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El vals de las entrañas

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Aprenden a comer, a leer, a jugar pero desconocen, como la gran mayoría de los adultos, qué emociones sienten y cómo pueden gestionarlas. Educar a los menores en inteligencia emocional podría dar lugar a una sociedad menos violenta y conflictiva
Aprenden a comer, a leer, a jugar pero desconocen, como la gran mayoría de los adultos, qué emociones sienten y cómo pueden gestionarlas. Educar a los menores en inteligencia emocional podría dar lugar a una sociedad menos violenta y conflictiva

“La inteligencia emocional es la capacidad para identificar nuestras propias emociones, sentirlas, regularlas y expresarlas, así como poder reconocer las de los demás”, una definición de la psicóloga Julia Vidal que toma como referente el concepto que los psicólogos Peter Salovey y John Mayer desarrollaron en 1990.

Educar en el manejo de las emociones desde niños, pero también en los adultos, supone conseguir “regulación emocional, mejor autoestima, desarrollar el potencial de cada uno, mejorar las relaciones y gestionar mejor los conflictos”, explica la directora del Centro de Psicología Área Humana de Madrid donde se imparten cursos de inteligencia emocional para niños a partir de 5 años y adolescentes.

Sin embargo, en los colegios públicos y privados españoles no es habitual encontrar programas de desarrollo de las emociones, “algo que marcaría un antes y un después”, señala la psicóloga, para contribuir a formar una sociedad con menos violencia y menos conflictos en las relaciones.

“Los hombres -añade- están muy por debajo de la media, tienen menos inteligencia emocional que las mujeres, pero a medida que van cumpliendo años van aprendiendo”.

Según Julia Vidal, “nuestra sociedad no se para a analizar qué siente en cada momento y por qué lo siente. Estamos llenos de miedos, dificultades para ser asertivos, no sabemos decir que “no”. Hay déficit y carencias por todas partes”.

Para convertirnos en personas de comportamientos estables, el Centro de Psicología Área Humana organiza cursos de inteligencia emocional donde se estudian cada una de las cinco emociones básicas y universales: alegría, tristeza, miedo, ira y asco.

La psicóloga infantil Mariola Bonilla, de Área Humana, es la encargada de impartir estos talleres prácticos donde se trabajan las emociones y las habilidades sociales, con especial hincapié en el desarrollo de la empatía.

“Se les enseña a reconocer y a describir las emociones, a pararse a pensar para cambiar, por ejemplo, un enfado, para regularlo. Se les muestran estrategias cognitivas para que saquen lo mejor de ellos mismos”, indica.

Y para ello se utilizan distintas herramientas, como el medidor emocional, un cuadrante de colores donde cada día apuntan qué sienten. Emociones distintas para cada cuadrante: en el amarillo (emociones muy agradables y elevada energía, como el entusiasmo); en el verde (emociones agradables y baja energía, como la tranquilidad); en el azul (emociones desagradables y baja energía, como la tristeza) y en el rojo (emociones desagradables y elevada energía, como enfado).

El niño llega al curso sin saber cómo manejar sus sentimientos y sale con un diario de emociones donde anotan cómo se han sentido cada día. Empiezan a atender emociones que pasaban desapercibidas, y empiezan a entender, por ejemplo, por qué se enfadan con frecuencia.

Otro de los cambios que experimentan es en el lenguaje, se amplia el vocabulario emocional para describir mejor lo que sienten, explica la psicóloga infantil.

Por estos cursos han pasado niños tímidos, hiperactivos, tristes…pero con el factor común de tener unos padres concienciados de la importancia de la estabilidad emocional.

Este es el caso de Carolina V.Fernández que decidió llevar a su hijo Hugo, de 8 años a los talleres porque “es muy inteligente y sensible y enfocaba erróneamente sus emociones, mostraba mucha ira hacia cosas que no eran tan importantes”.

“Nada está bien o mal, hay connotaciones y queríamos que las aprendiera”, comenta esta madre, quien ha notado como Hugo ha ampliado su vocabulario sobre sentimientos y le cuesta menos expresarse “y eso nos ayuda a nosotros”.

