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Cejas que socializan

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Un movimiento rápido de cejas es un signo de reconocimiento, alzarlas indica simpatía, y hay pequeños movimientos que son clave para identificar la confiabilidad y el engaño. Todo esto se traduce en una mayor cooperación y comprensión entre las personas
Un movimiento rápido de cejas es un signo de reconocimiento, alzarlas indica simpatía, y hay pequeños movimientos que son clave para identificar la confiabilidad y el engaño. Todo esto se traduce en una mayor cooperación y comprensión entre las personas

Con un sutil movimiento de cejas, las personas somos capaces de expresar simpatía, confianza o reconocimiento. Hasta ahora se les había otorgado una función protectora, pero investigadores de Canadá acaban de desmontar esa hipótesis. Según su nuevo estudio, de indicar agresividad pasaron a servir como una herramienta de comunicación vital para la cooperación social.

Al igual que la cornamenta de un ciervo, las cejas de nuestros antepasados primitivos eran una protuberancia huesuda pronunciada que indicaba dominación y agresividad. Los humanos modernos, en cambio, tenemos una frente lisa con cejas más visibles y velludas, capaces de moverse para establecer redes sociales, según un estudio liderado por la Universidad de York (Canadá), que se publica en la revista Nature Ecology & Evolution.

Hasta ahora, se otorgaba a esta parte del cráneo, que une las cuencas de los ojos y la caja craneal, una función de protección contra el impacto de la mordedura y la masticación. Este nuevo trabajo propone que las gruesas prominencias óseas por encima de los ojos (arcos superciliares) de los primeros humanos señalaban el estatus social y después, al hacerse menos protuberantes y movibles, propiciaron habilidades de comunicación.

“En los mandriles, los machos dominantes tienen bultos de colores brillantes a cada lado del hocico para mostrar su estatus. Estos bultos crecen debido a factores hormonales, y los huesos de debajo presentan cráteres microscópicos, una característica que también se puede ver en las cejas de los homínidos arcaicos”, explica Paul O’Higgins, uno de los autores principales del artículo y profesor de anatomía en la universidad canadiense.

Los científicos recrearon digitalmente un cráneo fósil de Homo heidelbergensis hallado en lo que hoy es Zambia y conocido como Kabwe 1, que tiene entre 300.000 y 125.000 años de antigüedad. A través de un software de ingeniería 3D descubrieron que los arcos superciliares del fósil eran mucho más grandes de lo necesario para proteger las cuencas oculares y la caja craneal, de modo que una ceja gruesa poco tiene que ver con la función de proteger el cráneo al comer.

“Usamos el software de modelado para recortar el enorme filo de la frente de Kabwe 1 y descubrimos que no ofrecía ninguna ventaja espacial, ya que podía reducirse en gran medida sin causar problemas. Luego simulamos las fuerzas de mordedura de diferentes dientes y descubrimos que se aplicaba muy poca tensión en esta parte. Cuando la eliminamos no tuvo ningún efecto en el resto de la cara al morder”, añade el experto.

“Otras hipótesis, como mantener el sudor o el pelo fuera de los ojos, ya se habían descartado, por lo que sugerimos que se puede encontrar una explicación plausible en la comunicación social”, concluye O’Higgins.

A medida que los humanos se volvieron más sociables, el aplanamiento de la frente permitió el desarrollo de cejas más visibles y movibles capaces de mostrar emociones sutiles y cambiantes. Un movimiento rápido de cejas es un signo de reconocimiento, alzarlas indica simpatía, y hay pequeños movimientos que son clave para identificar la confiabilidad y el engaño. Todo esto se traduce en una mayor cooperación y comprensión entre las personas.

“Una frente más vertical en los humanos modernos permitió mostrar emociones amistosas que ayudaron a formar vínculos sociales entre individuos”, recalca O’Higgins.

Para Penny Spikins, coautora del trabajo en el departamento de Arqueología de la Universidad de York, “las cejas son las piezas que nos faltaban para entender cómo los humanos modernos lograron llevarse mejor con los demás que otros homínidos ahora extintos”.

Un efecto secundario de tener caras pequeñas

De acuerdo con los investigadores, nuestras frentes comunicativas fueron un efecto secundario de la reducción gradual de nuestras caras durante los últimos 100.000 años. Este proceso se ha acelerado en los últimos 20.000 años y, más recientemente, cuando pasamos de ser cazadores recolectores a agricultores.

