta increíblemente triste, no, es que se siente incapaz de actuar, de funcionar.”

Y “nunca” eliminaría “los estados de ánimo negativos, las emociones negativas, porque entonces -concluye- los sentimientos y emociones positivas pierden su significado”.

La psicosis duele menos en compañía

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Cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente
Cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente

Los trastornos mentales siempre han estado rodeados de un gran desconocimiento. Aunque se ha avanzado mucho en su normalización, muchos tabúes siguen presentes cuando alguien se encuentra ante una enfermedad mental o cuando alguien querido la padece. Y esta desinformación lleva, en muchos casos, a desarrollar actitudes emocionales negativas hacia los propios pacientes, como atribuirles responsabilidades sobre el origen del problema.

Uno de los conceptos más influyentes en las investigaciones psicosociales en torno a familiares de pacientes crónicos ha sido el de emoción expresada (EE). Se refiere a las actitudes emocionales que una persona dirige a su familiar enfermo, siendo como una forma de medir la temperatura emocional en el contexto en el que conviven.

Un alto nivel de EE, definido por la presencia de altos niveles de crítica, hostilidad o sobreimplicación emocional, ha sido consistentemente demostrado como un predictor de recaídas en contextos de enfermedad crónica, en general, y en el contexto de las psicosis, en particular.

Un nuevo estudio de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) –entre otras universidades de España, México y Estados Unidos– describe y compara los niveles de EE (crítica y sobreimplicación emocional), los niveles de ansiedad y depresión y las atribuciones de control y culpa que suelen tener los cuidadores sobre la enfermedad en el contexto de la psicosis temprana, considerando que el modelo atribucional puede ser de gran utilidad para entender mejor los mecanismos que subyacen la relación entre el estrés familiar, la EE y los procesos psicóticos.

La investigación analiza una muestra de 78 familiares de pacientes, 41 de personas en riesgo para la psicosis (ARMS, por sus siglas en inglés) y 37 de pacientes que han padecido sus primeros episodios psicóticos (FEP, por sus siglas en inglés). Por un lado, el estudio examinó las asociaciones de los diferentes componentes de la EE con la morbilidad psiquiátrica (ansiedad y depresión) de familiares y sus atribuciones acerca de la enfermedad y, por otro lado, comparó ambos grupos (ARMS y FEP) en dichas variables.

Los resultados del estudio muestran que, en los cuidadores, ambos indicadores de EE, crítica y sobreimplicación emocional están fuertemente asociados con sus niveles de ansiedad y depresión. En el grupo subclínico o en riesgo (ARMS), los cuidadores fueron más críticos que en el grupo de los primeros episodios, lo que se explicaría a causa del menor conocimiento sobre la enfermedad (por definición en los ARMS, al no haber debutado la misma todavía propiamente). A medida que la enfermedad progresa y los síntomas se hacen francos, los familiares critican menos la forma de comportarse de los pacientes, haciéndoles menos responsables de dichos síntomas.

Como señala Cristina Medina-Pradas, investigadora de la UNIR y autora del trabajo, “considerando que la alta EE puede contribuir a precipitar la transición a la psicosis en los pacientes ARMS y las recaídas en los FEP, las intervenciones familiares deberían ser una prioridad”.

Estas intervenciones familiares en la psicosis temprana deberían dirigirse a proporcionar apoyo psicológico e información adecuada para que los familiares puedan afrontar mejor y abordar adecuadamente los desafíos del trastornos, reducir las valoraciones negativas y cambiar las atribuciones de culpa de los pacientes que tienen los familiares, y atender sus niveles de ansiedad para prevenir el afianzamiento de la EE a lo largo del tiempo.

Más comprensión para reducir la ansiedad

El estudio subraya la importancia de ayudar a las familias a una mejor comprensión de la situación y a la aceptación progresiva de la misma, que les lleven a resolver cuestiones relacionadas con la culpa y la pérdida.

La incomprensión, la frustración y el duelo son reacciones habituales del entorno en las primeras etapas de la enfermedad. Se ha comprobado que los familiares expresan generalmente niveles más altos de ansiedad en pacientes que aún no han debutado (estados mentales de alto riesgo) que en aquellos en los que ya ha habido una transición a la psicosis.