Maestra infantil, Carolina considera que sería necesario que se realizaran programas de inteligencia emocional y habilidades sociales en las aulas porque se evitarían o resolverían con mayor facilidad muchos de los conflictos que surgen en el aula.

“Con inteligencia emocional -señala la psicóloga Julia Vidal- habría menos niños violentos, menos acoso en las escuelas, menos fracaso escolar porque se aprendería, por ejemplo, a ser empático o a identificar la envidia como una emoción normal que no debe significar dañar al otro, sino colaborar con él para obtener la fórmula de todos ganamos”.

“Pero esta sociedad está empañada, nos contagiamos la mala educación emocional”, concluye la especialista.

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De Werther mejor ni hablar

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Enfocar el tema por el reportaje, no incluir fotografías, huir de grandes titulares y no citar detalles, cómo el método que usó la víctima (para evitar dar ideas) o si dejó una nota. Estas son algunas de las máximas que la OMS cita para que los medios de comunicación informen sobre el suicidio

El suicidio sigue siendo un tema “tabú” en la sociedad a pesar de que es la primera causa de muerte entre los jóvenes varones de 15 a 29 años y duplica el número de víctimas mortales por accidentes de tráfico desde hace varios años.

El efecto Werther fue el término designado por el sociólogo David Phillips en 1974 para definir el efecto imitativo de la conducta suicida. El nombre proviene de la novela “Las penas del joven Werther“, del escritor alemán Wolfgang von Goethe. En ella, el protagonista termina suicidándose por amor.

Fue tal su éxito que poco después de su publicación, en 1774, unos 40 jóvenes se quitaron la vida de forma muy similar al protagonista. Este extraño y macabro fenómeno propició la prohibición del libro en países como Italia y Dinamarca.

Basándose en casos similares, Phillips realizó un estudio entre 1947 y 1968 en el que halló datos reveladores. El mes siguiente a que The New York times publicara una noticia relacionada con el suicidio de alguien conocido la tasa de gente que se quitaba la vida aumentaba casi un 12%.

Este patrón se ha seguido repitiendo hasta día de hoy. A mediados de 2017, Canada trató de prohibir la serie “Por 13 razones” tras considerar que podría causar este mismo efecto. La Organización Mundial de la Salud incluso ha elaborado un documento con pautas a seguir para periodistas que informen sobre hechos relacionados con el suicidio.

Algunos expertos rechazan el efecto Werther en su totalidad, pero no sus matices. Opinan que sí es posible que personas con tendencias suicidas copien la forma de morir de personajes célebres, pero a su vez eximen a estos últimos de toda responsabilidad sobre las muertes ajenas.

“En España y en otros países del entorno, los hombres jóvenes se mueren por suicidio, pero ese dato no sale en los medios de comunicación y es sorprendente: nadie quiere ver el elefante que tenemos en la habitación”, ha asegurado el psicólogo y presidente de la Sociedad Española de Suicidología, Andoni Anseán.

Según ha dicho, en España y en todos los tramos de edad se suicidan una media de diez personas al día -en Euskadi hay una muerte cada dos días-, y a nivel mundial el suicidio genera más muertes que la suma de los homicidios y las víctimas de guerra.

Anseán, que también preside la Fundación Salud Mental España para la prevención de suicidios y transtornos mentales, ha indicado que en España se registraron 3.602 suicidios hace un año -se contabilizan cada dos años-, una cifra que creció durante cuatro años consecutivos hasta dicho año, en el que descendió en un 9 por ciento de media.

“Cuando ya creíamos que el motivo del aumento era la crisis económica, decrece en una cifra importante y vuelve a niveles de hace 5 años. Estamos despistados respecto a la causa”, ha reconocido este experto, que se encuentra en Bilbao para participar en unas jornadas organizadas por la Asociación Vasca de Suicidología.

Ha descartado que exista un perfil de suicida como tal, aunque en general las mujeres tienen más tendencia a protagonizar tentativas sin éxito y los hombres a consumar el suicidio, ya que utilizan “medios más letales”.