“Con la reducción del tamaño de la cara desaparecen también esas superestructuras robustas que caracterizan a los homínidos del Pleistoceno Medio, como ocurre con Kabwe 1”, asegura a Sinc Markus Bastir, director del laboratorio de Morfología Virtual en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y autor de un comentario sobre este artículo en la revista Nature Ecology & Evolution.

Spikins afirma: “Los humanos modernos son los últimos supervivientes de los homínidos. Mientras nuestra especie hermana, los neandertales, se estaba muriendo, nosotros colonizábamos rápidamente el mundo, sobreviviendo a entornos extremos. Esto tuvo mucho que ver con nuestra capacidad para crear grandes redes sociales. Sabemos, por ejemplo, que los humanos modernos prehistóricos evitaron la endogamia y se fueron a vivir con amigos en lugares distantes durante tiempos difíciles”.

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El origen de la era del hielo

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Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático
Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático

Un estudio internacional en el que ha participado la investigadora de la Universidad de Zaragoza, Alba Legarda, señala las causas del tránsito de un clima cálido “greenhouse” a uno “icehouse” (glaciación), y ha logrado, por primera vez, un acuerdo científico.

En el artículo científico se concluye que la formación de agua profunda en el Atlántico Norte desencadenó un cambio drástico en la circulación oceánica y pudo causar el cambio climático del Oligoceno, según ha informado la institución académica.

Mecanismos climáticos a gran escala

Asimismo, han apuntado que este estudio basado en el clima del pasado geológico puede ser clave para entender los mecanismos climáticos de gran escala y poder así construir mejores proyecciones del clima del futuro.

La investigación de Legarda se centra en interpretar cambios en el clima de hace millones de años y comprender las respuestas de los sistemas marinos frente a estos cambios para así poder realizar proyecciones e inferencias de futuros cambios climáticos y de la respuesta de los sistemas marinos.

Para llevarla a cabo, ha estudiado los foraminíferos planctónicos, un grupo de microfósiles marinos que se pueden encontrar en la parte superficial de los Océanos. Sus microscópicas conchas están compuestas de carbonato y, al morir, caen al fondo oceánico y son preservadas al ser fosilizadas y formar parte de los sedimentos que se generan con el paso del tiempo, formando un “archivo geológico”.
Formación de agua profunda y ventilación en el océano profundo

Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático.

En concreto, según han señalado, la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico Norte es una componente esencial a la hora de regular el sistema climático actual, ya que constituye la mayor contribución oceánica al transporte de calor.

Hace aproximadamente 50 millones de años, el clima de la Tierra era mucho más cálido y húmedo que hoy en día, con apenas hielo en el planeta y un nivel del mar más alto que el de las costas actuales.

Poco a poco, los niveles de dióxido de carbono descendieron lentamente y la Tierra se enfrió gradualmente hasta que la capa de hielo Antártica se formó rápidamente hace aproximadamente 34 millones de años.

Legarda ha explicado que las evidencias que han encontrado apuntan a que la glaciación pudo comenzar porque las aguas superficiales en el Atlántico Norte se volvieron más salinas y densas y empezaron a hundirse. Esto fue lo que generó un impulso y el inicio de la circulación de estas aguas profundas hacia el sur.

El nuevo estudio sugiere que este cambio en la circulación sucedió en un momento crítico, aproximadamente un millón de años antes de la glaciación Antártica.

El secreto de la naturaleza que pervive

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Ejemplar de 'pinus longaeva'
Ejemplar de ‘pinus longaeva’

Dennis tiene 5.063 años de edad, verificados científicamente. Este árbol de la especie pino longevo (Pinus longaeva) vive en las White Mountains de California (EE.UU.). Si hubiera podido viajar, habría visto la fundación de Troya, o la construcción de las pirámides de Giza en Egipto y del monumento megalítico de Stonehenge en Gran Bretaña. Pero si en lugar de hablar de ejemplares individuales nos fijamos en poblaciones clónicas, en el Fishlake National Forest de Utah (EE.UU.) hay un bosque de 47.000 álamos temblones (Populus tremuloides) que son, en realidad, un solo individuo, un inmenso sistema de raíces que cubre 43 hectáreas y que emite tallos genéticamente idénticos cuya vida media es de 130 años. Este leviatán vegetal, llamado Pando (“me extiendo” en latín), es considerado el organismo más pesado del mundo, con 6.000 toneladas. La edad estimada de su red de raíces es de al menos 80.000 años, aunque podría ser mucho mayor.