Según los expertos, cuidar a alguien de la familia con un trastorno mental suele generar unos niveles de ansiedad y depresión considerables, resultando una experiencia estresante para quien cuida. Todas estas emociones negativas que se respiran en el ambiente no favorecen el pronóstico o la sintomatología del paciente.

Dada la importancia que el ambiente emocional del paciente tiene con respecto a la evolución de su sintomatología o a su pronóstico, las investigaciones en este tema han tratado de delimitar los factores psicológicos, cognitivos, etc. que subyacen a la alta expresividad emocional. No obstante, muy pocos estudios se han centrado en dilucidar y comparar estos mecanismos en los cuidadores en las primeras etapas de la enfermedad.

Tampoco cuando la enfermedad no se ha desarrollado del todo aún, cuando estudiar estos fenómenos en estas fases tan tempranas puede ayudar a comprender cómo se desarrollan dichos procesos emocionales a la vez que se va desarrollando la enfermedad. Esto es fundamental para poder intervenir cuando antes y prevenir que estas actitudes se afiancen, ayudando a su vez a evitar un empeoramiento por esta causa de los síntomas.

Viaje a los confines de la mente

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Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.
Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.

El misterioso antropólogo Carlos Castaneda plasmó en sus libros las experiencias alucinógenas  que vivió guiado por el anciano brujo Juan Matus, que pretendió convertirlo en ‘un hombre de conocimiento’.

En 1970, el subdirector del Fondo de Cultura Económica de México (FCE), Jaime García Terrés experimentó “un señor viaje de hongos”. A raíz de aquel episodio, el editor y diplomático escribió su poema Carne de Dios y adquirió —como si intuyera el éxito comercial en que habrían de convertirse— los derechos de cuatro libros de Carlos Castaneda, un antropólogo de origen peruano que estaba causando sensación describiendo su propia experiencia con alucinógenos.

La anécdota la recuerda el escritor José Agustín, quien en los años sesenta vivió su primera fase sicodélica y había tenido la oportunidad de leer en inglés Las enseñanzas de don Juan, el primer título de Castaneda editado por la Universidad de California (UCLA) en 1968. En países como México, los libros aparecerían hasta 1974, después de que Terrés encargó su traducción a Juan Tovar y un texto introductorio a Octavio Paz que titularía La mirada anterior.

Desde aquel momento, los libros en los que el autor describe las enseñanzas que le transmite el viejo Juan Matus para convertirse en brujo o en un “hombre de conocimiento”, se convirtieron en éxitos de venta.

Tomás Granados, gerente editorial del FCE, dice, acerca de la primera edición en español, que su aparición “fue un campanazo, creo que ese es el sueño de todo editor: encontrar un libro que le entusiasme en lo personal y que entre en sintonía con los lectores”.

Los cuatro libros de Castaneda (Las enseñanzas de don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de poder) se encuentran al nivel de ventas de cualquier Best-Seller en países sudamericanos, especialmente México. El éxito de venta, sin embargo, no se limita a México, también en España y Argentina, donde la editorial paraestatal tiene presencia, los libros del antropólogo peruano fallecido en 1998 son de los más vendidos. Y lo mismo sucede en Estados Unidos, en donde año tras año, la University of California Press (el sello de la UCLA), quien editó Las enseñanzas de don Juan por primera vez, incluye ese libro entre sus best sellers.

Simon & Shuster, la principal distribuidora de Castaneda en la Unión Americana, mantiene vigentes en su catálogo unos 15 libros de y sobre el autor.

Algunas estimaciones hablan que el peruano ha vendido más de diez millones de copias en todo el mundo, pues sus libros han sido traducidos al menos a 17 idiomas.

El mito Castaneda

Granados busca explicar la relevancia que tuvo en el éxito de los libros el mito alrededor del autor: “Hay misterio, sí, sobre el personaje, pero yo quisiera que fuera lo menos relevante, porque los libros son valiosos como texto de autodescubrimiento, como acercamiento a una cultura ajena, como elogio de la experimentación en uno mismo, no tanto como del consumo de drogas sino como de una cierta disciplina para mirar el mundo de otro modo”.