Por tramos de edad, ha destacado que un número alto de menores de 15 años presentan un “comportamiento autolítico, con independencia de que lleguen a suicidarse”, y ha asegurado que series de televisión como “Trece razones” o juegos que se distribuyen por internet como “La ballena azul” no aumentan este tipo de comportamientos.

“Son más mediáticos que reales, nadie se suicida por eso; es un disparate, simplemente no ocurre, pero parece que es noticia para los medios de comunicación, aunque los suicidios reales no lo sean”, ha precisado.

También ha afirmado que los casos de suicidio en esa edad “pueden estar relacionados con sufrir acoso escolar o no, hay muchos más motivos por los que sufren los chavales”.

Respecto al tramo de edad entre 15 y 29 años, ha resaltado que el suicidio es la primera causa de muerte entre los varones y ha evidenciado que “nadie quiere ver ese elefante en la habitación”.

En relación a la posible existencia de diferencias entre las diferentes comunidades autónomas, Anseán ha asegurado que “no se sigue un patrón” y se detectan distintos comportamientos en el marco de la misma comunidad, de una provincia o de una comarca.

“Las provincias que lideran la estadística de suicidios son Lugo y Málaga, una está en el norte de la península y otra en el sur. Asturias y Galicia siempre presentan las tasas más altas y Extremadura y Madrid, las más bajas. Incluso hay un triángulo de pueblos en el sur de Andalucía que tiene tasas disparatadas de suicidio”, ha puesto como ejemplo.

Este experto ha considerado el suicidio como “un problema de salud pública que se lleva por delante a muchísimas personas al año” y frente al que las administraciones públicas “podrían hacer mucho más de lo que hacen porque se hace bastante poco. Es una asignatura pendiente”, ha puntualizado.

Ha reclamado al Ministerio de Sanidad una estrategia de prevención del suicidio en el Sistema Nacional de Salud, “al igual que existen otras estrategias para otros asuntos, como la violencia machista”, aunque ha admitido que “de momento, no parece que se vaya a elaborar”.

También ha demandado a las comunidades autónomas que creen planes integrales para hacer frente a este problema y ha confiado en que las autonomías, al menos, tengan “alguna actuación de prevención”.

Ha reconocido que algunos suicidios quizás no sean evitables, pero “otros sí lo son” y para conseguirlo “hace falta que el sistema sanitario, social y educativo, y la sociedad en general, estén sensibilizados y concienciados de que existe ese problema, y a partir de ahí estudiar qué podemos hacer”.

Andoni Anseán ha recordado que detrás de un suicidio “siempre hay sufrimiento” y ha indicado que en muchos casos también se detecta un trastorno mental diagnosticable, en un 60 por ciento de los casos como depresión.

“Un punto clave sería que esas personas acudieran al sistema sanitario y que este sistema estuviera preparado para ayudarles; de hecho en el 18 por ciento de los suicidios, esas personas habían acudido ese mismo día al médico, pero para hablar de sus dolores y no de sus intenciones suicidas”, ha dicho.

Según Anseán, se trata de un tema que sigue siendo “tabú” en la sociedad por motivos culturales y sociales, y también entre el personal sanitario, porque carece de conocimientos para gestionarlo y manejarlo.

También ha considerado que los medios de comunicación deben informar sobre los suicidios, sin temer el “efecto llamada”, aunque ha precisado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) elaboró una guía sobre “la forma de informar: sin fotos, sin dar detalles sobre la forma de morir… Lo que mata es silenciar el suicidio”, ha sentenciado.

El teatrillo de los recuerdos

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Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales
Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales

Investigadores británicos han realizado una de las encuestas más grandes sobre los primeros recuerdos de las personas, y han descubierto que casi el 40 por ciento de las personas tenía un primer recuerdo de su vida que es ficticio.