Por muy sobrecogedoras que sean estas cifras, tal vez estemos tan acostumbrados a admitir que incluso los árboles de nuestro barrio seguirán ahí cuando nosotros hayamos desaparecido, que la enorme longevidad de algunas plantas nos causa una sorpresa moderada. Y sin embargo, que un organismo conserve intacta su información genética y su capacidad de generar células nuevas durante cientos o miles de años es una proeza biológica de gran magnitud que no está al alcance de nosotros, los animales, y cuyos secretos aún no conocemos en su totalidad.

Un equipo de científicos de la Universidad de Gante y del Instituto de Biotecnología de Flandes (Bélgica) ha desvelado uno de estos secretos esenciales en la larga vida de algunas plantas. Se trata de una proteína responsable de que una población celular de las raíces actúe como caja fuerte, conservando intacta una copia de su material genético y dividiéndose solo cuando es estrictamente necesario, evitando así el daño celular que podría limitar su supervivencia.

La capacidad de crecimiento y renovación de tejidos en los seres vivos reside en las células madre. Ellas permiten que nuestras heridas cicatricen o que algunos animales puedan regenerar miembros amputados. En las raíces vegetales, las células madre se dividen continuamente para generar células hijas que se encargan de especializarse y construir el crecimiento de la planta, mientras que la célula original conserva su capacidad regenerativa. Pero además, junto a las células madre existe otra población, las llamadas células organizadoras o quiescentes. Como su nombre sugiere, estas células controlan la división de las células madre y las reponen si es necesario, pero normalmente permanecen en reposo, con una frecuencia de división de entre tres y diez veces menor que las células madre.

“Nuestros datos sugieren que ciertas células organizadoras en las raíces de las plantas son menos sensibles al daño en el ADN”, apunta el director del estudio, Lieven De Veylder. “Esas células conservan una copia original e intacta del ADN que puede emplearse para reemplazar células dañadas si es necesario. Los animales confían en un mecanismo similar, pero todo indica que las plantas lo utilizan de una manera más optimizada”, explica el investigador.

Arabidopsis

De Veylder lleva años investigando el ciclo celular de Arabidopsis, una pequeña herbácea que es como el ratón vegetal de los laboratorios, el organismo modelo más popular entre los biólogos dedicados a la investigación celular y molecular en las plantas. Uno de los objetivos de De Veylder es comprender cómo las plantas son capaces, gracias a esas células quiescentes, de mantener su integridad genética bajo situaciones de estrés. “Las plantas son sedentarias, por lo que sufren un contacto inevitable con agentes que perjudican la integridad de su genoma. Para detectar y reaccionar ante estas amenazas, las plantas han desarrollado mecanismos de control de estrés en el ADN que detienen el ciclo celular cuando el ADN se rompe o su replicación falla. Así, las células pueden reparar el ADN dañado antes de entrar en mitosis [división celular], lo que previene la propagación de mutaciones”.

Buscando la clave de estos mecanismos, los investigadores han logrado identificar una nueva proteína llamada ERF115 perteneciente a la familia de los factores de transcripción, moléculas que controlan cuándo el ADN se pone en marcha para desencadenar los procesos activos de la célula, entre ellos la división. Normalmente, ERF115 permanece inactivo, impidiendo la división de las células quiescentes. Cuando la planta sufre una agresión y las células madre resultan dañadas, ERF115 se activa y estimula la producción de la hormona vegetal fitosulfoquina, que a su vez dispara la multiplicación de las células quiescentes para generar nuevas células madre de repuesto.

Gracias a este mecanismo de control, la planta puede disponer de un doble nivel de células madre y células madre de las células madre, lo que consigue mantener a esta última población en un estado de actividad tan bajo que su ADN permanece intacto frente a las agresiones durante tiempo casi indefinido. “Esto podría explicar por qué muchas plantas pueden vivir cientos de años o más, mientras que esto sería algo muy excepcional para los animales”, concluye De Veylder.

El chip del sexo

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Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual
Samantha, es una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual

El doctor en Nanotecnología, ingeniero en Electrónica y experto en Computación, Sergi Santos, que ha sido el primero en poner inteligencia artificial a una muñeca sexual realista que ha creado controversia, defiende que su innovación “no deshumaniza a las mujeres”.