Y aun así, en la actualidad poco se sabe con certeza de Castaneda. En junio de 1998, algunas agencias de información dieron la noticia sobre la muerte del antropólogo; su amiga y albacea Deborah Drozz habría informado que Castaneda murió el 27 de abril de ese año a consecuencia de cáncer de hígado, pero incluso la veracidad de algunas fotografías que circulan por internet está en duda. En el texto introductorio de la nueva edición del FCE, José Agustín contribuye a esclarecer algunos datos:

Según el autor de De perfil, quien junto a Juan Tovar se encontró con Castaneda en el lobby del Hotel de la Ciudad de México, el antropólogo era brasileño (y no peruano como hasta ahora se cree), tenía un parecido con el actor Peter Lorre y podía hablar sin parar y de manera encantadora por horas.

También dice que Castaneda no consumía ni tabaco ni alcohol, ni café y mucho menos refrescos embotellados; además usaba expresiones como “hijo de la gran flauta” o “como Kiko y Kako” y hasta para comer tenía sus manías: “nunca supe, por ejemplo, por qué desechaba ciertas partes de la papaya”.

Castaneda habría desaparecido de la vida pública en 1973; la revista Time le dedicó su portada ese mismo año con el título Carlos Castaneda: Magic and reality, pero José Agustín agrega que conoció y frecuentó a sus “dos hijos preciosos”, Rodrigo y Gonzalo, que siguen siendo buenos amigos de él y “no siguieron sus pasos (de su padre); se metieron en ondas académicas”.

Finalmente Granados acepta que el mito detrás de Castaneda contribuyó a convertirlo en un best seller y a que más gente lea sus extraordinarios relatos: “En efecto, fue un personaje misterioso y él contribuyó a crear ese misterio, el mito ha atraído a mucha gente y es inevitable, no se va disipar nunca, no hay modo de tratar de aclarar la biografía y los hechos de la vida de Castaneda, pero lo que sí queda claro es que la escritura de Castaneda es muy eficaz y muy seductora”.

Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.
Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.

En 1970 García Terrés le compró los derechos de las cuatro obras de Castaneda a la UCLA y desde entonces con ellos se han llevado a cabo los contratos para realizar las reediciones. “Siempre lo llevamos con la Universidad de California; en la familia también está parte del misterio, tuvo un hijo que en un tiempo no reconoció, se distanció de él, estuvo casado aparentemente muy joven y sin divorciarse tuvo otras parejas. Es difícil establecer el árbol genealógico”, dice Granados. Cada cierto tiempo, el FCE renueva el contrato con la UCLA para volver a imprimir los libros inspirados en las enseñanzas del chamán Juan Matus.

Descubrir a Castaneda

Polémicos por la cuestionable veracidad de la fuente, los libros de Castaneda fueron “best sellers” en su época, pero más allá de las experiencias y la doctrina que difunden, resultaron en una exploración de la sabiduría indígena.

1968
Las enseñanzas de Don Juan

Narrando las experiencias y lecciones que supuestamente vivió con un brujo Yaqui, Carlos Castaneda cuenta una historia en la que los alucinógenos muestran una conceptualización “New Age” de situaciones cotidianas.

1974
Una realidad aparte

Las charlas con el brujo yaqui Juan Matus continúan en la publicación lanzada el año del boom de Las Enseñanzas de Don Juan, Castaneda continúa escribiendo sobre los misterios del conocimiento indígena que los lleva a vivir una vida “verdadera”.

1975
Viaje a Ixtlán

Siguiendo por su exploración del conocimiento, de la mano de los indios yaquis, Castaneda recuerda en esta publicación las labores de disciplina física y mental a las que se enfrentó para lograr la “intimación de la soledad” y la “áspera belleza de la vida”.

1976
Relatos de poder

El poder, la sabiduría y la “despersonalización” guían este relato que inicia con un diálogo entre Castaneda y su maestro “¿Por qué me dio plantas visionarias en el inicio de mi entrenamiento en el camino del conocimiento?” La respuesta es: “Por tu falta de sensibilidad; necesitaba una herramienta para abrir esa cabeza tan dura”.

1981
El don del Águila

Considerado como uno de sus libros más representativos, el autor conduce al lector por líneas que hablan de la “brujería mexicana”. El texto se envolvió en polémica al escribir en el prólogo “Lo que escribo aquí es ajeno a nosotros y por eso se nos antoja irreal”.