La investigación actual indica que los recuerdos más antiguos de las personas datan de alrededor de los tres o los tres años y medio de edad. Sin embargo, el estudio de investigadores de la City University de Londres, la Universidad de Bradford y la Universidad de Nottingham Trent, publicado en la revista ‘Psychological Science’, encontró que el 38,6 por ciento de una encuesta de 6.641 personas afirmó tener recuerdos de dos años o menos, con 893 personas que reclaman recuerdos de un año o incluso menores. Esto fue particularmente frecuente entre adultos de mediana edad y adultos mayores.

Para investigar los primeros recuerdos de las personas, los científicos pidieron a los participantes que detallaran su primer recuerdo junto con su edad en ese momento. En particular, se les dijo a los participantes que la memoria en sí tenía que ser una que estaban seguros de recordar. No debe basarse en, por ejemplo, una fotografía familiar, una historia familiar o cualquier fuente que no sea la experiencia directa.

A partir de estas descripciones, los investigadores examinaron el contenido, el lenguaje, la naturaleza y los detalles de las descripciones de memoria más antiguas de los encuestados, y de ellas se evaluaron las posibles razones por las cuales las personas reclaman recuerdos de una edad que la investigación indica que no se pueden formar.

Como muchos de estos recuerdos datan de antes de la edad de dos años o menos, los autores sugieren que estos recuerdos ficticios se basan en fragmentos recordados de experiencias tempranas, como un cochecito, relaciones familiares y sentimientos tristes, y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, o que puede haberse derivado de fotografías o conversaciones familiares.

Como resultado, lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales.

Con el tiempo, tales representaciones mentales se vuelven experienciales cuando vienen a la mente y, por lo tanto, para el individuo, simplemente son “recuerdos” con contenido fuertemente vinculado a un tiempo particular.

En particular, los recuerdos ficticios muy tempranos fueron vistos como más comunes en adultos de mediana edad y adultos mayores, y aproximadamente cuatro de cada diez de este grupo tienen recuerdos ficticios para la infancia.

La doctora Shazia Akhtar, primera autora y asociada principal de investigación de la Universidad de Bradford señala: “Sugerimos que lo que un recordador tiene en mente cuando recuerda recuerdos de ficción improbablemente tempranos es una representación mental similar a la memoria episódica que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia o niñez”.

En este sentido, añade que “se pueden inferir o agregar otros detalles de manera no consciente, por ejemplo, que uno llevaba pañal al estar de pie en la cuna. Tales representaciones mentales de memoria episódica llegan, con el tiempo, a ser recolectivamente experimentadas cuando vienen a la mente y así para el individuo, simplemente son ‘recuerdos’ que apuntan particularmente a la infancia”.

Por su parte, el profesor Martin Conway, director del Centro para la Memoria y el Derecho en City, University of London y coautor del trabajo, explica que en su estudio que pidieron a los participantes que rememorasen el primer recuerdo que realmente recordasen, cerciorándose de que no estaba relacionado con una historia familiar o una fotografía.

“Cuando miramos las respuestas de los participantes, encontramos que una gran cantidad de estos primeros ‘recuerdos’ se relacionaban frecuentemente con la infancia, y un ejemplo típico sería un recuerdo basado en un cochecito — explica–. Para esta persona, este tipo de memoria podría haber resultado de alguien que dijera algo como ‘mi madre tenía un gran cochecito verde’. Entonces la persona imagina cómo se vería. Con el tiempo, estos fragmentos se convierten en un ‘recuerdo'”.

No obstante, precisa que la persona que los recuerda no es consciente de que se trata de un ‘recuerdo’ falso o ficticio. “De hecho, cuando a las personas se les dice que sus recuerdos son falsos, a menudo no lo creen –añade–. Esto en parte debido al hecho de que los sistemas que nos permiten recordar cosas son muy complejos, y no es hasta que tenemos cinco o seis años que formamos recuerdos parecidos a los adultos debido a la forma en que se desarrolla el cerebro y debido a nuestra creciente comprensión del mundo “.

Las bacterias de Pavlov

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Iván Pávlov fue uno de los investigadores rusos más importantes de la historia, y en Psicología sentó las bases del conductismo
Iván Pávlov fue uno de los investigadores rusos más importantes de la historia, y en Psicología sentó las bases del conductismo

Las bacterias también aprenden ante los estímulos, según un estudio liderado por la Universidad Pompeu Fabra (UPF), que abre la posibilidad a diseñar bacterias que desarrollen un aprendizaje asociativo, es decir, que muestren una respuesta condicionada ante un estímulo determinado.