A Santos le apasiona el humanismo, la psicología y la ciencia, y comenta que siempre le había interesado “hacer un cerebro”, pero para conseguirlo necesitaba un cuerpo y lo halló en las muñecas sexuales realistas fabricadas en China.

“El mercado del sexo mueve mucho dinero y encontré que estas muñecas tenían un cuerpo perfecto, en el que hay arte y tecnología”, explica.

Incorporó un aparato con algoritmos de inteligencia artificial en una de ellas, un prototipo al que ha bautizado como Samantha, una muñeca hecha de material elastómero termoplástico que tiene tres modos: el familiar, el romántico y el sexual; y le instaló unos sensores para que “sea inteligente y sepa responder a cómo la estás tratando”.

La empresa creada por Santos sólo vende muñecas femeninas, pero Santos afirma que es debido a su peso: “tenemos que desarrollar la tecnología un poco más para que el peso sea tratable”, aunque “hacer hombres no es problema”.

El nanotecnólogo añade que está convencido de que a las mujeres les encantaría tener uno, “aunque quizás no lo admitan. Mi madre misma me preguntó por qué no le construía un Brad Pitt”.

Santos explica que no quiere que la gente “se avergüence de tener una muñeca sexual que hable, entienda y sienta”, que su creación “no es solo sexual” y que mientras se interactúa con ella en modo familiar “nunca dirá nada grosero”.

“Antes, la gente compraba muñecas pero se escondía porque eran solo para practicar sexo, y tú veías una persona con una muñeca y podrías pensar que era un desquiciado mental. Espero que a partir de ahora la gente vea que no es eso”, confía.

El científico recomienda que con Samantha, que se puede comprar por entre 1.500 y 8.000 euros, según cómo se personalice, “tienes que hacer lo que harías con una mujer normal: se va excitando y llega al punto sexual y orgásmico”.

Pero por mucho que Samantha, a la que se le puede incorporar calefacción, simule una mujer, no deja de ser una muñeca, y el sexo con muñecas o robots ha suscitado algunas críticas sociales, aunque el inventor prefiere hablar de que ha hecho “algo disruptivo”.

Una de las críticas es que el uso de un robot puede contribuir a aumentar la explotación a las personas, pero Santos defiende que “si tú eres agresivo y tratas mal a objetos y a la gente, a Samantha la tratarás igual, depende de cómo sea el individuo”.

“No creo que esté abusando de Samantha, yo creo que estamos interactuando”, subraya el científico.

Existe una ‘Campaña en Contra de los Robots Sexuales’ que afirma que las muñecas sexuales deshumanizan a las mujeres y las convierte en meros objetos porque se establece una relación que únicamente reconoce los deseos y necesidades de una persona.

Sin embargo, el científico opina lo contrario, porque “una muñeca se puede fabricar a la carta y una vez puedas poseer el cuerpo que quieras, la gente prestará más atención a la personalidad de las mujeres porque el cuerpo va a ser algo accesible, y la mujer real ya no será un cuerpo sino una persona”.

Por ese motivo, Santos está convencido de que no ha hecho nada reprochable y señala que “desde hace años ha habido sexo, incluso con animales. Yo no soy un agresor sexual ni nada raro, soy una persona normal con una sexualidad normal, pero los humanos tenemos esta necesidad y satisfacerla con una muñeca está bien”.

El investigador está convencido que en el futuro Samantha va a evolucionar y se convertirá en un “asistente robot”, que puede recordarte cosas cotidianas o ayudarte si has perdido las llaves, aunque él se ha centrado en aplicar la inteligencia artificial en una muñeca sexual porque se puede hacer “por unos miles de euros”.

Tras su creación, Santos, que es ingeniero en Electrónica por la UPC y doctor en Nanotecnología por la Universidad de Leeds (Reino Unido), afirma que otras empresas “verán que hay interés por parte de la gente e implementarán más capacidades a la muñeca”.

“Espero haber contribuido a hacer un pequeño paso histórico para que el ser humano empiece a pensar que no es único en el mundo, que todos tenemos lugar en el universo y que no hay ningún problema en compartir tu sexualidad con un hombre, una mujer, tu mano o una muñeca”, concluye el ingeniero.

Un disfraz de lobo para la supervivencia

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Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas
Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas

El tigre de Tasmania o tilacino, cuya mala salud genética le condujo a la extinción en 1936, evolucionó para parecerse a un dingo (perro salvaje) o un lobo, pese a no estar emparentados.