La investigación, liderada por el jefe del Laboratorio de Sistemas Complejos del Instituto de Biología Evolutiva (IBE-UPF-CSIC) y profesor de la UPF Ricard Solé, ha demostrado que, al igual que Iván Pávlov consiguió en 1901 hacer salivar a su perro con sólo escuchar una campana, se pueden crear circuitos de bacterias que responden al mismo condicionamiento clásico.

Los investigadores plantean el uso de bacterias modificadas genéticamente para controlar la respuesta del microbioma ante varios estímulos y como herramienta para desarrollar nuevas terapias. Las pruebas demostraron la teoría del perro de Pavlov.

Según Solé, ya que estas bacterias modificadas pueden crear y borrar memorias y asociar diferentes señales entre sí, es posible conseguir que aprendan asociaciones en que, por ejemplo, liberen un fármaco en situación de enfermedad y dejen de hacerlo cuando sea necesario.

El investigador ha recordado que más de 100 billones de bacterias se alojan en el cuerpo humano, sobre todo en la piel y en el intestino.

“Es la llamada microbiota o microbioma, con la que hemos establecido a lo largo de la evolución una relación simbiótica: nosotros le proporcionamos hogar y comida, y ella nos ayuda a digerir alimentos y nos protege contra infecciones nocivas”, ha explicado Solé.

El interés por la microbiota ha ido creciendo en los últimos años, sobre todo a raíz del descubrimiento de su vinculación a enfermedades como el cáncer o la diabetes e incluso a las alergias y el envejecimiento.

Dada su importancia en la salud humana, no es raro que los científicos se planteen el uso de nuevas técnicas de bioingeniería para detectar y curar enfermedades relacionadas con este complejo ecosistema.

Gracias a la biología sintética, ya hay bacterias capaces de producir determinados compuestos, como fármacos, pero este estudio demuestra que las bacterias no sólo podrán producir un fármaco, sino que además serán capaces de decidir cuándo hacerlo.

“Las relacionadas con el microbioma suelen ser enfermedades complejas que necesitan bacterias ‘inteligentes’, capaces de liberar un fármaco cuando las condiciones lo requieran, pero también de inhibirse cuando la situación mejore”, ha comentado Solé.

“Si tenemos en cuenta la comunicación cruzada que se da entre las células microbianas y humanas, sobre todo entre el microbioma intestinal y los sistemas nervioso e inmunológico, se hace más evidente la utilidad de rediseñar, cuando sea necesario, el ecosistema microbiano”, ha añadido el profesor de la UPF.

El aprendizaje asociativo, el de la teoría del perro de Pavlov, es un elemento clave para adaptarse al ambiente, pero se trata de una habilidad habitualmente observada en organismos que poseen sistema nervioso.

Los investigadores han subrayado que la posibilidad de trasladar esta capacidad a organismos tan simples como las bacterias abre un amplio abanico de opciones en el mundo de la biomedicina y a otros campos tan dispares como la reparación de ecosistemas amenazados.

Mundo lunático

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Según la definición proporcionada por la Real Academia de la Lengua, el lunático es aquel que “padece locura, no continua, sino por intervalos”. El término proviene del latín “lunaticus”, ya que la creencia de que las fases de la luna pueden influir sensiblemente en el comportamiento humano se encontraba ampliamente extendida entre los romanos (pero también entre muchas otras sociedades que los precedieron y sucedieron)
Según la definición proporcionada por la Real Academia de la Lengua, el lunático es aquel que “padece locura, no continua, sino por intervalos”. El término proviene del latín “lunaticus”, ya que la creencia de que las fases de la luna pueden influir sensiblemente en el comportamiento humano se encontraba ampliamente extendida entre los romanos (pero también entre muchas otras sociedades que los precedieron y sucedieron)

Desde hace miles de años, desde que el hombre empezó a mirar al cielo con una mezcla de curiosidad y miedo, la Luna ha embelesado al ser humano. El halo de misterio que rodea todo aquello que habita en la noche, la luz que desprende y el deseo con el que la ven los ojos del científico y del poeta, han convertido al único satélite de la Tierra en el centro de muchas teorías, como la que asegura que la fase Lunar tiene influencia sobre el carácter del ser humano.

Son muchos los estudios que se han escrito para afirmar o desmentir dicha aseveración. Una de las primeras observaciones científicas fue la realizada por Plinio el Viejo en el siglo I d.C., que constató cómo el efecto gravitacional originado por la Luna influye en las mareas. Su masa es suficientemente grande y está suficientemente cerca como para elevar mareas sobre la Tierra. Las masas terrestres, y en particular el agua de los océanos, se abulta en los dos extremos de un eje que pasa por los centros de gravedad de la Tierra y la Luna. Este descubrimiento llevó a muchos a creer que si el agua de los océanos era alterada por la Luna, los líquidos de nuestro cuerpo también podrían sufrir alteraciones que modifican nuestro comportamiento.

George Ogden Abell, astrónomo de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), desmintió en 1978 esta hipótesis. “Un mosquito posado en nuestro brazo ejerce una fuerza gravitacional mayor sobre nosotros que la Luna”, destacó Abell en la revista estadounidense Scientific American. El estudio negaba que el satélite tuviera relación con la fecundidad, los embarazos, la locura transitoria o los crímenes, Jean-Luc Margot, profesor de la UCLA, llevó a cabo una investigación en la que analizó todos los artículos científicos publicados sobre la materia, con la idea de desmontar los mitos que siguen existiendo en nuestros días sobre el satélite. “Si se analiza la información disponible –destacó el científico en la BBC-, uno ve que no hay un aumento de los partos en las noches de Luna llena”.

Sin embargo, Margot descubrió un estudio de 2004 realizado en un hospital de Barcelona (España), en el que los expertos aseguraban que había un mayor número de ingresos hospitalarios por hemorragias gastrointestinales en las noches de Luna llena. También constató que muchos policías afirmaban que se cometen más crímenes en Luna llena.

Ambas afirmaciones son “erróneas”, según el profesor estadounidense determinó que esas creencias surgen de un sesgo cognitivo de confirmación: las personas tienden a aceptar la información que confirma sus creencias y a ignorar la que las contradicen. Y en este caso, primer dato que podría tumbar esta aseveración es que la fuerza gravitacional de la Luna es igual de intensa durante su fase llena como en la nueva, pero a la segunda no se le atribuyen tantas propiedades ni efectos especiales sobre los seres humanos.

A pesar de las múltiples evidencias científicas que desmienten la relación directa entre la Luna y el comportamiento humano, aún hay estudios que buscan relación entre las fases Lunares y algunos aspectos del ser humano. Según científicos de la Universidad de Basilea, en Suiza, tanto la percepción objetiva como la subjetiva del sueño cambian según el ciclo Lunar. Otro estudio realizado por la Universidad de Kyoto, en Japón, indica que la Luna llena perturba la producción nocturna de melatonina, que ayuda a regular otras hormonas y mantiene el ritmo circadiano. Es decir, según esta investigación, las fases de nuestro satélite afectan al el reloj interno de 24 horas del cuerpo que ayuda a regular las fases del sueño.

Pese a que estas teorías, desmentidas por gran parte de la comunidad científica, fueran ciertas y las fases Lunares afectaran ligeramente a los ciclos de sueño, el comportamiento humano, en general, no está relacionado con la Luna. Habrá que buscar nuevas excusas para justificar deslices o rarezas en la conducta.