Las nuevas informaciones se desprenden del estudio del mapa genético de un ejemplar joven de tigre de Tasmania que habitó Australia hace 106 años y que formaba parte de la colección de Museos de Victoria. El estudio muestra que estos animales estaban genéticamente débiles antes que la isla de Tasmania, en el sur de Australia, quedara aislada hace unos 14.000 años.

También aporta información crucial sobre la biología del de tilacino, cuyo nombre científico es Thylacinus cynocephalus, que evolucionó de tal manera que se asemejó al dingo (perro salvaje australiano).

El genoma ha permitido confirmar el lugar del tilacino en el árbol evolutivo. El Tigre de Tasmania pertenece a un linaje hermano del Dasyuridae, la familia que incluye al demonio de Tasmania y el ratón marsupial (dunnart).

Las técnicas de cacería y la dieta de carne fresca que comparten el tilacino y el dingo motivaron que sus cráneos y la forma del cuerpo se asemejaran a través de la “evolución convergente”, según los científicos.

La “evolución convergente” se refiere al proceso en que los organismos que no están vinculados evolucionan por separado, de tal manera que con el tiempo se asemejan para adaptarse a ambientes parecidos o nichos ecológicos.

La apariencia del tilacino es casi como la de un dingo con bolsa marsupial. Al estudiar las bases de su evolución convergente, los investigadores observaron que no fueron los genes los que cambiaron el cráneo y la forma corporal sino las regiones que controlan ‘el encendido y apagado’ de los genes en diferentes etapas del crecimiento.

Semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris

Al analizar las características del cráneo, como los ojos, la mandíbula y la forma del hocico se hallaron mayores semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris. El hecho de que estos grupos no hayan compartido un ancestro común desde la era del jurásico da un impactante ejemplo de convergencia entre especies distantes.

El tilacino, un marsupial parecido a un tigre por las franjas que cruzaban su lomo, llegó a habitar antiguamente en Australia continental y en la isla de Nueva Guinea.

Sin embargo, cuando los europeos llegaron a Oceanía en el siglo XVIII, la población de este animal se concentraba en la isla de Tasmania, y su extinción se aceleró por una intensa campaña de caza entre 1830 y 1909, alentada por recompensas para acabar con este depredador que se comía al ganado.

Al ser el genoma más completo de un animal extinto, esto constituye técnicamente el primer paso para traer de vuelta al tilacino, aunque aún falte un largo camino por recorrer.

El estudio también permitirá ayudar a la preservación del demonio de Tasmania, que existe solamente en la isla del sur de Australia y cuyas especies están aquejadas por un cáncer facial que ha diezmado considerablemente a su población.

El tigre que nunca se fue

El último tigre de Tasmania conocido murió en el Zoológico de Hobart en 1936. La especie fue perseguida hasta la extinción deliberada por los agricultores indignados ante el número de ovejas muertas por esos animales carnívoros.

Sin embargo, en décadas posteriores se han reportado miles de avistamientos en Tasmania y de Australia continental. En 2005, la revista The Bulletin ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura de un tigre de Tasmania vivo.

Arañas en el frenesí del coito caníbal

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Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito
Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito

Los machos de araña de espalda roja, una especie venenosa cuyas hembras devoran al macho durante el coito, han desarrollado una estrategia de reproducción en la que se aparean con hembras inmaduras para evitar su fatal destino. Un estudio demuestra ahora que este comportamiento también beneficia a las hembras

Las hembras de araña de espalda roja (Latrodectus hasselti), de mayor tamaño que los machos, practican canibalismo sexual y durante el apareamiento devoran al macho. Pero estos han desarrollado una estrategia para salvarse: buscan a hembras inmaduras y poco experimentadas.

Hasta ahora los científicos no sabían si esta táctica suponía un coste para las jóvenes hembras y si los machos –que se esfuerzan poco en el cortejo con esta acción– en realidad ejercían algún tipo de chantaje o coerción en ellas. Según las observaciones, estas parecían mostrar poco interés en el intercambio porque se lesionaban con más frecuencia e incluso intentaban atacar a los machos como si se resistieran.