Una cura psicoactiva para la depresión

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Hasta ahora, la ketamina se ha utilizado como tranquilizante para caballos o droga alucinógena, pero desde hace unos años la literatura científica le otorga un potencial terapéutico para la depresión grave a pesar de sus riesgos: la adicción y la psicosis. En casos específicos, los expertos hablan de una cura ‘psicoactiva’
Hasta ahora, la ketamina se ha utilizado como tranquilizante para caballos o droga alucinógena, pero desde hace unos años la literatura científica le otorga un potencial terapéutico para la depresión grave a pesar de sus riesgos: la adicción y la psicosis. En casos específicos, los expertos hablan de una cura ‘psicoactiva’

Era 2010 y la revista Science ya describía cómo la ketamina –anestésico de uso frecuente reutilizado como droga alucinógena– regeneraba en ratas las conexiones entre las células cerebrales dañadas por la depresión, además de mejorar los síntomas y la conducta causada por esta enfermedad crónica.

Desde entonces, muchos otros estudios han confirmado la validez de esta sustancia para casos específicos de pacientes con depresión grave, eso sí, todos en modelos animales. En mayo de 2016 la revista Nature publicó también cómo la ketamina lograba combatir la patología en ratones.

El equipo de la Universidad de Maryland descubrió que la mejora del estado de ánimo no la causa la droga en sí, sino uno de los productos que se forman cuando el hígado la descompone en moléculas más pequeñas: el metabolito (2R, 6R)-hidroxinorketamina (HNK).

En su estudio, los científicos vieron que esas moléculas alivian de forma rápida la depresión sin provocar efectos secundarios incluso a dosis 40 veces mayores que las que se usaron en el experimento con ketamina.

Una única administración del compuesto logró efectos antidepresivos similares a los inducidos por la ketamina, que además perduraron durante al menos tres días, con la diferencia de que esta sustancia no generó ninguna adicción, el caballo de batalla del tratamiento.

“A pesar de que existe cierta evidencia sobre su uso, aún no hay una aprobación para la práctica clínica”, explica a Sinc Eduard Vieta, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona. Por el momento, en Europa su uso se restringe a la investigación.

“En España, centros como el Hospital Clínic de Barcelona disponen de un protocolo de uso compasivo de ketamina en pacientes con depresiones graves y resistentes a los tratamientos habituales”, añade Vieta.

Esta semana, un artículo publicado en The American Journal of Psychiatry ha conseguido dar un paso más. El trabajo muestra los beneficios de la acción rápida de la ketamina para la depresión y el suicidio en 68 pacientes, aunque advierte sobre el riesgo de abuso y la necesidad de controles efectivos.

El nuevo trabajo, liderado por expertos de la Universidad de Yale (EE UU) y la compañía farmacéutica Janssen, revela cómo un esprái nasal de ketamina –sintetizada por primera vez en 1962– resulta prometedor en el tratamiento rápido de los síntomas de depresión grave con riesgo inminente de suicidio.

Según los autores, esta terapia podría solucionar el retraso en el tratamiento debido al efecto retardado de la mayoría de los antidepresivos comunes, que necesitan de cuatro a seis semanas para ser completamente efectivos. Sin embargo, aún queda un largo camino hasta conseguir la aprobación de las agencias reguladoras de medicamentos (FDA en EE UU o EMA en Europa).

Necesarios más estudios

De momento, no hay evidencias sobre los efectos secundarios del uso continuado de estas sustancias. Tal y como indica a Sinc Francesc Artigas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB/CSIC), “todavía no se conoce en detalle cómo actúan estos compuestos. Ahora se encuentran en el ámbito experimental, es decir, no se prescriben a pacientes excepto los incluidos en ensayos clínicos”.

“Hay que ser muy cautos porque hasta la fecha no se han realizado estudios clínicos controlados en un número importante de pacientes”, continúa Artigas. “La ketamina solo se ha probado en personas que no responden a múltiples tratamientos convencionales y falta demostrar su eficacia en pacientes no resistentes, así como en aquellos que solo mejoran parcialmente con los tratamientos convencionales”.

Existen otras sustancias adictivas que también se barajan para el tratamiento antidepresivo, como la psilocibina o la ayahuasca. Cada una actúa de forma distinta y solo de la ketamina se dispone de datos controlados y claros sobre su eficacia.