Sin embargo, un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Toronto (Canadá), revela ahora que esta estrategia es también beneficiosa para las hembras. “No hay evidencias que sugieran que este comportamiento sea abusivo para las hembras en términos de supervivencia y rendimiento reproductivo”, señala Luciana Baruffaldi, investigadora en la universidad canadiense.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, muestra que las hembras jóvenes que se aparean de esta manera no tienen que buscar a otros compañeros en el futuro. “Esta reproducción temprana puede ser bueno para las hembras porque en la naturaleza corren el riesgo de no encontrar pareja”, subraya Baruffaldi.

La ‘aberrante’ estrategia que beneficia a la especie

El canibalismo se produce incluso mientras tiene lugar el apareamiento entre el macho y la hembra. De hecho, se ha constatado que los machos ayudan activamente a la hembra a ser devorados dando volteretas y colocando su abdomen sobre la boca de esta. Pero esta forma extrema de reproducción tiene sus ventajas.

“Cuando se estudia la ecología evolutiva, tendemos a atribuir las características o los juicios humanos al comportamiento animal que se observa”, dice Maydianne Andrade, coautora del trabajo y experta mundial sobre hábitos de apareamiento de las arañas caníbales.

Sin embargo, realmente lo que hay que pensar es cómo afecta al éxito reproductivo del animal que lo realiza. “Esa es la moneda de cambio evolutiva: lo que se está reproduciendo con el tiempo es la cantidad de copias de genes que quedan en la descendencia”, añade la científica. Esto permitirá que los hijos mantengan los rasgos de sus padres.

La agitada vida social de los murciélagos

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Se consideran murciélagos cavernícolas, aquellas especies que utilizan de forma regular cavidades como refugio diurno aunque sea con baja intensidad
Se consideran murciélagos cavernícolas, aquellas especies que utilizan de forma regular cavidades como refugio diurno aunque sea con baja intensidad

Los murciélagos vampiros pueden apelar al fortalecimiento de sus relaciones sociales para maximizar las posibilidades de supervivencia ante la eventual ausencia de alimento, según un estudio del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), con sede en Panamá.

El instituto explica en un informe que los vampiros, si no consiguen lo suficiente para comer, en poco tiempo pueden morir de hambre. Son sus parientes cercanos y amigos los que usualmente les ayudan a sobrevivir compartiendo sangre.

“El fortalecer las relaciones mediante la alimentación de un posible donante es una manera de aumentar las probabilidades de ser alimentado. Tener un mayor número de donantes potenciales es otra manera de aumentar las probabilidades” de sobrevivir, explica Gerry Carter, investigador de posdoctorado en el STRI y que denomina al fenómeno como “apuesta social”.

De acuerdo con la investigación, “cuando eliminan a un donante de alimentos importante, como una madre o hija, de la red social de un murciélago, las hembras que previamente construyeron más amistades con no familiares (…) logran asegurar más alimento que las hembras de su familia inmediata”.

Carter cuenta que descubrieron “que, en la rara ocasión” en que los murciélagos vampiros “pierden un importante donante de alimentos” les va mucho mejor a aquellos cuya “red social de donantes de alimento es más amplia y robusta” por no estar limitada a sus parientes.

Gerald Wilkinson, coautor de la investigación y profesor de biología en la Universidad de Maryland, precisa que las hembras de la especie “no empiezan a reproducirse hasta los dos años y solo tienen una cría por año, por lo que el número de hembras estrechamente relacionadas tiende a ser bajo”.

Cuatro años de observación

El STRI explica que para entender cómo funciona la “apuesta social” entre estos animales, el equipo de Carter supervisó durante cuatro años las interacciones sociales en una colonia cautiva de unos 30 murciélagos comunes (Desmodus rotundus).

Primero descifraron cómo los murciélagos estaban relacionados basados en sus genes. Carter sacó a las hembras individuales del grupo durante un período de ayuno de 24 horas y, justo antes de devolverlas al grupo, quitó a uno de los principales donantes de alimento, generalmente su madre o hija, tras lo cual observó cómo cada murciélago manejó este cambio en su red social, indicó el STRI.

“No es raro que un murciélago salga a buscar alimento y no consiga comida y no es raro que su pariente más cercano haya cambiado a un guarida diferente esa noche. Estamos recreando una situación que los vampiros pueden enfrentar con bastante frecuencia”, dice Carter.

Damien Farine, coautor del estudio e investigador principal del Instituto Max Planck de Ornitología y de la Universidad de Konstanz en Alemania, indica que “la hipótesis de apuesta social proporciona una nueva dimensión a la forma en que los animales forman y mantienen grupos sociales”.