Uso bajo supervisión médica

Todos los expertos están al tanto de los riesgos, por eso matizan que su uso no es ni milagroso ni para todo el mundo. “Estas sustancias son psicotrópicos con elevados riesgos tanto en el consumo puntual como en el crónico, y solo deben utilizarse por parte de equipos expertos en el entorno del hospital y en pacientes complejos”, indica Vieta.

El investigador, que ha participado en ensayos en fase III –el último paso antes de que la FDA contemple su aprobación– con efectividad probada en cuestión de minutos en la etapa depresiva del trastorno bipolar, advierte de que su consumo recreativo o ambulatorio puede ser muy pernicioso.

“Puede crearse una adicción y desencadenarse una psicosis si lo consumen adolescentes o personas de alto riesgo. Las sustancias psicotrópicas, en general, tiene efectos positivos y negativos. Cuando se utilizan bajo supervisión médica y en el paciente apropiado, pueden ser beneficiosas, pero su uso recreativo e incontrolado llega a ser muy dañino”, afirma Vieta.

“No hay que olvidar que el LSD estuvo comercializado en los años 50 como ayuda para el tratamiento con psicoterapia, pero lo retiraron del mercado por sus propiedades alucinógenas”, concluye Artigas.

El gol es una droga

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Las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano
Las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano

“La actividad cerebral de un hincha de fútbol cuando su equipo marca un gol o gana un partido sigue el mismo patrón que la que se encuentra en una adicción a las drogas, a la comida o al sexo”. Esto es lo que afirma el doctor en Ciencias Médicas e investigador del laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad del Desarrollo (UDD) chilena, Francisco Zamorano.

Según un estudio elaborado por varios centros científicos y de investigación chilenos, cuando un fanático del fútbol ve a su equipo, el placer que le genera responde a una actividad cerebral en su cabeza que sigue un patrón muy similar al que se observa en el cerebro de un adicto.

Esta es una de las conclusiones que se desprenden de una investigación que todavía sigue en curso. Para obtener estos datos, la UDD y la Clínica Alemana de Santiago han utilizado resonancias magnéticas y han estudiado qué zonas del cerebro se activan cuando los hinchas viven una victoria o una derrota de su equipo.

Para provocar las reacciones de la gente, los investigadores utilizaron imágenes cedidas por ‘Canal de Fútbol (CDF) Chile’. Esta recopilación contenía imágenes de diferentes partidos del fútbol chileno, entre los que destacan los encuentros de Colo Colo y Universidad de Chile, que son los clubes con más seguidores del país.

Una veintena de voluntarios, cuyo único requisito era ser amantes del fútbol, fueron quienes se sometieron a una resonancia magnética mientras observaban las imágenes.

“Es notorio cómo se van activando zonas que tienen que ver con las emociones y, en particular, cuando tu equipo se enfrenta al máximo rival”, explica Zamorano. El estudio muestra además que las reacciones a los goles, ya sean a favor o en contra, se ubican en la zona más primitiva del cerebro llamada núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema que controla el placer y la recompensa en el cuerpo humano.

Cuando un partido es contra el máximo rival, las reacciones en el cerebro son diferentes a si se trata de un partido con un rival “neutro”. Según asegura Zamorano, al exponer a los voluntarios a imágenes de partidos en los que hay una gran rivalidad, la actividad en la región frontal del cerebro se “apaga”, lo mismo que sucede cuando se consumen alcohol o drogas. Esto podría explicar las reacciones violentas e irracionales que en muchas ocasiones se producen durante un encuentro de fútbol, algo que se agrava todavía más si sumamos la excitación del momento o el consumo de alcohol.

El objetivo ahora es continuar con la investigación y sumar más voluntarios. Además, también se va a intentar profundizar en la actividad hormonal durante este tipo de eventos.

La investigación ha revelado que, cuando el equipo del que uno es hincha pierde se libera una hormona llamada cortisol, que produce estrés; por el contrario, cuando el resultado es positivo lo que se libera es testosterona.

El estudio de estos procesos hormonales aunado a los resultados de la investigación de la actividad cerebral podría servir para “predecir una serie de patrones de conducta”, añade Zamorano.